Mostrando entradas con la etiqueta Vivencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vivencias. Mostrar todas las entradas

octubre 31, 2021

Guardia Vieja - Sabiond@


Te sientas a la mesa y observas el humeante manjar que se te ofrece, libre, sofisticado, lleno de mundo y especialmente creado para ti.

El aroma te trae momentos felices de tu pasado y te lleva a experiencias aún desconocidas. Deja-vú de una vida por vivir.

Lo llevas a tu boca y los sabores te eclipsan,  tan potentes, tan delicados.
Tus ojos no necesitan ver más, tu oídos solo escuchan el rumor del placer que se desliza por tu pecho y la mano cae abierta, indefensa  sobre la mesa,  para dejar paso inconsciente a tu enorme sonrisa.

Una larga espiración precede a lo que si no fuera tan extenso, sería un suspiro.

 


Te sientas a la mesa y observas el humeante manjar que se te ofrece, libre, sofisticado, lleno de mundo y especialmente creado para ti.


Sabes que la carne de tu plato es de Bongo, el ternero al que Blanquita dio vida el verano pasado, y que la leche de la crema,  fue la que Pocha le sacó a Blanquita antes de que Bongo pudiera mamar. Sabes que Pocho se corto con el cuchillo al carnear a Bongo y que Pocha lloró mientras salaba su carne, talvez hasta con sus lágrimas. Sabes que Pocha y Pocho han tenido una vida sacrificada y que aún cuando le ponen cariño incondicional a todo lo que hacen, están hartos de su supervivencia miserable.
Y no lo sabes porque lo escuchaste en el aire o esta presente en la queja continua, que no existe en Pocha y Pocho. Lo sabes porque quisiste saber, porque sin creer merecer manjares, te metiste a hurtadillas en su hogar para husmear su historia y sus recetas. Porque dentro de la historia de Bongo y Blanquita te esforzarte por conocer especialmente sus privaciones y desgracias, sin detenerte jamás en todo lo bueno que compartieron en su tiempo de vida.
Lo sabes porque no pudiste soportar la tentación de llevarte sus historias y sus secretos a tu casa, y cuando vuelves hurgar,  te confirmas en buscar el defecto y soslayar la virtud de tantos años de Pocha y Pocho regalando manjares  al universo.

Observas el manjar que se te regala y al llevarlo a tu boca, asquerosas nauseas inundan todo tu ser.


El plato es el mismo.
Tu eres sabiond@

...pero pretendes no saber al menos tres cosas, reales e importantes.

- Que ese manjar fue preparado y servido con amor, inspiración y sacrificio, pura y exclusivamente para sorprenderte a ti.

- Que no es la primera vez que tu mente priva a tus sentidos de disfrutar los manjares que alguien mas crea para tu vida.

- Que siempre hay alguien que cierra sus ojos, enmudece sus oídos, deja caer su mano extasiada y despliega una sonrisa espontanea de placer; inspirando a quien crea momentos excepcionales.




septiembre 06, 2021

Palma de Mallorca - Inmunes

      - Lo lamento, de verdad.

          - ¡Si!, ¿verdad?

          - ¡¡No vale la pena!!

El tiempo me ha llevado, sin querer, sin vocación especial, sin profesionalismo detrás más allá de la propia experiencia, a observar las parejas a mi alrededor y confirmar, cada día, en cada momento y en cada lugar, como hemos decaído, nosotros los humanos.

Y no sé si es un tema generacional, talvez siempre fue así;  para mi hemos caído, de mis búsquedas y expectativas, a esta realidad.

Como, estar con el otro, esta tantas veces más asociado a defectos que a virtudes.
Como, se aceptan una cantidad de cosas y se resignan, a vivir en un estado mas precario por estar acompañado.

Confirmado por años, pero aun reincidente, yo, de los que buscan, de los que quieren…de los que quisieron. De los que, siempre pensaron yo puedo revertir esto, por lo menos en mi vida; y he fracasado, rotundamente, muchas veces.

Ayer en el recital de Vanesa, escuche una canción que no conocía “INMUNES”, que habla de como uno abandona sus vínculos, por motivos que nunca esta claro si son o no suficientes. Pero, lo que hace que uno dude, es justamente eso, la existencia del pinche amor, de eso que te une, que te vincula, que te hace sentir mejor, que genera hormonas y enzimas de felicidad, y te hacen sentir diferente.

Lo cierto es, que cuando vas a la absurda realidad, aunque mucha gente dice que “vemos la realidad como somos, no como es”, yo tengo registros completos, muchos, de cómo la realidad, en este caso, es como yo las veo y no como yo soy. Lo único personal, esta en la mirada, en la capacidad y porque no, la búsqueda de ver.

Esta noche cene en El Pesquero, un restaurante recomendado aquí en Mallorca.
Como muchas veces, era el único cenando solo.
A mi alrededor, cuatro parejas y una mesa de cuatro con dos más.
Inevitablemente les dedique tiempo. Por mucho rato me sorprendí y contuve mis ganas de cachetearlos, viéndolos en silencio, sin mirarse, sin compartirse, cada uno en su teléfono. ignorándose unos a otros.

Luego vi como las damas pedían la cuenta y la pagaban, en ese juego de caras, que muchos creerán natural y que acepto, es un defecto mío, no de los caballeros y las damas modernas.
Y vi también, como uno de los muchachos de la mesa de cuatro, hacia alarde de todos sus vicios incomodando a las otras mesas, a los meseros, a su propia mesa y por supuesto a la pequeña que lo acompañaba.

Poco antes de que terminara mi vino, ella se levantó, detrás de ella salió su amiga y los dos chicos quedaron en esa charla fácil de adivinar, que no necesito interpretar para vosotros.
Fortuitamente, al emprender mi viaje de regreso, me encontré a ambas chicas en la vereda. La acompañante a punto de llorar, explicando, gesticulando su dignidad, rogando ayuda a su amiga y no pude evitarlo. Sin parar en mis pasos ni mirarlas mas que para escuchar su respuesta pequeña, le dije:

     - Lo lamento, de verdad.
   
     - ¡Si! ¿Verdad?

Me contesto, con ambas manos abiertas al final de sus brazos extendidos y un rostro que sufría algo que yo sabía, seguiría sufriendo por mucho tiempo.

    - ¡No vale la pena!

Alcance a balbucear mientras giraba mi rostro y continuaba mi camino.

Las cuadras siguientes quise imaginarme el instante después.
Por ratos sonreí solo en medio de la noche pensando en el milagro de haber tocado un alma a tiempo; en otros, adivinaba como esa niña, que podría ser mi hija, talvez tomara una opción menos valiente desperdiciando su tiempo de vida, lo mejor que tiene, en ese fracaso anunciado.

Tal vez no cambie nada, talvez si.

Dice Vanesa en Inmunes: “…la calle me devuelve, con violencia, las parejas…como si se quisieran más”







enero 29, 2018

Un instante mas pequeño que un instante

PROLOGO: La realidad siempre supera a la fantasía.



La tarde de verano no podía ser mejor.

Pensaban salir temprano, el evento del año las esperaba, su dios las reuniría con hermanos y hermanas bautistas en el Campamento Juvenil 2018,  a solo un par de horas de viaje

¡Todos se habian sumado entusiastas!  Ocho serían y la “Corsita” que Jessica consiguió rentada,  encontraría la forma de acomodarlos, unos sobre otros, ¡pero que importa!, ¡juntos al fin!, ¡que mejor!.


Cuando algo fuerte nos une, algo tan fuerte como la fé en el señor, siempre creemos que nada es mejor que todos juntos.

Salieron de San Carlos poco antes de las siete de la tarde;  cargar todo y organizarse para tratar de soportar el viaje de ocho en cuatro asientos los había demorado, pero todos pensaban en “la multiplicación de los panes” y estaban seguros que no solo llegarían, sino que olvidarían toda incomodidad al instante de abrazar a su pastor.

Jessica sonreía como siempre, con los labios y con los ojos;  contagiaba esa alegría y esa fe que poco antes de partir transmitió en su cambio de foto de perfil en Facebook,  con el mensaje: “Tu amor NO es de esté mundo

La ruta estaba limpia, el sol de verano guiaría su rumbo todo el camino,  sin incomodar al menos al inicio. Los comentarios de la partida empezaban lentamente a apagarse con los primeros kilómetros, mientras siete jóvenes mujeres y Mauricio (¡cuando no! ¡bendito tu eres!!) buscaban acomodar sus huesos y carnes que aún no sentían el peso del viaje.

Alessandra hablo en su portuñol gentil mientras Jessica miraba la ruta desierta, una larga línea punteada y blanca demarcaba una recta que llenaba de paz a quien le había tocado la fácil tarea (ese día en que todos iban apilados) de conducirlos a la gloria.

Enfrente, allá lejos, solo otra camioneta, una pick up, asomaba su contorno tirando de una chata vacía.



Al mismo tiempo, Alfredo con sus ropas planchadas y sus adolescentes setenta años, acicalaba su adorado Rolls Royce, que tantas millas y clase le había regalado con su típico volante a la derecha, ¡carro ingles si los hay!, para partir en un viaje corto hacia Piriapolis.

Igual que Jessica, se dirigía hacia el sol, que lentamente emprendía su viaje al ocaso.


Jessica apretó un poco mas el acelerador, la ansiedad por llegar hervía en la sangre y los corazones de esas ocho almas.

En un instante, un instante mas pequeño que un instante, la sonrisa de cuerpo entero de “la Jeca” se apago al influjo de una pequeña explosión y el rasgar en el aire de una espada blandida por un destino inexplicable.


¿Cuanto tiempo dura el cruce de dos autos en una ruta nacional, en medio de una recta vacía?
¿Da ese tiempo acaso para que Jessica pueda ver los ojos de Carlos o su gesto consternado al momento en que su Ford comienza a dar vueltas sin explicación alguna?

En un instante, un instante mas pequeño que un instante, el neumático delantero del Corsita no soporto la algarabía de aquellos ocho jóvenes que marchaban convencidos en la busca de su señor.

Pudo ser un instante antes de que aquella solitaria Pick Up Ford Ranger se cruzara con el Corsita. También pudo ser un instante después y en cualquier caso, el amplio descanso de cesped de las rutas uruguayas habría abrigado la vida de ocho almas asustadas, pero palpitantes.


Pudo ser el instante exacto en que aquella Ford Ranger se cruzara con el Corsita, pero no lo fué y nunca sabremos si por bien o por mal.

Fue un instante, un instante mas pequeño que un instante, el que salvó a Carlos y su acompañante en la Ford Ranger, aquella pick up que se contorsiono, cuando en ese instante mas pequeño que un instante, el neumático del Corsita exhaló su último suspiro y envió la sonrisa de Jessica directo a la chata adosada al pick up. Una simple zorra vacía, una plancha horizontal de acero con dos ruedas, un artefacto inanimado que requiere de la fuerza de otro para moverse vertiginosamente;  igual que una espada requiere el pulso del guerrero o un hacha el desdén de un verdugo.

Solo uno de los ocho, respiró unas horas mas hasta unirse con sus siete compañeros de viaje.

En los ojos de Jessica, quedo el corte limpio, fácil, fugaz, que la zorra infringió al parante del parabrisas antes de llegar a su cuello.

Los otros siete, posiblemente no llegaron a ver nada, solo pasaron de su camino a la gloria, a la gloria misma; o al menos eso me gusta pensar a mi que falto de fe, miro las luces de bomberos y policías amontonadas en la Ruta 9, cuando recién llegado de Santiago de Chile y sin mas ganas que el amor por mi ahijada, trataba de llegar a San Carlos para compartir nuestras interminables charlas.

“El pastor Gabriel Irigaray, referente de Beraca en Maldonado, dijo que “hay cosas que no tienen explicación. Que llegan a nuestra vida y el cielo hace silencio. Pero seguimos creyendo que Dios es fiel y que su voluntad excede nuestra mente finita”.



Alfredo no supo nada de esto cuando su coche cruzó al carril contrario, Jessica 
nunca llego a la ruta 37 por donde aquel Rolls Royce remontaba galante la “Zanja del Encanto”. 
Pero Alexis y Manuel que volvían de trabajar a su Pan de Azúcar, a “la ciudad de la luz” como burlonamente se ha comparado ese pueblo con el Paris inmortal; debieron haberse encontrado con Jessica, Virginia, Leticia, Alessandra, Vanesa , Mauricio, y otro cuerpo mutilado aún sin nombre y todos, todos deben estarse mirando perplejos, tratando de explicarse porque están allí, porque ya no están aquí, si solo se dirigían al fin, hacia la luz.


“Irigaray (que no tenia en su iglesia a Alexis y Manuel) remarcó que el sábado (ayer) “partieron con el Señor ocho personas muy queridas por nosotros. Sabemos que están en un lugar mejor y más felices que nosotros”,

Fue un instante, un instante mas pequeño que un instante, un instante que llega muy a nuestro pesar, exactamente a su tiempo, ni un instante antes, ni uno después.




EPILOGO: Por supuesto no trato de ofender a nadie, ni me aprovecho de la fatalidad de los demás. Estos dos accidentes, entre otros que ocurren a diario en todo el planeta, sucedieron ayer a pocos kilometros de mi y trate de ser objetivo al contarlos, citando fuentes de prensa. 
La liviandad de la vida, la impotencia suprema, el pequeño miedo que me carcome al pensar que en cualquier momento puedo dejar a quienes amo, es lo que me lleva a escribir estas palabras. 

febrero 14, 2016

Antonio: ¡Cosas de dios! en una mano 5 dedos y en la otra 3 y 2

¡Qué bueno llegar a tus años Antonio! cuando las miradas que nos dicen "pobre viejo" no lastiman y los aplausos, incluso los sinceros, no ensanchan el ego, solo acarician el alma.

¡Qué bueno llegar así! con una cuota de inocencia que se llega a escapar por los ojos cuando no los ocupa la picardía, con tantas preguntas como cuando eras mozo, seguro de todo ‎lo que sale de tus manos y lleno de dudas sobre lo que mueven las manos de los demás. 
Y aun así, sonriendo, incrédulo sobre "que les puede pasar"

¡Qué bueno sentarme a tu mesa! esforzarme sin siquiera alcanzarte en tu ritmo de prosa, rebosante de la sabiduría más pura: la que se suda por los poros de la piel curtida pero suave por haber sido amada y se amasa en las manos gruesas del que supo empujar sin olvidar persistentemente acariciar.



Pusiste tu tinto en mi copa, tus gambas en mi plato y tu mano en la mía, mirándome por sobre los espijuelos pequeños para guiñarme un ojo y confirmar:  ¡nos vemos el jueves!.

Me llevaste a tu guarida de turno, me compartiste tus secretos y me pagaste un canario reluciente en vaso de tosco cristal.
Sonreímos, escuchamos, compartimos y hasta lagrimeamos por unos segundos.

¡Qué bueno seguir sintiendo Antonio, aunque duela!
¡Qué bueno a pesar de todo,  seguirnos preguntando que hicimos mal y que bien,  por qué no! esa rebeldía insoslayable que sigue haciéndonos temblar las rodillas,  rodillas que solo se aquietan al influjo de las manos firmes, que no las dejan salir a pelear una pelea más, una más aunque sea para parar el tiempo, para volver atrás, limpiar lo que sea que nos quedó empolvado en nuestras almas de padre y volver para que todo lo que no hicieron bien nuestros hijos, vuelva a brillar.

Qué bueno encontrarte, que bueno saber que estas allá y que cuando vuelva a la madre patria, tu aprenderás truco y yo Sarangollo, nos marearemos entre canarios y verdejos y pensaremos: ¡pobrecitos!, cuando nos miren extrañados al girar nuestras manos de hombre en el aire y te siga al decir " Cosas de dios...en una mano 5 dedos...y en la otra, 3 y 2"


julio 30, 2015

Oceanside Midnight

La piscina esta desierta, el jacuzzi apagado.

Algún soñador del directorio decidió que todo se puede usar hasta medianoche, tal vez esperaba mi llegada, tal vez solo espera que alguien cumpla los sueños que él, o ella,  no cumplió

Alguien llega por el acceso del Sur.


Dos personas,  tal vez una pareja.
‎Llegan a las gradas y vuelven hasta la puerta automática, una de ellas.

Tal vez la más curiosa, la más cuidadosa, la más miedosa. Tal vez.
Como no hago nada más que navegar mis pensamientos que tratan de explicarme qué diablos hago aquí y porque no estoy allí, allá o más allá, detecto cualquier movimiento a mi alrededor.

Finalmente vienen,  dos, tal vez una pareja.
Marchan como soldados‎, paso firme,  decidido y enfocado, inusual para las once de la noche en la piscina de una torre de playa en Miami Beach. Marchan.
Me consterna verlos parar con los pies muy juntos, justo unos centímetros antes del agua, ambos, juntos, erectos, con el mentón pegado al cuello, mirando el agua.
Parecen hablar, están a metros de mí, pero están solos.

Él tiene el pelo muy corto, un mechón muy enrrulado cae por delante de sus dos orejas emulando los dos cordones blancos que cuelgan del lado derecho de su cintura.
Una semiesfera negra cubre lo que en otros es la primer pelada y en el inexorablemente lo será, si ya no lo es
Ambos cubren de negro su cabeza, de blanco su torso y de negro sus piernas.
Supongo no les importa con que lo cubren, eso parece.

Giran sus cuerpos y enfilan directo y sin pausa hacia el jacuzzi.
Suben los tres escalones, el respinga la nariz mientras acerca sus anteojos trasparentes y pequeños, detrás de los cuales se pueden adivinar ojos claros,  al selector de encendido, por supuesto no lo enciende.
Ella me demuestra que es quien marca el paso, el de ambos, enfilando hacia la esquina opuesta, para mirar hacia el lado del mar, donde nada se ve porque está lleno de lindos árboles que a la medianoche son solo sombras;  ambos miran.
Parecen hablar.

