octubre 19, 2010

Ficción – ...con la próxima Luna llena – 1235 horas

Era una oficina mediana, de un solo ambiente, con cuatro escritorios dispuestos "al mirar" desde la doble puerta de entrada.
Cruzarla era para Jack, entrar a una experiencia abrazadora.
Así lo fue entonces y así lo seguirá siendo, mientras ella habite cualquier espacio que el pueda visitar.

Frente a la entrada, un delicado florero regalaba Rosas.
Rosas grandes, de las frondosas, de las que no se hurtan del jardín de la vecina, sino que deben ser buscadas y reservadas en algún sofisticado vivero de la periferia.
Rosas eran, cada día diferentes, e inundaban el ambiente con su aroma virgen e inconfundible.
Buscadas celosamente por los franceses que administraban la oficina y renovadas cada día para beneplácito tal vez de muchos. 

Silenciosamente Jack lo sentía personal, porque eran el preámbulo del placer que lo esperaba al encontrar sus ojos.

La amó desde el primer momento.

Perdía la consciencia viéndola moverse una y otra vez alrededor de aquellas flores, tratando de mantenerse despierto para contestar sus preguntas en argentino dulce y soñando al respirar su francés angelical.


Aquel día llevaba un pantalón amarillo brillante o naranja tal vez. 
Tela suelta y semitransparente como la de su blusa, que se ajustaba a sus tobillos y cintura, dándole aire extra a su delicada figura.
Jack se animo a invitarla a caminar.
Caminaron.

La calle y otras tantas cosas que jamás se plantearon los llevaron hasta el pequeño departamento que Jack habitaba, como siempre temporalmente; y luego de vuelta a la oficina.
Habría sido lo mismo un parque, la playa o flotar en una alfombra mágica como en las mil y una noches. Eran desconocidos y ambos querían mostrarse, abrirse con inocencia al otro, dejarse conocer, dejarse sentir entre letra y letra, sonrisa y mueca, paso y gesto.

La amó desde el primer momento.

Ella lo llamo "Ángel", Jack solo saboreaba su nombre real.
El no era un Ángel, pero no cabía duda alguna que quien eligió su nombre de princesa al nacer, sabia que le regalaba a este mundo;  y ella al crecer, agrego un par de palabras que le otorgaran la inmensidad que encerraba en su interior.
Sus ojos eran demasiado perfectos para Jack, o mas bien, todo lo que sus ojos tenían por compartir.

Ella marchó, él marchó.
A ella, la vida le entrego sabiduría y le mostró como entregar el caudal dulce de su alma.
A él, lo enfrento consigo mismo en una lucha sin cuartel.
Ella marchó, él marchó, como debía ser.
Ella, vive donde, como y con quienes debe vivir.
El viaja sin descanso buscando su hogar.

La amó desde el primer momento.

Con un amor diferente y único, lleno de admiración, sin carne, sin suspiros, sin besos.
Amor apenas transmitido por abrazos largos en los que el alma se hace una y solo las miradas, permiten separarlas, "por un rato mas".

La amó desde el primer momento
…y la ama, sin mas que esperar el abrazo que tal vez llegue con la próxima luna llena.





2 comentarios:

  1. Hermoso, sensacion espectacular amar desde el primer momento. Que dulce entrada
    ARF

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  2. Muy bonita historia. Ficción pero no muy lejos habrá quien la haya vivido o la viva. Coincidencias. Que Jack tenga muchas lunas llenas, no?

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