Mostrando entradas con la etiqueta Anecdotas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anecdotas. Mostrar todas las entradas

octubre 24, 2013

Capadocia - Café Turco.


PROLOGO - Una de las claves para entender mi vida - aunque a esta altura es mucho más fácil simplemente aceptarla -  es reconocer que muchas cosas, terminaron para mí cuando para el resto de mi generación aún no empezaban y por ende ,  la mayoría de esas situaciones de vida fueron realidad en mí,  mucho antes de que mi generación siquiera las soñara.
 
 
Contaba unos envejecidos 14 años cuando decidí abandonar el vicio del café.
 
Llevaba desde hacía algunos años,  un ritmo tan arduo de trabajo, estudio y vida (exactamente en ese orden por aquel entonces) que me había volcado al negro elixir de la insomnia,  en busca de mantenerme despierto.
 
Mi pueblo y mi gente no sabía de vicios mayores, así que solía beberme a toda hora, múltiples vasos del buen café negro bien caliente y bien fuerte. Con eso procuraba evitar parcialmente,  dormirme parado en los ómnibus de ONDA donde para esos tiempos trabajaba, perder un brazo en la Garlopa o la Sierra Circular de la "Carpintería del Gallego Rivas" donde también desarrollaba oficio, roncar en las aulas de mi mejor año de Secundaria donde lucía como estrella de las Matemáticas o desparramarme sobre los pupitres de las clases para adultos en Administración de Empresa que tomaba por la noche en la UTU.
 
Seguramente le debo a aquellos "tragos largos" de café que acompañaba con biscochos, la gastritis que luego acentuarán mis casamientos o los "michelines" que aferrados a mi cintura, me han sacado a flote más de una vez.
 
Así fue que con las primeras agruras y reflujos y sin lograr mantenerme del todo despierto, abandoné el café negro allá por el año 85.
 
Pero no puede negarse que és rico el Café, y si bien siempre he sido estrictamente respetuoso de mis propias elecciones (no TV desde los 17, no hermana menor desde los 21, nunca más hijos desde los 30 y jamás oponerme a la sincronicidad del universo desde los 40), he debido aceptar la presencia global, necesaria y deseable de la tan popular bebida.
 
No quiere decir ello que haya vuelto a tomar, por supuesto qué no!
 
Pero me permito cierta nostalgia que no causa agruras, con respecto al delicioso grano en su estado líquido.
 
Esa nostalgia del café, tiene para mí un aroma y un sabor característico, cargado de emociones, como lo tienen las cosas importantes de esta vida.
 
Y es que ese aroma y ese sabor, tengo tiempo ya de identificarlo intacto en cualquier pequeña taza servida con exquisito "Café Turco Dulce".
 
Para reforzar lo emotivo del vívido recuerdo, este clásico exponente del medio oriente, le agrega esa magia de las mil y una noches, al momento de terminar cuidadosamente el último trago y dejar intacta la borra que volcada en el platillo, adivinará mi futuro próximo con certeza abrumadora.
 
La pregunta es porqué, habiendo dejado de beberlo a los 14 años, el Café Turco despierta en mi tantas ricas sensaciones, aún antes de flotar en su aroma o besar la taza.
 
 
 
Corría el año 78, que siempre recordare irónicamente como "El año Internacional del Niño" ( así nos obligaban a escribirlo cada día antes de la fecha en el cuaderno de Segundo Año en la Escuela 53), cuando mis hombros que el verano anterior solo podían cargar bolsos "vagayeros" llenos de Bombones Garoto;  se atrevieron a pasear todo el verano por la Playa Brava,  6 termos de Café, al tiempo que mis labios voceaban : "Hay Café, Café...dulce, semidulce, amargooooel Café, Café!".
 
Yo hacía mis segundas armas vendiendo en la playa, a la par de mi padre, que como todo lo que hizo en su vida, pasaba de una mejor etapa a una peor, al menos aún digna por aquellos días.
 
Eran tiempos de Argentinos orgullosos.
El trío Videla, Massera & Agosti, les había regalado una Copa del Mundo (Argentina 78) y al mejor estilo del Cesar, se ganaba con el Circo futbolero,  7 años más de gobierno "defacto" y el derecho de embarcarlos en una guerra incomprensible 4 años más tarde contra el Imperio Británico.
 
...Y los Argentinos orgullosos eran el mejor cliente para "el cafecito en la playa". Les quitaba la sed decían, y les permitía hacer de Punta del Este "su provincia" al trasladar a las sombrillas el clásico "Cafetín de Buenos Aires".
El ambiente a la medida!!,  donde todos eran unos macanudos y taitas de primera! (...además de Campeones del Mundo, obvio!).
 
