Creí que nunca más sentiría algo así.
La vida ha sido larga, mis manos se volvieron expertas al
tocar y aquella sensación, siempre esquiva, se volvió un recuerdo idealizado,
un sabor viejo e inigualable, que me invadía a veces con momentos de desazón al
no poder reencontrarlo, pero al mismo tiempo me invitaba siempre a buscarlo, a
probar una vez más, una vez mejor.
Creí que nunca más sentiría algo así. Y llegaste tu.
Y mis manos rozaron las tuyas y mi búsqueda termino, porque
al tocarte, aquel escozor tembloroso se transformó en un listón de seda circundándome
la piel, tejiendo juntos cada poro mío y tuyo, exhalándose en el suspiro
despues de cada roce de tus labios y encapotando mi mirada que absorta se
conecta con la tuya, rendida a un sueño de eternidad.
Porque cuando te toco, tocas de tal forma mi alma, que tu
piel y mi piel se confunden en un mismo cuerpo, uno nuestro, que se mueve con
una armonía que va más allá de nuestra propia intención.
Porque cuando te miro, veo de tal forma tu alma, que la mía
se acongoja y suaviza, rindiéndose en esa ensoñación que creía exclusiva de un
bebe al reconocer los ojos de su madre y que mi cara de adulto no sabe ni
quiere disimular.
Porque cuando te beso, rozo de tal forma tu alma, que la
ternura de mis ojos transmuta en una pasión sabrosa, a veces exquisita, a veces
incesante, a veces transgresora, que encuentra en tus labios el complemento
perfecto para la magia.
Creí que nunca más sentiría algo así, y ahora, desvela mis
días felices la idea de que todo esto que nos atraviesa cuando estamos juntos y
que nos permite vibrar en armonía con todo lo que nos rodea como nunca lo había
vivido, jamás pase a ser un recuerdo idealizado.
Ahora, solo quiero sentirte, así, para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario