marzo 22, 2011

La Involución Masculina - 1613 horas

PROLOGO: Debo disculparme por las palabras altisonantes que florecen en esta entrada. Es que hay cosas, que muy adornadas o académicamente dichas, pierden el sentido real y la gracia. Espero lo disfruten.

Con poca investigación y cero rigor científico, como siempre, me animo a resaltar la dramática forma en que el ser humano se ha adaptado los últimos 30 años, a los cambios constantes que la tecnología ha impreso a su forma de vida.

En la generalidad y acotándonos al mundo occidental donde la mayoría de nosotros nacimos y vivimos (no porque en Oriente sea diferente), el reto de romper paradigmas ha marcado las ultimas 4 o 5 generaciones y el día de hoy, es sorprendente apreciar la forma en que hemos logrado cambiar nuestras conductas y crear otras, tan naturales para nuestros hijos o nietos, carentes totales del bagage “histórico” de los últimos 20 años.

Es fácil encontrar hombres maduros y abuelitos chateando o haciendo videoconferencias en Internet. Profesionales de toda edad contabilizando en aplicaciones web enable. Niños de 3 a 80 años manejando con habilidad cualquier dispositivo móvil que hace tiempo dejo de ser solo un teléfono. Un televisor en cada habitación de la casa, programando grabación de los últimos capítulos de los viejísimos “Simpson” o la inmortal “Bonanza” en los DVR, para no perderse ninguna repetición.

Adaptarse ha sido la clave de sobrevivir, en muchos sentidos para muchos, pero no hemos sido tan buenos en todo.

Dicen las enciclopedias (y para esto si debí informarme) que los primeros “inodoros” (ese aparato que hoy pulula por todos los sanitarios de occidente) fueron inventados en 1956 (aunque existen desde la antigua Roma) como opción a las clásicas “tazas”, que revestían simples agujeros en el piso donde la humanidad depositaba sus desperdicios mas internos.

Aun así, con 50 años de existencia, generalización rápida y formato de uso innegable, el inefable inodoro, no tuvo el mismo suceso dentro de los cambios de paradigma o conductas del ser humano macho, que si tuvieron la computadora, los celulares, Internet o la televisión digital.

Nunca aprendimos a sentarnos en el pobre inodoro, testigo indeseable de la involución masculina.

Miles de veces he reflexionado sobre el tema sin llegar a entenderlo, pero el empezar a encontrarme en los aviones, mi segunda casa, con baños exclusivos para mujeres, ha reflotado el tema en mí y … como todo tema que me ocupa, ha cortado mi sueño y hasta que no lo escribo, no pierde prioridad en mi dedicación intelectual.

Vaya uno a saber porque los hombres no han aprendido, que esa cosa brillante y pulcra que tiene indudable forma de asiento, altura de asiento y que la tecnología cada vez hace mas cómodo, para eso (para sentarse): !! es para sentarse!!!.
Como dice el dicho: “Si camina como pato, tiene patas de pato, plumas de pato y hace “cuac” como un pato, ES PATO”
Me cuesta entender como pueden asumir que SI ES ASIENTO cuando quieren hacer “del 2” (dijeran los mexicanos - defecar en cristiano antiguo) y NO ES ASIENTO, cuando van a hacer “del 1” (entiendase orinar).

Que placer ancestral encontraran los hombres actuales en aquello de mear parados frente al inodoro.

¿Será algo lúdico, ese “niño” que todos llevan dentro, que los lleva a tratar de embocar de lejos, con un instrumento netamente creado para embocar muy de cerca?
¿Será que cuanto mas ruido hacen en los instantes en que embocan sobre el agua, se sienten más “machotes” y audaces?

Talvez algunos hasta sueñan cada vez que van al baño con que un día les crecerá hasta que la puedan recostar contra el borde!!! Señores, eso no pasará!!!
Talvez tiene que ver con esa necesidad de mearles todo el borde y ojala los alrededores a “la vieja” pa´que tenga de que quejarse inmediatamente entre al baño.
Es más, debe haber algo de hombría, de posesión, de “dueño de casa”, en eso de pensar y actuar en torno a llenar de inmundicia todo el baño, cuanto mas posible, como quien piensa “esto es mío y yo meo donde quiero”.

Hasta pienso que debe haber algo de “reacción social”, un matiz sociologico en el acto.
Talvez eso de “mear de arriba”, tiene un paralelismo con aquello de sentirse superior, de ser jefe, de tener a quien mandonear y penalizar debajo.
Les informo caballeros, que el desgraciado inodoro, es una simple pieza de loza sin alma, jamás se sentirá disminuido por sus acciones.

En una de esas es un tema sexual, eso de buscarlo, sacarlo, manosearlo un poco mientras juegan a embocar, sacudirlo después para asegurar una mejor aspersión, provoca una excitación que yo desconozco. Talvez de ahí venga eso de que “!!si lo sacudes mas de tres veces es paja!!”
O talvez tiene que ver con eso intuitivo y animal de marcar el terreno, como hacen el resto de los vertebrados. Tanto que luchamos por diferenciarnos y el hombre macho, busca transformarse cada vez más en un animal, cochino si hubiera que determinar alguno.

La realidad es que a mi no me pasa, entonces no entiendo.

No le vamos a pedir a los muchachos que se recuesten al muro del baño del estadio para hacer “sentaditos”, uno porque por algo no hay un inodoro ahí y otra, porque si se ponen en mala posición, los embocan a ellos.
Tampoco que se sienten en los creativos mingitorios que han sustituido a las asquerosas “canaletas” en los baños públicos (mas allá de que los inodoros japoneses son bastante parecidos a un mingitorio).
Pero en su casa, en la casa de su familia y amigos, o incluso en aquellas casas extrañas donde eventualmente usted valora con supremacía la presencia de un baño, ¿porque mierda no se sienta?

Yo se que soy un tipo raro, también se que no soy el único.

Debe ser aquello de crecer con una Mamá y dos Hermanas mujeres.
Talvez tenga que ver con que afortunadamente siempre he compartido mi vida con mujeres pulcras o talvez pase por aquello de que me molesta el olor a meo, me molesta no poder sentarme en el baño y toda la vida he limpiado mis propios inodoros.

Yo creo que mas bien es parte de mi sentido común, si tienes una silla, te sientas, para eso se hicieron, ¿porque no en un inodoro?
Algunos hasta comen, leen el diario, escuchan un partido de futbol o leen libros eróticos sentados en el inodoro, pero a la hora de mear, NO, a la hora de mear se paran, se contornean el cuerpo y comienzan con el show.

Es sumamente gracioso verlos.

Para ustedes mujeres que solo les toca sufrirlos, les contaré una historia cortita.
Estaba yo en el Hollywood Theatre, si ese mismo, allá en Los Angeles, la meca del cine;  viviendo la experiencia de “Widget”, un musical magistral en dos tiempos que compartiera con mi gran amiga Debbie.

En el intervalo, “la cola” del baño era extensa, pero como todo en Estados Unidos, organizadito y funcional.
Detrás de la pared que separaba los mingitorios del hall, uno a uno, como un dominó, los caballeros iban “liberando posiciones” y ordenadamente otro de la fila la ocupaba en tiempo exactamente aplazado.
Esto habla muy bien del orden americano y es poco gracioso, aunque les aseguro se vive con gran profesionalismo y permite que la vejiga pueda calcular prácticamente al segundo, cuando podrá liberar su contenido.

Lo gracioso es que el hombre tiene dos reacciones espontáneas y casi imposibles de contener al orinar.
La primera, momentos después de “liberar” su cuerpo a la aspersión, es un escalofrío que sube desde el coxis hasta la mitad de la espalda y termina generalmente en un ruido ronco que se escapa por la boca, algo parecido a un ronquido corto, mezclado con un suspiro de placer en la eyaculación y un eruto.
La segunda, una flatulencia, si, un pedo difícil de contener que una vez terminado el acto de orinar, completa el placer del momento.

Yo no se si era porque yo estaba invadido por esa magia del teatro musical hollywoodense, que aquella imagen, tan armónica, de hombres entrando y saliendo de sus posiciones de mingitorio, como teclas de piano que suben y bajan al influjo del concertista, casi danzantes al ritmo de sus ronquidos escalofriantes y sus pedos placenteros, provocó en mi una carcajada continua a la cual todo el mundo atendió con asombro.

¿Que mejor que un baño individual, un cómodo inodoro para sentarse y la privacidad de una puerta, para mear tranquilo, tirarse cuanto pedo se le ocurra y contornearse por el placer de un escalofrío incontenible?

Sigo sin entender.

Lo cierto, es que espero con ansia que evolucionemos, que nos escapemos de las cadenas pesadas que nos atan a tan antigua conducta y aprendamos a sentarnos para orinar.

Porque si eso no pasara, deberé seguir esperando en la cola de un único baño minúsculo en el avión (porque el otro es exclusivo para damas y el tercero solo para primera clase), esforzándome para tomar una buena bocanada de aire y así probar mi resistencia y capacidad de oxigenación, mientras lucho para poner el cubre asientos que luego deberé despegarme del culo, solo porque un Neardenthal macaco cochino, por alguna razón desconocida, meó de parado antes que yo.

2 comentarios:

  1. Muy buena te reflexiòn escatológica.
    Siempre pensè lo mismo, pero al carecer del adminìculo necesario tuve que basarme en meras suposiciones.
    (Entre nos, no conozco una mujer que en algùn momento no haya envidiado esa capacidad maravillosa de desenfundar en cualquier lado)
    No lo pongo en mi muro de FB, solamente por respeto al copyright del autor.

    Besos y buenos augurios para la nueva etapa.
    Patricia

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  2. A ver.... como hacen pis los perros machos?? obvio, levantando la patita, y las hembras????? sentaditas en sus dos patitas posteriores tan sexys ellas!!! creo que en todas las especies hay diferencias y me encanta que existan, yo soy de Venus y tu de Marte, ahí la diferencia.
    Me encantó esta entrada.
    Un beso grande, un beso inmenso.

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