De cada búsqueda, un encuentro, de cada encuentro, una nueva
búsqueda.
Por años, creí y confié en que ese proceso, dirigido con virtud, era mi camino,
mi sentido y mi dirección.
Con el tiempo me gusto sentirme “encontrador”, porque vi como muchos, buscaban
sin cesar y sin encuentro y como para muchos otros, no era un proceso, no era
un camino, era una etapa, con principio y final.
No soy yo quien pueda valorar si la vida te permite o te
regala una sola etapa, cada uno en su propio viaje, arma y desarma las maletas
que le sean necesarias.
En mi caso, fue un camino que eligió sus propios pasos, que
me hizo correr temprano, veloz e inconsciente, que me hizo empujar sin descanso
y me obligo a sostener más allá de lo natural. Un camino que seguramente a
muchos se les hace conocido, pero que cada uno a vivido internamente con su
propio equipaje, el heredado, el aprendido y el elegido.
Un día, por primera vez, emprendí una búsqueda sin destino,
un sueño sin imágenes a seguir, un proyecto sin objetivo, un plan sin rutas
trazadas ni sentido, un salto a un luminoso vacio.
Habia desnudado el ego, habia reconocido mis cargas
ancestrales, habia aprendido a escuchar mi cuerpo y habia logrado liberar mi
intuición, no solo para actuar, sino para no exagerar. Habia aprendido a
cuidarme y en ese proceso, desplegaba mi vulnerabilidad al universo,
disfrutando de verme indefenso y permitiendo que ese universo, me viera como
soy.
Y hacia alli partí, hacia una nueva versión de mí mismo
habitando esta vida, una vida mas liviana y tolerante, una vida mas plena y
saludable, una vida para desplegar las alas que crecían mientras yo buscaba y
encontraba, ahora sin destino fijo, con certeza de eternidad.
Me lance despacio, como un bebe que despega sus manos del
piso. Trate de sentirlo natural, básico, esencial. Enriquecí la inocencia
inexistente del niño, con la certeza madura de un adulto dispuesto a jugar y di
cada paso sin esperar uno más, sin miedo a caer, sin necesidad de llegar.
Me fui sorprendiendo con las sonrisas que aparecían, con el piso que se volvía
suave, la brisa que se volvía tibia y la luz que guiaba mis pasos de forma
perfecta. Mi mundo me contenía, me facilitaba la experiencia, respetaba mi
desnudez y me devolvía ternura. Me llegaba o me volvía, me volvía o me llegaba,
esa sensación desconocida u olvidada del niño rodeado por los brazos de Mamá, esa Mamá que te deja ser y se
atreve a soltarte, pero que siempre esta atenta, para que ningún golpe te lleve
a dejar de intentar.
Es un viaje
nuevo para mí, ver como esos brazos se abren a los del universo y el impulso de
los intentos parece guiarte sin esfuerzo, es sorprendente.
Es un viaje nuevo para mí, y aunque el aprendizaje también te avisa, te prepara
y te entrena para los tropezones, flotar en la nube, fluir en la ola, ser parte
de la energía que lo llena todo, deja de ser un esfuerzo, un correr veloz e
inconsciente, un empujar sin descanso, un sostener más allá de lo natural.
Y en este
viaje nos encontramos.
Entre todo lo que se acerca y se aleja en cada paso, me tope con tus ojos, me
quede en tu sonrisa y me deje conmover por tu energía.
Me encanto admirarte, profundamente, cuando ya había perdido las ganas de
reconocer el genio y la magia en otros humanos.
Adore respetarte y me permití nadar por primera vez en un mar de confianza
mutua, sin vueltas, sin estrategias, sin esfuerzos, solo flotar.
Ame sentir que me elegias, despacito, cuidándote y cuidándome al mismo tiempo,
al mismo tiempo que yo te elegia.
Sumas mucho
cada día a esta búsqueda final, infinita y relajada, sin mas espacio que la paz
que inspira y las ganas mas sinceras de vivir.
Me mostraste otra versión de mi lugar en el universo, de mis imperfecciones y
mis peculiaridades, de mi propósito original y mi evolución en los diferentes
propósitos intermedios…mi evolución en las búsquedas, encuentros y nuevas
búsquedas, que hicieron a mi vieja vida.
Me permitiste reconocer quien soy, y fuiste una confirmación mas de como me
ven, acariciaste mis heridas y besaste mis fortalezas.
Desnudo frente a ti, no solo te enamoraste de mis impurezas, de mis defectos y
mis abismos, sino que no me lastimaste.
No hay mayor sensación de invencibilidad y paz, que saberte en las manos
elegidas de quien nunca dañara tu más pura vulnerabilidad.
Eres, por
mucho, la confirmación del camino correcto.
La realidad de un sueño que nunca salió de los sueños y un impulso más - el
mejor para tener de la mano - para seguir adelante.
Sin un objetivo final, disfrutando el camino.
Expandiendo mis alas y viendo como las brisas cálidas que vienen de las tuyas y
suman a las mías, se mezclan con las de esta vida, y nos guían a la eternidad.