Bien formaditos enfilan la escalera en bajada y a solo dos escasos metros de mi pecho desnudo, ella vuelve a dirigir la barca y se vuelca a la izquierda.
Con una sonrisa que no pueden ver en mis labios,  adivino que él jamás me vio y trato de explicarme como alguien puede seguir tan ciegamente los pasos de otro.
En lugar de pasar frente a mí, giran alrededor de la piscina.
A él no se le mueve ninguno de sus rulos. La luz azul reflejada por el agua me deja ver los dientes de ella, que sin dejar de comentarle sobre mi presencia sonríen nerviosos.
Imagino como una suave y poco habitual corriente eléctrica sube de sus tobillos hasta su entrepierna por debajo de la larguísima falda negra.
Yo imagino, tal vez no ocurre.
Los humanos que conozco no reaccionan así, no mantienen un paso firme e irrevocable y un cuello erguido que sostiene una cara impávida ante un semidesnudo medianochero aparecido de sorpresa.

Se paran frente a la escalera que da a la playa, los ilumina el letrero de EXIT. 
Dentro de mí,  sueño que los penetre esa luz roja y los despierte a sacudones en un EXIT a ‎ fuerzas, inexpugnable
Pegan el mentón al esternón, parece que hablan y giran su cuerpo para renovar la marcha.

Por un momento dudan‎ y yo sonrío.
Sera que todo lo que pasa en mí,  llega a ellos,  y por un segundo les impido ser ellos mismos?
Sera que deben evaluar si no será dañino volver a pasar delante de mí y perderse por la misma puerta que entraron?
Sera que presienten lo que estoy pensando escribir y al encontrar la coincidencia con la voz que desde su interior los martiriza cuando no deben rezar, deciden huir?
Sera que huyen? Sera que no saben o saben más , y todo esto solo vive en mi mente ociosa de piscina nocturna.
Tal vez nunca lo sabré, se escurren por el acceso del norte.

Ella lleva zapatitos verdes fluorescentes, chatitos, pero brillantes.
Como sus dientes nerviosos que al verme tumbado semidesnudo en la reposera, no pudieron evitar iluminar su rostro.
Pero todo eso son ideas mías, menos los zapatitos verdes fluorescentes.

El ser humano, el que conozco y el que no, se revela en los detalles más pequeños.



enero 28, 2015

Miami - Gerente de Iluminación & Logística

Hoy “el Moris” me invito a ser parte de su Banda!
De su nueva banda!
Y a mi que soy tan así, tan soñador;  y que estoy acostumbrado a empezar todo bien de abajo, pues , que les digo, se me llenaron de lagrimitas los ojos.


Yo le bromee que le llevaba una pista de “primerola” para cantarle un “buen mosaico” como el octogenario cubano de la otra noche en el asilo anexo al Casino City Magic,  y a él se le escapó.
Aquello de tirar verde para recoger maduro…y como el Moris es más joven, cayó redondito.


Cuando leí en mi Smartphone Next Generation, a través de estos sistemas de mensajería que ponen en línea y al alcance de una tecla a cualquier ser humano o similar,  de cualquier parte del mundo:  “…el opening que tenemos es de gerente de iluminación y logística”, se me nublo la vista.
Me acorde de Mike Wasowsky cuando pasan la propaganda en la Tele durante Monster Inc  y es cubierto por la M gigante de M Inc.. Tras la sombría mirada apenada de “Soli”, el grita exitado “..no lo puedo creeeer…sali en Te le vi sión!”




Imaginan! Yo que solo canto en el auto, en la ducha, en la calle, en la casa, en la playa,  en la montaña, mientras cocino y solo por respeto no mientras “morfo”, tengo la oportunidad de ser “gerente de iluminación y logística” en la Nueva Banda del Moris!!
No es increíble? 


Es que yo nunca conocí o estuve tan cerca de alguien tan famoso!
El cantaba en el OTI de la Canción por su País, a la mismísima edad que yo era padre por primera vez!!
Salió en Tele - y no como Mike Wasowsky - grabo CD, filmo videos….y yo puedo ser su “Gerente de Iluminación y Logística”.


Cuando lo leí en la reluciente pantalla, me traslade a mi niñez, casi mi adolescencia, aquel tiempo en que empezaron todos mis sueños.
Uno de ellos había sido ser “Gerente de iluminación y logística” y vaya que practiqué para lograrlo.


¡ Cómo uno jamás imagina para que nos servirá o cuando nos vendrá bien aquello que alguna vez aprendimos, casi sin querer y que después de un tiempo pareció casi inútil ¡

Cuando tenía once años, fuí uno de los alumnos ejemplares del curso de Electricidad que caprichosamente los milicos de mi país habían puesto entre Educación Moral y Cívica y Cerámica en el Liceo de San Carlos.
Se me daba eso de los cablecitos, el adivinar los positivos y negativos – otra de las grandes enseñanzas de mi vida – el usar destornilladores y conectar en serie o en paralelo – que me ayudaría tanto en el futuro.


...y como era tan “guenazo” con la corriente sin que me cagara a patadas, pues me encargaba de las luces en una discoteca que tuvimos.
En aquellos tiempos, donde todavía me faltaban 4 o 5 años para trabajar en la Radio del pueblo – suceso que ni imaginaba para entonces – contratar a Baby Discoteque para un baile de recaudación de monedas para poder tomarse un bondi a Punta a fin de año, era un imposible financiero y ni que hablar al famosísimo Lulo o Arthur Martin (noooo, el del auto es Aston Martin y nunca llego ni llegara ninguno de esos a San Carlos).

Así que con los “mucha!” como dirían en Guatemala, pinchábamos discos (tampoco conocía esa expresión allá en el Barrio de las Ranas),  y yo era el “Gerente de Iluminación y Logística”.


Siempre grandote para mi generación y siempre voluntarioso – era el único que trabajaba a esa edad – cargaba cuanta caja había para subirla al segundo piso de la Sociedad Unión o el Club Oriental, con el mismo apuro inexplicable e ilógico con el que hoy persigo la tecnología, paso de un aeropuerto a otro alrededor del mundo y manejo por las calles de tres continentes.

Ese apuro por hacer rápido las cosas que no se disfrutan, así queda más tiempo para las disfrutables.


E allí mi puesto de Gerente de Logística!, que hoy después de haberme especializado en Supply Chain,  Warehouse Management  y Route Management ,  ya seéque significa lo mismo que cargar, descargar, acomodar y desacomodar cosas.


Y el de Gerente de Iluminación, era el que me venía de mi musculo cerebral, de la sinapsis virtuosa que me tiene aquí sentado en Miami, escribiéndoles esta historia y reflexionando como fue que en aquella época, ni siquiera me pagaban una moneda, cuando debieron pagarme por dos puestos de Gerencia muy bien logrados en Objetivos y Competencias.

 Así que cuando miraba el Smartphone,  recordé las latas de aceite o duraznos en almíbar que pintábamos de negro y a las que les pegábamos papel “celofan” de colores del lado abierto, para que al salir la luz de la lamparita que estrategicamente metíamos en un porta lámpara por atrás, lograra efectos electrizantes en la oscura pista de baile.

Y recordé también las “tiradas” de alambre de 0,75 que trenzábamos atando una punta de algún poste  y torneábamos desde  la otra con un taladro de mano.

Y como olvidar, los tableros de llaves marrones, sensuales como bubis con su pezón siempre erecto, para arriba o para abajo.
Talvez por eso, inconscientemente, era yo tan hábil prendiendo y apagando estratégicamente las llaves al ritmo de la música, tratando de que los “Crick crack” no taparan el sonido que los LP (long play vió) largaban de las bandejas tocadiscos a 33 revoluciones.

Eran verdaderas obras de ingeniería, que nunca sobrevivían de una fiesta a otra.
Jamás tomábamos en cuenta lo que terminaría pesando aquella tabla de dibujo, que estrategicamente solo agujereábamos de un lado, después de echarle tanta llave de baquelita encima, tantos tornillos para sostener cada cosa y tanta grapa para asegurar los alambres  negros y rojos, perfectamente doblados,  que nos libraban de no morir “pegados” en el intento.

Cuando la fiesta era chica, solo se sacrificaba una tabla de dibujo, pero cuando la joda era grande, pues había que completar el “panel de mando” duplicando tablas y generando circuitos paralelos, contratando algún “supervisor de iluminación” o en su caso un “operario de iluminación” (porque el Gerente era yo!) para que tratara de igualar la velocidad de mis manos, haciendo que las latas repartidas alrededor de la pista, envolvieran en sus tonos verdes, rojos, azules y un amarillo que no engañaba a nadie, a todos los bailarines quebradizos al ritmo del breakdance.

No es que sea tan viejo, solo tengo 43.
Lo que pasa es que viví mucho, muy rápido y tengo la fortuna de no olvidarlo.
Además soy de la generación bisagra, de la que sabe todo lo que sabían nuestros abuelos aunque a mí nunca me contaron nada,  y todo lo que saben nuestros hijos (que poco cuesta en realidad).


Esa mezcla de escalofrío y excitación que nos deja el “deja vú”,  al ver el pasado pasearse por tu futuro, fue la que me provoco “el Moris”, cuando me invito a ser parte de su banda y la remato cuando escribió “…hasta el handyman puede resultar cantando en mi banda”.

Pero todo deja vú pasa, como pasa todo escalofrío y como se lleva un suspiro o un grito la excitación más profunda.
Y ahora, que vuelco las últimas gotas del semen de mis sueños en estas palabras, me rindo a la cruda realidad y acepto que como Director Ejecutivo, ya no puedo aceptar un puesto de Gerente.
Además…donde diablos voy a conseguir un taladro manual en Miami.




julio 21, 2014

Miami - El ecosistema Oceanside Plaza

Con la llegada del sol a su cenit, las especies implantadas en Oceanside Plaza,  empiezan a cruzar las puertas que los sacan de sus intimidades y entre otras tantas cosas, los enfrentan  inconscientes e indefensos,  a mi ojo crítico, lengua venenosa y tiempo resignado al ocio de un nuevo fin de semana en mi nueva vida Miamense.
 
Hace unos minutos éramos cinco en la piscina, cinco representantes de un ecosistema más cosmopolita y en muchos casos auténticamente cruel, que el de Nueva York o Londres.
 
Inamovible del agua,  reposa lento un abuelo de raíces mexicanas, fácilmente detectables en su poblado bigote ya blanco y su "playera" blanca. Esa manía tan típica de tierras aztecas de meterse vestidos a la playa o la piscina.
Por fortuna, el buen hombre, no bajo con pantalones de vestir, musculosa de rejilla y los zapatos asignados para salir de fiesta, imagen habitual de los bañistas en  la rivera Acapulqueña.
Evolución seguramente norteamericana, donde se habrá partido el lomo sus últimos años de juventud,  que lo lleva a la cambiar la indumentaria autóctona por las "Wet T Shirt" .
 
Un sujeto con corte de Daddy Yanqui pero sin su fama ni su plata para disculparlo, arribó minutos atrás.
Complementaba su facha regetonera,  con una fina cadenita y medalla de oro al cuello, que imagino tiene grabado "handosme man".  Un tatuaje de una rara especie de cruz, desproporcionado e infeliz, encontró lugar en un momento de inconsciencia en la parte más gorda (léase gorda no musculosa) de su brazo y unos lentes que tal vez serían adecuados sobre una bicicleta de carrera, naranjas flúo y negros, cubren sus ojos para que todos nos preguntemos ansiosamente que estará mirando el terrible divo.
Nadaba cual si fuera la reencarnación regordeta de Michael Phelps, cambiando de estilo mientras se sostiene sus lentes naranjas que no lo abandonan en sus momentos exiguos de ejercicio.
 
