julio 18, 2026

Punta del Este - Nuevos Enemigos

Nací en el signo de decir y hacer, en el que no solo VE, sino que no puede dejar de ver.  Nací en la época en que lo mas sano era masticar la contra, el barrio donde no podía existir el miedo y la gurisada que mantenía una pirámide estricta de respeto, que solo podía ser violada con la violencia.

Me jodía y me aguantaba, me dolía y me aguantaba, me perdía y me encontraba y volvía a empujar.

Aprendi la receta por costumbre, por uso, éxito y abuso, sin maestro que la dictara, sin juez que la midiera, sin mas verdugo que la vida, en cada instante, en cada esquina, lista para bajar la guillotina, para cortar y volver a empezar.

Las capas se fueron haciendo duras, una sobre otra, no protegiendo, sino haciendo que no existiera el sentimiento de seguridad, aboliendo la emoción, limpiando del cuerpo pequeño los opuestos, a modo de eliminar colateralmente sin remedio el espejo del miedo.

Pero, no se si pude o mas bien no pude, matar en mi la explosión de emociones constante. No habia capa totalmente impermeable, ni pa´dentro, ni pa´juera y a fin de no quedar petrificado, erguido como una estatua inamovible y resistente bien cercana a la muerte, rasguñe y celebre las grietas, por donde entraba al menos el aire y salía, al menos la luz. Y así, con la espada de la práctica repetitiva, arremetí, sin saber adónde ni como, sin más guía que el resultado inmediato, sin mas escudo que esa capacidad de atar cada movimiento, cada mirada, cada hoja que flotara en el aire, a un devenir completo de multitud de inimaginables futuros inmediatos y lejanos.

En ese encadenar el ahora más efímero, al segundo siguiente y de alli hasta el final de los tiempos, nació mi táctica y se enquisto exitosamente en mi cerebro.

Si hago esto, pueden pasar estas 7 cosas y de alli se desprenderán estas 43 y de alli antes de terminar el primer paso, tenia cientos de opciones para los siguientes años y ahí, decidía y hacía. Daba el primer paso, o levantaba la vista, o sonreía o apretaba los dientes y otra vez reorganizaba la centena de posibles futuros… y así.

La vida me dio una sinapsis envidiable y unos hombros resistentes, o tal vez fue la simple adaptación de este humano a su estrategia,  que me permitió hasta ahora, mantenerme cuerdo y en pie.

Y con el tiempo y el éxito, llego mi castigo.
A este muchachito que empuja sin pausa y sin sentido, a este muchachito que crea su táctica a cada paso y no tiene más estrategia que sobrevivir cada vez menos y disfrutar cada vez más, a este muchachito que no permitió que su cuerpo se rendiera, lo tenemos que parar.

Pero no paras a una topadora poniéndote enfrente, no hay palos en rueda que ya no se hayan quebrado y no puedes tomar por sorpresa y menos vencer, a alguien que con toda comodidad no sabe dónde va ni cómo llegar, haciéndose camino al andar.

Entonces, aparecen las grietas de luz.

Y el aire que entra ya no refresca y reanima, sino que se encarga de mostrarte el poco espacio que tiene para entrar. Capta tu atención, te obliga a ver como te has acostumbrado a las corazas, que tanto grosor ostentan y cuan poquita es la luz que escapa, por esas rendijas de vida: aire, movimiento, luz.

Y eso que todo lo sabe, ataca por dentro, lo que por fuera es inexpugnable.

Empiezas a distraer tiempo en esas grietas, luego le prestas atención, encuentras y empiezas a sentir las heridas por las que nunca frenaste y piensas, piensas e incluyes tu luz como una opcion más de la táctica y a veces, de a poco, vas incluyendo esas opciones en tu estrategia.

Por supuesto no es gratis, no llega cuando estas listo, llega cuando es el único camino para estarlo y ese guerrero acostumbrado a ganar o perder, sin rendirse, entiende y peor, siente, que ninguna de sus armas le sirve para esa nueva batalla.

