julio 27, 2025

Guardia Vieja - El nuevo mundo de los miedos.

 

Buscar mas amplitud en un mundo como el mío, me llevo a iniciar un viaje interior, donde cada coraza estaba ubicada natural y eficientemente para lograr esta vida no lineal.
Hace más de 20 años que empecé a “cambiar recetas” a sabiendas y conciencia de que habían sido tan eficaces y acertadas, como innecesarias y limitantes desde hace mucho tiempo atrás.

Hoy me toca reconocer emociones, ver cómo se traducen en mi cuerpo y a través de la interpretación de mis poros, dejarlas permear a un alma cada vez mas nueva y cada vez mas madura, abierta a la vulnerabilidad absoluta y asombrada del abrazo reiterado de una vida que, en otros tiempos, solo tenía mezquindad.

Entre tantas, la tristeza, la seguridad, la protección y como no, el miedo, debieron salir del diccionario fluido de mis palabras, e internarse en un viaje que de a poco, devela una nueva forma de sentir, emociones viejas que alguna vez fueron bloqueadas para latir en libertad.

Como era de esperarse, no se manifiestan en mis días con sus versiones mas básicas:  el miedo a la muerte, el miedo al fracaso o al rechazo, o el miedo a la soledad, por el contrario, encuentran caminos más prístinos, asociados a este momento de mi vida, a los placeres, la felicidad y los desafíos de la actualidad.

Así que me invaden, despacio, sin permiso, pero sin prisa, algunos pequeños miedos, que, por nuevos, asustan y ponen en jaque, a esta naciente nueva forma de respirar. Miedos tan delicados y punzantes, como el Miedo a Olvidar o el Miedo a Renunciar.

Despues de dos días de no tener tus ojos frente a mí, siento un miedo tan terrorífico como real, a que olvidemos lo que somos de verdad. Yo que he estado he vivido lejos de la humildad y que siempre volé por el mundo, seguro de lo que sellaba a fuego en “mi gente” y mas especialmente en mis compañeras de vida, siento, con toda certeza y todo pavor, que tú y yo, podemos olvidarnos indefectiblemente, de lo que somos en este instante de la humanidad.

Y no porque no nos importemos, no porque no disfrutemos el uno del otro, sino por todo lo contrario. Porque este amor que nos ha sorprendido tan mal parados tiñe cada caricia e imprime en cada recuerdo, una especie de tonalidad de “cuento de hadas” que lo vuelve onírico, irreal, difícil de aceptar y a veces, hasta injusto de disfrutar…tanto, que amenaza con quedar guardado en los sueños de la tercera noche, para nunca más volverse a manifestar.

Así vivo yo este miedo a olvidar, no porque deje de estar en nuestros recuerdos, sino por el contrario, porque solo habite alli, en ese lugar utópico, donde nunca llega la realidad y que por onírico, perfecto e ideal, pierda su calidad de real y nos acostumbremos a tenerlo tan encumbrado, como lejano, para el resto de nuestros días.

Y ante ese miedo de no aceptar la realidad como tal, se emplaza el incisivo miedo a Renunciar.

Porque no puede ser tan bueno, porque no puede ser real, porque por eso olvidamos que lo vivimos en cuerpo y alma y sufre el terror de transmutar a un espacio en los sueños abandonando la realidad y nos expone a la triste disyuntiva de redimirlo o renunciar.

Porque sabemos que se redime con una mirada, una caricia, una sonrisa inevitable y los besos más dulces de intercambiar, pero la incrédula dualidad se siente tentada a hacernos renunciar.

¡Parecen miedos tontos!

¿Por qué alguien abandonaría al recuerdo una posible fantástica realidad?, olvidando su condición de posible y real y ¿por qué?, menos aún, renunciaríamos a la posibilidad de que se quedara aquí, en nuestra nueva realidad, ocupando el espacio gigante y sorprendente en que la hemos recibido sin siquiera buscar.

Pues yo no tengo la respuesta.
Ni porque, ni para que, ni como y muchos menos cuando, tu puedas sentir o yo pueda determinar, que el espacio de lo nuestro son las asignaturas pendientes, las oportunidades perdidas, los sueños por cumplir en una próxima vida o la elevación de nuestro encuentro al nivel de una deidad y en ese sobre calificar, estemos escapando y renunciando a nuestra mas hermosa y emotiva realidad.

Así que, en este nuevo mundo de los miedos, habiendo aceptado que no tengo todas las respuestas como solía pensar, tiemblo de pavor, ante la posibilidad de que con todo el amor del mundo, apaguemos, tu o yo, para los dos, la luz que ilumina este costado izquierdo, este corazón hiperlalente, este amor abierto a entregarse y sostenernos por una eternidad.

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