A este escenario me sumo yo,  como el idiota ausente pegado a su teléfono (porque desde él les escribo), con el agravante de  parecer un Argentino soberbio pon mi mate a la izquierda mi mirada inquisidora y mi boca inmóvil como si se guardará todo su veneno “padentro”  (ni siquiera adivinan que el veneno me sale por los dedos!)
 
Completan la figura de los cinco, una pareja de costumbres bien arraigadas que llega sin poder pasar inadvertida a la piscina y desaparecerá luego sin que nadie  se dé cuenta.
Si tuviera que definirlos diría que son hermanos gemelos, que simplificando su vida y dándole valor a la elección genética que los puso en un mismo cigoto, han optado por hacer su vida juntos.
Son esa gente espigada y escurrida, sin bultos de ninguna naturaleza, como si hubiesen sido planchados por un demoniaco sastre cada mañana durante sus 50 años.
Visten siempre en tonalidades que van del negro al azul oscuro,  pasando por la gama del gris oscuro y el negro o el azul gastado y descolorido.
Solo se les puede ver alguna porción de sus pies, sus manos y una sonrisa tan blanca como su piel, que se prodigan continuamente.
Seguro estoy de que allá en su mundo,  ellos son muy felices y que hacer las compras, les resulta algo extremadamente simple.
Siempre calzan pantalones largos, ambos, que describiría como un viejo pijamas y unas playeras de estilo surfista añejadas, donde se logra distinguir, a veces, algún vivo azul brillante para él o fucsia para ella.
Sendos sombreros de pesca, de esos de lona y  ala ancha para evitar que les llegue el sol y sobre su rostro apenas visible y extremadamente blanco por algún protector grado 200 de origen natural, llevan lentes oscuros que jamás de quitan.
Flacos como quien trata de promover la vida naturista, escurridos por el planchado de cada mañana o por nunca haber tratado con ejercicio o cariño la poca carne que llevan en los huesos y vestidos de pies a cabeza en idéntico tono, se procuran sonrisas y mimos discretos por unos minutos dentro de la piscina, antes de desaparecer.
 
Mientras escribo, el panorama de agita.
Los gringos con sus mujeres extremadamente rubias empiezan a llenar el paisaje con sus panzas blancas y rosadas.
 
Los "centroamericanos caribeños" (como empiezo a llamarlos) llenan el aire del "l" con sus chillonas voces que nunca entenderé porque hablan ese español mezclado con chino, y sus panzas crónicamente bronceadas.
 
Al asiento de siempre muy cerca de mí, llega un gringo maduro que no fue parido, sino tejido por su madre,  dada la cantidad de pelo que tiene en su cuerpo.
 
Hoy, me saluda, aunque me mira con cara de no te entiendo, mientas después de ordenar su bolsito de siempre, extender obsesivamente su toalla y sacar el termo Aladin ochentero donde trae algo para tomar, se dirige a su rincón de siempre en la piscina.
 
Para cuando termine de escribir y me meta desesperado al agua para saciar el calor insoportable de este Sábado en Miami, él saldrá de la piscina a buscar su gorra, la de siempre, para evitar que el sol le achicharre la pelada.
 
Un cowboy australiano quiebra la monotonía, sin más indumentaria que un duro sobrero vaquero de alas dobladas y una zunga naranja con dos líneas, una roja y otra azul a los costados. Cuelga de su mano un bolso de playa que podría ser  Louis Vuitton y me cuesta no imaginármelo con botas mexicanas mientras avanza por el costado de la piscina.
Invirtió sus más de cincuenta años en comer sano, hacer ejercicios cardiovasculares y broncearse, con lo cual, la figura a la que solo le faltan las ansiadas botas y una tremenda cuchilla al estilo  Cocodrilo Dandee en la cintura para terminar de ser una estrella de Hollywood,  acapara la atención de todos antes de perderse por la escalera que da a la playa.
 
Empaco mi lengua bífida alejándola de mis dedos, enredo la toalla en mi cuello para disimular la panza, meto el termo en ese espacio especial que los uruguayos tenemos bajo el brazo izquierdo para cargarlo en toda ocasión y mate en mano, me vuelvo a mi piso, para cambiar la energía de esta piscina que tanto me divierte estos primeros días en tierras Norteamericanas.
 
 

febrero 26, 2014

Dos lados de la misma cama

PRÓLOGO: Creo en aquellos que dicen que las casualidades no existen. Mi última publicación fue el 31 de Diciembre despidiendo un 2013 excelente y preparándome para este 2014 lleno de desafíos, republicaba una versión corregida de una vieja entrada: La verdad.
Al igual que "La Verdad", "La Razón" o "La Realidad",  son definiciones tan subjetivas, tanto como humanos hay y como momentos en las que estos las definen.
Un evento hoy es real, verdad o esta lleno de razón para uno y mañana es inaceptable para la misma persona. Mucho mas si contraponemos a dos seres y mas aun si lo extrapolamos a la raza.
En ese definir que "verdad es real" o que "realidad es verdadera", los humanos jugamos un juego para el que venimos completamente pertrechados con herramientas que nos han enseñado a no usar y usamos las herramientas que no sirven para cumplir buena y socialmente con el precepto de que nada es perfecto y sería locamente peligroso que lo fuera.
Pero dentro, en ese interior que nos cuesta escuchar y que no podemos acallar por siempre, todos y cada uno, sabemos con absoluta certeza que es verdad y que es real....y coincidimos.