Pero volviendo al Café, fue en aquellos últimos meses de mis 7 años, donde tomo identidad. El tiempo en el que se forjó ese halo mágico que identifica hoy al Café Turco, como MI Café.
 
Un par de vagos amigotes de mi viejo (Carlos Carlos, así se llamaba mi Papá), se habían "ganado" de intrusos en un clásico chalet de la península, con tal nivel de habilidad que solo usufructuaban el garaje, mientras otros igual de vagos, pero más "vivos", disfrutaban el verano de Punta en los ambientes superiores entre sus mugres rejuntadas.
 
Porque no sé, si lo vago lleva a lo inculto y mugriento, o es al revés, o es un himno de un solo tiempo.
 
Allá en el garaje, sin luz y a escondidas;  ayudé a preparar durante aquel verano, el delicioso brebaje que vendíamos "a rolete" (mucho) y que debo aceptar en forma consciente, también bebía yo con encanto.
 
Es que comerse los Garoto el año anterior, tomarse un Helado de los que vendí el siguiente, beberse una Coca Cola para cuando contaba viejos 9 años y ya podía cargar con ellas por la arena,  o simplemente limpiarse el culo con los diarios que vendí entre los 8 y los 12 años por las calles de San Carlos;  representaba un tremendo impacto contra las Ganancias, afectando directamente el Forecast y el ROÍ (retorno de inversión) del negocio.
Pero tomarse 4 o 5 vasitos plásticos de nuestro café durante todo el día en la playa, era un costo aceptable, mucho menor que una Coca Cola o lo que valía ya para aquel entonces mi tiempo de "Desarrollo del Mercado" (o sea aquel rato que perdía saliendo de la playa para chupar agua de alguna canilla).
 
Y algunos se preguntan de dónde sale mi cultura empresarial!!
 
 
Pero volviendo al café y a esa emoción profunda a la que me transporta el aroma y el sabor del Café Turco, los invito a violar conmigo mi discreción y develar 35 años más tarde, el secreto de nuestro éxito aquella temporada.
 
Teníamos como medio de generación de calor un sucio y varias veces soldado "Primus" (antigüedad de bronce que utilizaba kerosene inyectado a bomba a través de un "oído" para generar ignición a través de una boquilla y un sombrero - más datos, hablad con sus abuelos).
Junto al "Primus" se desperdigaban sendas agujas retorcidas, que resultaban una herramienta imprescindible tras las consecutivas y constantes "tapadas de oído". (volver a preguntar a los abuelos).
 
Lo cierto era que allá por las 8 de la mañana, el muy preciado aparato avivaba su hedionda llama azul y amarilla, para calentar por debajo, múltiples latas de aceite de 5 litros, bien tiznadas, que habiendo sido abiertas y posiblemente limpiadas,  se habían perfeccionado funcionalmente con arandelas y haza de alambre dulce, para poder ser sujetas una vez calientes.
 
La técnica, que vine a reconocer muchos años mas tarde en Asia Menor, era hervir el agua en aquellas latas y agregar Café molido del más barato en su justa medida (unos puñados),  acompañando la receta con o sin azúcar (también en su justa medida) dependiendo de que la "línea de producción" estuviese generando Café para los termos de amargo, semidulce o dulce (estos últimos siempre reconocibles por lo pegajoso).
 
Y así tal cual, como el Café Turco, el nuestro estaba listo al volver a hervir, con la única y perdonable diferencia de que la prontitud con la que era bebido (el café turco se bebe inmediatamente) dependía de la hora en la que se nos antojara salir a venderlo y a los Argentinos campeones del mundo comprárnoslo.
 
Pero el aroma y el gusto, eran exactamente iguales que el que disfrutara en la Avenida Istiklal camino a la plaza Taksim en Estambul poco tiempo atrás.
 
Tal vez por vagos, tal vez porque yo solo tenía 7 años o tal vez porque los cabrones ni siquiera se culeaban una gitana;  desperdiciábamos por aquel entonces la mejor parte del negocio, la que explotaría aun más la "grandeza porteña" de aquellos dias!
Desperdiciamos la borra.
Perdíamos la oportunidad de mercado de cobrarles por "adivinarles el futuro".
Es que la economía del conocimiento estaba en pañales allá en Norteamérica. Tal vez fue por eso.
 
El burbujeante Café de la lata de aceite de 5 litros, una vez que hervía, debía ser filtrado para pasar a lo termos y salir a mercado.
Esto gatillaba un nuevo proceso en la "línea de producción" que involucraba un recipiente menor, un embudo y un filtro. Dicho así suena muy obvio y natural, y la verdad que si era natural.
 
