Elche, o ELX como en valenciano se conoce, ciudad que además de ser, una de las tantas aburridísimas del planeta, es también “Patrimonio Histórico de la Humanidad” por sus PALMERALES.
Si señor, es que al parecer, cuota de leyenda y de sabiduría, los palmerales que se extienden por doquier en este valle semidesértico enclavado a 20 minutos de las celestes aguas del Mediterráneo, son tan milenarios y únicos, que serian una extensión de aquellos que nacen en Bolivia, se extienden orgullosos (sazonando caña con butiá) por nuestro “Castillos”, en Uruguay y cruzan el continente negro hasta llegar aquí.

Pero eso de aburrido lo hemos dejado atrás, el ser humano y en especial el ser humano español, es capaz de vencer a esta ciudad que hace muchos años al menos hacia zapatos y divertirse a lo grande.
Y los latinos que allí están, “…pues, que no se quedan atrás jodé“ y se suman a cuanta “atividá” acontezca.
Pa´la ocasión, el grupo ha crecido y he sido bien recibido entre los que hacen que la R.O.U sea un éxito en Elche.
Que qué es la ROU? “Pa´empeza” es la Republica Oriental del Uruguay, que como es costumbre, en este caso identifica un restaurante donde mi familia extendida, se gana el pan y la leche de cada día.
Cuando no!!, uruguayos abriendo restaurantes en todas partes del mundo, como para probar lo bueno que somos.
En este caso, como la dueña es mujer y no fue futbolista, la ROU es famosa por sus pizzas y no por su asado.
Pues nada, eso, que los brazos de Marcia y Cesar se extendieron con los de otros, que esta vez, me han sacado después de cuatro años de venir aquí, a “divertirme en Elche”.
Después de la sorpresa de SAS ordenando el abordaje del avión que les contara días atrás, esta otra, me ha dejado un excelente sabor de boca. Es como si adivinaran que por estos días sombríos de mi vida, necesito que me arrastren a la fiesta.
Así es que volví a cruzarme con Arhip (el Moldavo), que con nueva y sonriente esposa, nativa de su tierra y sin hablar español, compartió con nosotros las “barracas”.
Mas fiel (al carrete, a la rumba, a la joda o como quiera decírsele) estuvo la Konkenka (ordinariez difícil de explicar que ella ha tomado como digno “nombrete”), Argentina típica, caída de La Plata y de nombre Andrea.
Se han sumado también Manolo, que comparte bromas pesadas al mismo ritmo que Cesar y la “Kinky”, una especie de niña crecidita (y muy bien crecidita que hay que decirlo) nacida en Bélgica, de madre Gitana y criada “de prepo” en estas tierras; tan de prepo, que aun no aprende a hablar.
Me he perdido (talvéz afortunadamente) de conocer a Abigail y su esposo, que parece son mecha y pólvora con Laura (la Kinki) y que es aún mas naturalmente bruta para esto del lenguaje; además de una cocinera con tendencias lésbicas que llaman “Semi Maria”.
“Pues eso, nada, jodé”, que en estos cinco días que he disfrutado de ver a los chicos (ya sabran que Anthy tiene casi 19 y Niky sus relucientes 16) sanos, bien acompañados y tan bonitos como el padre, me han resultado una maravilla.
Algo de playa que nunca viene mal, algo de compras, que pues tampoco (es la cuarta “C” en mi receta de la buena vida) y el ponerme al día con los calzoncillos!! Que esta tradición de comprármelos con Nicole en el “Aljub”, me traía atrazado en inventario, después de un año sin pisar tierra española.
También dio tiempo para pasar por Murcia, caliente y desierta en días de verano.
El almuerzo clásico con el amigo José Urbano, que no deja de insistir en que me coma todos los crustáceos que dan las cosas españolas, mientras estos me miran con ojos brillantes, pinzas en movimiento y patitas que pelean para no ser arrancadas.
Esta “vuelta” se sumaron las atenciones de Juan, que feliz de habernos visitado en Uruguay en Febrero, estaba a la espera de la oportunidad de devolver favores.
Con sus casi 30, el pibe, se esforzó en el corto tiempo que teníamos, por mostrarme la variedad de opciones que uno tiene para emborracharse por allí.
Unos 50kms conversados de ruta nos llevaron a “La Manga” (que ya les contare otro día que es, que se me hace interminable el texto), donde una frenética búsqueda nos pemitió encontrar “El Zeta”, especie de restaurante-bar-disco, sobre la “Mar Menor” donde en la arena, con música estridente y tragos largos, nos dialogamos un par de mojitos ahí por las 7 de la tarde.

Para las 9, ya estábamos con pies arenosos por las calles de la ciudad vieja de Murcia, visitando catedral como buen turista y dejándonos caer temprano, por una “Sidrería Escondida” que nos recibía entre bromas, con todas sus mesas vacías.
Para cuando salimos, después de comer como niños de la calle y “escanciar” un litro de ácida sidra en un misterioso aparatejo medieval (inexplicable foto anexa), no cabía un alma en el recinto.
Así que otra vez temprano, nos dieron casi las 11 cuando llegamos a ”Pura Vida”, una coctelería de la cual Juan no conocía las paredes, que veía por primera vez conmigo, ya que como pareja gay, llegamos cuando aun ordenaban la barra.

Una experiencia de cócteles de “endeveras”, favorecidos por mi costumbre - inusual aquí - de dar propinas, que me dejo de casualidad volver a Elche a las 2.30 AM, después de 4 largos tragos en base a “bourbon” y un par de “shots” demoledores (recuérdenme contarles sobre el B52)

Que no me puedo quejar, esta vez, como cómplices coludidos por la magia del universo, todos los que conocía y algunos que se sumaron, han logrado que mi pasaje por la aburrida Elche, tenga mas para contar de música y alcohol, que de adolescentes adorables (mis hijos).
Claro que no les quita nada, que aquí estoy por ellos y nada es más rico que los fuertes abrazos, los besos y los “te amo” compartidos, que acumulamos en chats diarios, mientras otras tierras son las que dan firmeza a mis pasos.