DE SU LADO DE LA CAMA

Lo miró anonadada, incrédula.
Pareció solo un instante el que se distrajo en sus pensamientos.
Había notado el cambio habitual en su respiración, ese que después de sus largas secciones de sexo abría la puerta de los sueños y allí lo tenía, inmóvil a su lado, casi levitante en aquella posición de momia egipcia en la que asumía el paso de una realidad a la otra, de un sueño a otro, con una paz desproporcionada.
Lo miró anonadada, incrédula.
Todavía repicaban en sus oídos las últimas palabras reiteradas, esas que solían salir de su boca de padre, siempre advirtiendo lo que nadie tiene ganas de que le adviertan, siempre previendo lo que nadie quiere prever.
Dormía.
En un segundo, en un instante indefinible se había marchado de su lado.
Un instante tan diminuto que no alcanzo a borrarse la sonrisa de sus labios.
Si, allí estaba, dormía sonriendo y ella no lo acreditaba.
¿Se reía de ella? Si, por supuesto.  Se burlaba.  De sus ganas, de sus necesidades, de todo lo que a ella le importaba. Hasta dormido se mofaba.
La había dejado sola allí, en el momento más inoportuno, como lo había hecho tantas veces. Ahora,  al verlo allí, levitando, cabalgando sus sueños con una sonrisa, le venían desde algún rincón profundo los recuerdos funestos del Camarote del Crucero en el Egeo, de aquel antiguo hotel en Venecia, de las calles desganadas en Paris , de las tardes en Punta del Este frente al Rio de la Plata, del restaurante de Chicharrones de camino a Humnalye, del Mosquito Beach en la Riviera Maya, del desaire en el El Convento, de algún que otro paseo por Miami, de la cena en el Naples Handsome Harrris y tantas, tantas otras veces en Antigua y Guatemala.
Siempre lo hacía, siempre se burlaba de ella, siempre pasaba.
Todo era “cuando él quería y como él quería”, nunca como y cuando ella lo esperaba.
Se burlaba… y la rechazaba.

Nada le importaba de sus ganas y voluntades, nunca atendía sus insatisfacciones.
¿Para que la había llevado a ese otro mundo?, ¿para que la sacaba de su casa y de su vida de los últimos cuarenta años? , si nada le importaba. Si era capaz de abandonarla, de rechazarla, de marcharse así en busca de sus sueños, sin decir palabra, sonriendo, burlándose y dejándola sola, ganosa y despechada.

¿Tal vez porque estoy gorda? pensaba. ¡Pero si no soy gorda! solo rozagante y amorosita - se contestaba.
- Llevo dos años de gimnasio, miles de “lunes de manzana”, todo por él, para él y como lo paga, durmiéndose. No me desea, no tiene mis mismas ganas.
¿Porque no me desea? ¡Seguro alguna otra tendrá! Se preguntaba … y una voz que venía del mismo rincón oscuro donde arremolinaban los recuerdos previos, le contestaba.
- ¡Siempre fue turbio!  No otra, ¡otras, muchas otras tendrá!;  por eso se duerme, por eso siempre me hace lo mismo, por eso me rechaza.
Sus ojos brillaban en la penumbra.
Detrás de esa voz que todo le respondía, aún le parecía escuchar las palabras por él reiteradas.
Toda ella hervía de querer rechazado y de rabia.
Y a él, nada le importaba.
Le daban ganas de golpearlo y al apretar sus puños noto que sus manos se pegoteaban.
¡Qué asco aquellas manos nerviosas y azucaradas!,  demasiado limpias para golpearlo como se merecía, demasiado dulces para disfrutarlas.

DE MI LADO DE LA CAMA

Había sido un largo día, otro largo día delos que acostumbraba vivir, de los que sin planear buscaba y encontraba.
El había amanecido muy temprano, cargado oportunamente un lindo coche convertible que rentaba y había dado espalda a la rosa de los vientos para premiarla. Ella se lo merecía y él lo disfrutaba;  y con una sonrisa de esas que son fiel testigo de la felicidad del alma, se había entregado a sus sueños a la medianoche de aquel día que lo acunaba a orillas de una isla bañada por la danza armónica del Caribe y las aguas Atlánticas.
Planeo rizarle el pelo con los aires del mar, y relajarla de un par de meses de tensión, de cuidados e insomnio, enfrentados con la entereza y el amor que solo ella era capaz de entregar, a su Madre, a su familia y a todos quienes incondicionalmente la amaban. Así que en un “rapto con permiso” puso rumbo al sur, desde la populosa Miami hasta Key West, siguiendo la ruta que Flager le tejiera al Ferrocarril del Mar cien años atrás. Una ruta desconocida que descubrirían juntos, misturada de casas multicolores, islotes de verde intenso y aguas tornasoladas.

Habían parado para unas primeras fotos en Bahía Pelicano y se habían llevado refrescante agua. Se dejaron sorprender por Annie’s Beach,  sus camineros de madera y sus escalas, salpicadas de rincones desiertos de playa semisalvaje y sombras esmeralda.
Trescientos kilómetros disfrutados de charla,  y el mimo impagable que amaba entregarle cuando por algunos minutos, ella se dejaba ir llevándose la realidad a sus sueños, cambiando de sentido la mirada.

Key West los había recibido con un sol imprevisto y agonizante.
Apenas dio tiempo para recorrer la Marina, rifarse un café con ganas y hacerse lugar entre la muchedumbre, los artistas callejeros y las alborotadas gaviotas  que entre yates y veleros, esperaban la puesta deseada.
El sol agonizo despacio detrás de Tank Island y esa mezcla de rosa y dorado que solo el crepúsculo sabe componer, los encontró abrazados, mezclando sus propios suspiros con los de todos quienes miraban, grabando el momento, otro más, para revivirlo siempre que desearan.

Ya sin sol, cuando las luces de la tarde sirven de testigo a los amantes, habían huido sin necesidad pero con ganas, para esconderse juntos en la habitación.
El aire se respiraba exitante en el camino, los pasos hablaban de picardía solapada y las manos guardaban discreción por los pasillos mientras la puerta se acercaba.
La ropa,  no llego a la cama.
Entre los últimos rayos o las primeras sombras que esquivando las palmas se colaban por el balcón, la vio pasar del querer a la pasión y la rabia.
Adoraba escucharla repetir ese “no,no,no” que más que frenarlo lo empujaba, ese “que me estás haciendo” de cuando algo nuevo se inauguraba y ver sus manos temblorosas querer apretar algo más firme que las sabanas o la almohada que bajo su cadera, conspiraba.
Sus pies casi lo ahorcan a ambos lados del cuello, cuando de pie frente a la cama, él invitó a las últimas estocadas.
Era esa cara de dolor que no dolía, esas palabras inconscientemente escapadas, ese apretar las rodillas y ese explotar con los ojos cerrados y las mandíbulas trabadas lo que de ella en aquel momento,  él más adoraba.
Sentía que cumplía una misión universal al gozarla, su misión, la que siempre lo esperaba,  y al influjo de la eyaculación contenida, demorada, empezaba a permitir que sus propias rodillas flaquearan, para dejarse caer junto a ella y sin dejar de mirarla, abrazarla.