En la misma Estación de Gasolina donde conseguimos al principio del verano las latas de 5 litros de aceite para camiones;  nos proveyeron sin costo alguno de un par de latas de 1 litro de aceite para auto y un viejo embudo plástico de combustible que habían descartado.
Por el diámetro de salida, aquel embudo mucho mas grande que los caseros convencionales,  se hacía ideal para cargar tanto los ternos de boca grande como los de boca chica (volver a los abuelos), sin tupirse al momento del filtrado.
Y de filtro, pues de filtro usábamos unos restos rotativos de viejas cortinas.
Si, cortinas.
 
Entre las tantas mugres que convivieron en aquel Garage usurpado, habían tiradas sobre una esquina (la que paso a ser el centro de filtrado), unos cuantos retazos de gruesos cortinados descoloridos, que alguna vez habían sido carísimo accesorio de aquel distinguido chalet.
 
El proceso documentaba que al momento del filtrado, había que escoger - en el mejor orden posible para facilitar la tarea diaria -  algún pedazo de la sucia lona, para ponerla dentro del embudo de combustible y volcar sobre él, la cantidad exacta de café que era tomada con la lata de 1 litro especialmente acondicionada con alambre, desde la hirviente lata de 5 litros (recomiendo que vuelvan a leer el proceso)
 
Por fortuna por aquellas épocas, no se registraban en Uruguay las recetas originales o los secretos industriales,  como se hacía en el Norte con la súper secreta receta de la Coca Cola;  porque de otra forma debimos registrar la de nuestro Café.
 
Yo aún no puedo imaginar si eran los restos de kerosene y tizne en las manos y demás utensilios;  la lata de 1 litro de aceite de auto al sumergirse en la de 5litros para cargar cada termo;  la mugre añejada de aquellos cortinados que filtraban el Café o la buena costra avejentada del embudo de combustible, lo que le daba ese exquisito y adictivo sabor a nuestro Café Turco, "Made in Punta".
 
Me gustaría contarles que omití algunos detalles de mal gusto que podrían resultar asquerosos. Me encantaría asegurarles que la borra filtrada no se amontonaba al costado de los cortinados y que algunos días, los expertos baristas no se ponían creativos y reutilizan la misma porción de cortinado,  explorando nuevos mix de sabores viejos.  Realmente me gustaría asegurarles también,  que alguna vez lavamos las latas y los termos en aquel Garage donde no había una canilla.
 
No puedo hacerlo.
 
Pero lo que sí les aseguro, es que aún hoy,  miro con una complicidad que ellos no entienden,  a los Vendedores de Café que en su derrotero por las playas de Punta,  entonan el mismo cantito de aquellos mis años mozos,  en qué el "café turco" se gano un lugarcito en mi corazón: " Hay café, cafeeeeeé...dulce, semidulce y amsargoooooel Café, Cafeeeeé".



marzo 16, 2012

Punta del Este - Geisha

    - Nunca imaginé que ustedes terminarían! Es tan difícil de creer!
-    - Yo fuí una Geisha cada día! El se lo pierde…
Un aire tibio calentaba por fuera lo que el ritmo  contagioso pero todavía controlado del merengue, se encargaría de calentar por dentro.
Yo asistía casi involuntariamente a la charla de dos bonitas mujeres, que en un grupo  de cinco, habían elegido aquella Isla y aquel hotel para empapar en buen ritmo, mejor Ron y porque no alguna Mamajuana, el dolor del abandono.
De hombre y de padre, que me enteraría luego,   y que además encierra historia para otras entradas, siempre discretas. Esta próxima, algún día, regada en tragos con agravio de hija dolida.
La frase quedo resonando en mi mente desde entonces, no solo porque era dicha de aquella forma y con aquella vehemencia, sino porque quien la dijo, tenía todo para cumplir los propósitos superiores de la leyenda oriental.
Por años ya, increíble!
Me quede pensando, soñando porque no, fantaseando porque si, con eso de tener una Geisha en casa, cada día y no perdérmelo.
Supe repetir ideas y sonrisas en silencio cuando algún libro me traía el recuerdo al presente y supe recostarme para sentir el aroma del Caribe y con ojos cerrados volver a aquella charla cercana, a una que otra salsa y merengue disfrutado con pasión y a las tantas, tantas buenas experiencias que florecieron de aquella semilla sembrada por la casualidad.
Una Geisha.
El tinte de esclava que la fantasía encierra,  se esfumaba inmediatamente ante el sueño de la lujuria vivida en la calma y en la furia, por placer propio, de ella, antes que de su amo.
Su amo dueño de nada, receptor afortunado, espectador de primera y última fila, esclavo al fin de los aromas, los deslices y porque no, los desmanes de quien con arte sabe dominar a su dominador.
Por años ya, increíble!
Recordé  aquella expresión y la sumí en la más lejana de las ficciones.
Esas cosas que ocurren o solo pudieron ocurrir allá, en el lejanísimo oriente o más allá, en el lugar al que aún no llegamos y donde creo siempre pudimos estar.
-          Yo fui una Geisha cada día!
Y se renueva el aroma del manjar servido con arte, mordido con saña y compartido con picardía.
Y se humedece la lengua controlada por el cerebro descontrolado.
Y se desborda el caldero que cocina nuestras pasiones más honestas, las innatas, las congénitas, las esenciales, las auténticas.
Todos mis sueños y fantasías, avivadas hace años ya, increíble! tornaron en realidad el otro día. Cuando después de cinco horas de retraso,  mientras el reloj dejaba atrás las dos de la mañana, entre a casa y estabas tú.
Se resumieron en tu portaligas blanco, en tus tacos rojos brillantes y tu pelo negro perfectamente peinado.
En la cena servida y el ambiente perfecto.
En el vino frizzante que solo salió del freezer para burbujear mi sorpresa y enlentecer un grado de mi calor.
En los conejitos que me guiñaban sus ojos de brillante, esparcidos por tu cuerpo desafiante.
En la cama indefensa, lista para la guerra,  donde solo espero perder, una vez más.


