junio 01, 2011

Montevideo – Una razón para creer

Hace años, muchos, muchos años escribía: “hoy me cubro bajo el brazo de los grandes, para poder mañana, cubrirlos a ellos y a los que vendrán”.

Caminaba mis días de “versos de extremo duro”;  adoraba a Baudelaire y Vallejo,  y como encontraba el amor de mi vida en cada esquina, la poesía fluía en mí, contra toda rima asonante o formatos preestablecidos.
Pensaba que si me refugiaba en la melodiosa poesía de siglos atrás, podría lograr mi propio estilo y ser mañana, un referente para nuevos enamoradisos, locos por gritar a los cuatro vientos el fluido exagerado de su corazón.

De la misma forma, en la medida que el mundo me fue revelando sus mañas, las palabras economía y política empezaron a tener indeseado sentido para mi e Ives Montand me demostraba en su versión de la muerte de Kennedy (“I como Icaro”) que algunos pocos crean las alucinaciones que el mundo transforma en realidad; fuí configurando mi temprana versión de enfrentar la vida,  versión que mucho mas tarde se alineó a un socialismo inaplicable.

Vive dentro de la alucinación y se exitoso en la matriz, como única receta para poder algún día, cuando la coyuntura lo permita, destruirla sin piedad.

Es sin duda una filosofía de vida a todas luces contradictoria, que con mucho valor humano, inaceptable sensibilidad y discreta responsabilidad social, he transformado en una práctica minuciosa, por lo menos digna,  que guía cada una de mis acciones y discursos.

Digna porque no toma el camino fácil de la traición y el doble estándar.
Traición intrínseca que la “utilización” encierra.
Te estudio, te entiendo, te exploto y pongo tus frutos en tu contra, pero jamás sigo tus designios, matriz temporal que nos controla.
Doble estándar fácilmente adoptado por tantos, inmersos del lado inmaduro de la humanidad, fácil de escapar para aquel que vive la esencia que empuja a la especie a trascender.

Y para allá voy, en alerta contínua, expectante a cada momento en que el paso pueda ser más grande hacia el buen fin, pero consciente y presente, derramando lo poco que cada momento permita dar, con la certeza de que, si no llegamos al apocalipsis elegido, habremos logrado lo que nos fue posible en el camino.

Así como muchos ven en mi la contradicción del capitalismo tecnológico - talvéz lo mas intangible del modelo actual - en oposición a una dialéctica espiritual y humana: así veo yo ambas caras y me cuesta distinguir, si otros jugadores están de mi lado, sembradores agazapados o son simplemente parte de esa elite, que construye el espejismo.

En ese camino me cruce días atrás con un cartel descolorido, oculto y casi imperceptible para los locales, en una de las principales avenidas de Rio de Janeiro.
Es parte de una nueva campaña de Coca Cola, ese inefable liquido negro que el mundo se empeña en consumir con vicio y que encima, han llevado a creer que es seña de felicidad!!!

Quien más que ellos, desde su liderazgo global, desde su posicionamiento perfecto en la matriz, podrían afectar el pensamiento de cada raza en la dirección correcta.

Hoy el slogan, al que invitan a fieles e infieles a unirse y participar es “Una Razón para Creer” y aquel cartel de la avenida en Rio versaba:

“Mientras la naturaleza aún sufre, 98% de las latas son recicladas en Brasil” Existen razones para creer, los buenos, son mayoría.



Cuando lo leí, talvéz como usted lo hace ahora, pensé: Que bien, que bien, que….bien. Por fin un pueblo latinoamericano, contra todo pronóstico y revirtiendo su realidad histórica, ha aprendido a reciclar, de tal forma que logra estos enormes indicadores estadísticos publicables.
En sus palabras, ¿no piensa lo mismo de ese cartel de coca cola en la avenida de Rio?
Si me dice que no, entonces seguro usted habrá pensado “eso es falso, deberían demandarlos”

Pues sabe que, yo creo que no es falso el mensaje, pero si es falsa la esencia y creo también, que eso es mucho peor.

Si después de recorrer las calles de Rio, tiene tiempo de buscar refugio en la cercana Copacabana, más pronto que rápido, se dará cuenta de la cruel realidad.
Un enorme mercado, orquestado y manipulado, talvéz por la misma marca que nos muestra “razones para creer”, esclaviza con esa dolorosa esclavitud de este siglo XXI, a miles de personas que viven de reciclar latas.


No es una fuente de trabajo.
Lejos está de ser una manera digna de ganarse la vida aunque no incluya el delito, porque tampoco lo excluye de la economía de esta gente.
Lejos aún más está de ser una solución, porque la explotación que genera pobreza y dependencia de vicios,  falta de aseo, aislamiento e incultura, es la peor de las explotaciones.

Y allí van, talvéz los más dignos de los hurgadores, porque revuelven los restos de un turista de clase alta y no la basura nauseabunda de una ciudad atestada, mientras come de sus restos.

Entonces uno, que podría ser uno más de los millones que pasan sin ver aquel cartel ni conocer la orquesta inmensa de millones,  que genera esa campaña global.
Entonces uno, que podría pensar que le hace un favor al alcanzarle la lata al hombre descalzo, de piel curtida y mugrienta, de ropa hedionda y maltrecha, de sudor gratis y de familia múltiple desconocida.
Entonces, entonces uno se pregunta, de qué lado están ellos y como, como diablos puede uno con su peso de hombre simple del sur, demostrar, de qué lado está uno.

1 comentario:

  1. Ojalá quienes articulan ese tipo de hilos tuvieran un minimo de conciencia, no?.
    Ojalá no fuera tan utópico transformar esas esferas.
    Mientras: el diario aporte,la visión-accion adonde estemos, no deja de ser válida...(claro que suele saber a infímo)
    beso,
    cler

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