Y con foco en la grieta, obligado a cuidar de las llagas nuevas rompiendo cicatrices viejas y contando cada expiración y cada rayo de luz, te vuelves indefenso y otra vez sientes, y te sientes inseguro y aquel espejo que rompiste de pequeño, te rodea y te muestra lo que en realidad eres y tu propia luz ilumina la tristeza, el desgano, el cansancio y el miedo.

Nuevos enemigos a abrazar, y aprender a amar.


julio 06, 2026

Guardia Vieja - Peace & Freedom

 

Prologo: días atrás mi hijo me busco compungido, una vez mas habia “discutido” con su madre.  A pesar de tratar de evitarlo, la pregunta sobre “que vas a hacer con tu vida?”, es la que viene inmediatamente despues de “queres comer?” para una mamá y no es fácil, pedirle a una X que entienda a un Z, cuando se trata de conjugar el verbo trabajar. Mientras lo escuchaba, renegando de la falta de reconocimiento y aceptación, esperando mayor comprensión y libertad y rogando por la paz necesaria para lograr sus objetivos, senti, que era la primera vez que valía la pena explicar porque le puse aquel nombre a mi casa.

 

Aun recuerdo la elección minuciosa de la letra.

Peace & Freedom

Aquel espacio donde se acumulada todo lo que iba recogiendo en el mundo para mi destino final y que habia adquirido "para cuando fuera grande", recibía un nombre y yo creí que ese era el que merecía.

Me pasaba lo de siempre.

Todos reaccionaban a mi elección con gesto raro.

Los que me querían y respetaban, miraban torcido, criticaban en silencio y masticaban con la sapiencia del primate, que tiene la certeza de que debajo de la cáscara dura, amarga o dudosa, existía el fruto sabroso. Sin la intuición básica de un mono, pero con la confianza gratis de que yo estaba detrás de ello.

Los que no llegaban al cariño capaz de aceptar o la intuición del primate, vociferaban: que pelotudez, en vez de ponerle "el oréjano,", "el matrero" o "la portera", “el rebenque”, algo con raíz rural autóctona! 

Yo que nunca espero aplauso masificado y que felizmente aprendi a elegir mis batallas, hice "la gran Tabare", ignore los ojos y las lenguas y festeje con júbilo el primer y único cartel de mi vida. Un anuncio mucho más profundo que la definición de un pedacito de tierra.

Es que "peace & freedom" no era una etiqueta Snov, para una chacra frívola e improductiva, era un Grito de Independencia, para una vida comprometida y trabajada.

Porque vaya si es largo, las más de las veces interminable y a veces imposible, el camino hacia la independencia.

Y muchas veces, las más, se pega el grito por adelantado, para avisar al adentro y al afuera;  que ya no se quieres más ataduras y talvez, promover que aquelllas que quieran, nos suelten y las que no quieran, ojalá se rindan; ¿y por qué no? que las que ignoramos, ojalá aparezcan para encarar una batalla final. 

Independencia, un estado del alma, un momento de vida.

En mi caso un grito silencioso, interno, convencido.
Casi un suspiro de alivio. Un dejarse caer de espaldas sabiendo que el pasto fresco te abrazará y solo habrá cielo encima de tus ojos.

Porque no hay paz sin Libertad y no hay libertad sin independencia.

Independencia de todo. 

Independencia física, independencia emocional, independencia espiritual e independencia material, esta última tan sobrevalorada, siendo la más fácil de todas.

Y así me sentía, despues de tanta lucha: finalmente independiente de todo lo externo, en pleno goce de mi libertad, para procurar la paz que en su silencio, me abriera las puertas de "lo de adentro".

Vencedor en las batallas de la vida, sentía apropiado elegir los mejores escenarios para la guerra más dura, la que me enfrentaría conmigo, y todo lo que ello significaba. 

Hoy mi campo se llama SIRMIONE, me encargue de dejar el precioso cartel de Peace & Freedom "al golpe de ojo", permitiéndome celebrar las ganadas, sin perder de vista el bosque que aún espera verme pasar.