Dió la noche para caminar Duval Street, reconocer sexagenarios energéticos pululando en un ambiente mágicamente sumergido en un tiempo antiguo e inmortal.
La mezcla sureña de casas señoriales y el toque de su antepasado y proximidad cubana.
Remontando la calle barullenta, se dejaron tentar por Kilwins, y sin saber que luego encontrarían un local en cada esquina de la Florida, llenaron bolsas de papel con amenazantes trozos de chocolate, garabateados por caramelo y cubiertos por Nueces y Castañas.
Por las dudas y “para el postre y para mañana”, evitaron abstenerse de elegir un par de esas típicas galletotas adictivas salpicadas por cacahuates y chispas de chocolate recién horneadas.

Con las manos llenas encontraron una mesa al aire libre en la esquina de Angela Street y disfrutaron de una cena frugal que se llevaron a pasear hacia el Caribe, misturándola con aromas de Burberrys, Yves Sain Laurent y Prada que pescaron a buen precio a la pasada.
Una melodía de blues los  acompañó la última calle hasta la puerta del Westin Marina, desde un bar oscuro en una segunda planta.
Pensaron llegar y tal vez salir, pero definieron mimarse, revisar las fotos del día y planear para mañana.
Se liberaron de sus ropas y pasadas las diez de la noche, él le recomendó: - no tomes café negro y comas tantos dulces a esta hora…no es apropiada.
Pero con sonrisa pícara y a mordidas desproporcionadamente obligadas, tuvieron que probar los tesoros de Kilwins, todas sus variedades, “aunque la panza reventara”.
Repetía por enésima vez “no tomes tanto café negro y comas tantos dulces a esta hora, no es apropiada” cuando lo sorprendió el sueño y a falta del brillo en su mirada entornada, sus labios se iluminaron en una sonrisa, que resumía la misión cumplida, un día más de felicidad vivido a pleno y su amor con dedos pegoteados de una dulce realidad tal vez mirándolo al otro lado de la cama.


Dos almas, dos formas de vivir una misma realidad, a cada lado de una cama.
Entre ellos, descansa el polizón que se cuela en cada viaje, el miedo capital que los separa.



EPÍLOGO:  http://carlomyco.blogspot.com/2012/10/barcelona-el-miedo-capital.HTML

mayo 14, 2013

México - Bar Mitzvah

PRÓLOGO: El pasado 9 de Mayo, tuve el honor de compartir el Bar Mitzvah del hijo de uno de mis grandes amigos. Primera vez en una Sinagoga, primer acercamiento a La Torah, primera vez que vivía los nervios de un adolescente que se abría paso a la adultez religiosa dentro del Judaísmo.
Cumplía solo 13 años, como mi Michel y el momento me permitió regalarle una brújula de latón, un Blue Ray de "The Golden Compass" y un papel escrito de corazón.




Por viejos y por padres, por padres y por viejos, nos sentimos en la obligación de entregar en estas fechas especiales, algo mas allá de las pertenencias superfluas que otorgan solo felicidad momentánea; tan importante como efímera.

Queremos trascender contigo.

Desde nuestros ojos llenos del pasado que será en parte tu futuro, buscamos darte herramientas, de todo tipo, para que la verdadera dicha de vivir, pueda ser construida día a día con tus propias manos.
Hoy es un día enorme para ti;  esas manos que tiemblan carecen de la idea real de lo que movilizan y realmente, no necesitan saberlo. Sentirlo, vibrar en cada paso, es finalmente en la opinión del Tío Ismael, lo que te asegura disfrutarlo.


Confieso que no encontré exactamente lo que quería poner en esas, tus manos;   pero me conformo con saciar lo momentáneo y lo trascendental.

En tiempos que afianzas  tu fe,  mi exhorto será siempre, que te mantengas abierto a recibir, evaluar, adoptar y descartar en los pedacitos que mejor te completen, el resto de lo que el universo tiene para ti.
Es mi invitación,  a que más allá del amor incondicional y los valores que te inculcó tu familia, más allá de la doctrina y la sapiencia de los antepasados y mucho, mucho más allá de las reglas que imponga la sociedad en la que te toque vivir, cuando tengas dudas, abras y des oportunidad a esta brújula, que siempre apuntara a tu "N", "N" del Norte real que rige la materia, "N" de Nathan, "N" de ti.
Encuentra tus propias respuestas, crea y sigue tu propio camino, se fiel a TI y estarás honrando todo lo que quienes te quisieron, te quieren y te querrán, sueñan para ti.

Se libre, sueña, construye honorablemente, entrega con grandeza y acepta con humildad.
Se tu mismo, ve más allá, Vive!



PD: La peli, estoy seguro ya la viste anecdóticamente años atrás. Una Película que mereció un Oscar por sus efectos especiales;  que levantó polémicas huecas y malas críticas y malgastó dinero en su producción, que no pudo recuperar. Esa peli que entretuvo de distinta forma a gente de todas las edades, es solo eso, una película. El fruto de imaginar de una forma, interpretar de una manera, un libro, un simple libro.  Como los libros, no los hay ni buenos ni malos; son oportunos o no, llegan en el momento exacto para quien requiere inconscientemente el mensaje o son hojas pasajeras que ocupan lugar en una biblioteca.
Ojalá la mires, cuando mejor te plazca, y ojalá rescates aquello que está mas allá de los presupuestos, las polémicas, las criticas o el rato de esparcimiento. Aquello que esta mas allá de la cámara y de las hojas del libro, aun mas allá de las ideas heredadas y masticadas por el paladar del Pullman. Aquello que es esencia, que se puede encontrar en todo y que solo puede ser reflejado por cada uno, lo que siempre vivió en ti.