septiembre 03, 2011

Desde el Escritorio de Jack - ACUARIO

PRÓLOGO: ''Para muestra basta un botón" dice el dicho, para poder contarles esto, elijo 3 excelentes exponentes de su estirpe, que espero al leer, si leen, no se ofendan y compartan mi sonrisa en el recuerdo. Abriguémonos en el escritorio de aquel Jack en destierro, para subir el tono de la charla, honrando lo mejor de la creación, y entre ellas, la más exacta pieza del puzzle de mi alma.

La primera vez que nos sentamos a una mesa con "A", la charla por algún motivo nos llevo en los minutos iniciales a la fecha de su cumpleaños.
Que mi negocio creciera en su país, estaba prácticamente en sus manos, pero sus ojos miraban sin el símbolo de dólar y yo siempre he sido más "hombre" que "...de negocios".

- 10 de Febrero, me dijo.
- mmmm, Acuario.
- Si, contesto con su sonrisa inmensa y ojos preguntones...Porque sonríes?
- Porque tendremos excelente sexo!!!
La mueca de sorpresa, no logro desfigurarse en ofendida y esa misma noche desarmamos la cama de un hotel cercano. Nunca vendí un dólar en su país.
Acuario ha sido por siempre, la prueba de la mujer ideal para mí.
El balance perfecto, la amalgama exacta, el complemento irrompible y eterno, que como siempre, esmeradamente he sabido desaprovechar.
Por algún motivo me empeño en enredarme entre la bipolaridad de Géminis, mi debilidad por el agua de Piscis y porque no, la mística del centauro encerrado en alguna Sagitariana.
Mujer exitosa, mujer líder, mujer esforzada y madura, mujer sufrida y  bien aprendida, integra, leal, compañera, dama y hembra alfa.
Mujer bella, de curvas prodigiosas, mujer fogosa que no esconde ni muestra, mujer plena y creativa, mujer que llena ojos, oídos y manos, mujer que se llena, mujer que quiere, mujer que aguanta, mujer que explota.
Mujer de Acuario, para un Aries.
Ordenadas y detallistas, "E", siempre ha sido mi icono de Mujer de Acuario.
Fue la que creó y confirmó la regla.
Ella y su liderazgo, ella y su femineidad explosiva, ella y su gata interna que todos quieren sentir ronronear pero que solo ronronea para quien ella elige.
Ella y sus ropitas en bolsa individual de nylon, algodón o seda, toda su ropa.
Ella y su fuerza, ella y sus ganas, ella y aquella mesa de la cocina que nos llevaremos a la tumba entre el olor de los camarones salteados,  el sabor del un buen Luigi Bosca y los oídos llenos.
Detallistas y Ordenadas, como "P" y sus vestiditos fresca que dejan notar sus pechos exactos y su cola prominente, típica de la raza acuariana,  al afinarse en su cintura dibujada.
Me sorprendí parado segundos extra frente a su heladera, la primera vez que fuera por el champagne que luego descubriría descorchaba toda su timidéz, mirando los delicados mantelitos blancos con arabescos perforados que cubrían cada uno de los estantes.
Nunca había visto una heladera así, nunca había reconocido tan intenso prodigio a un fiel Chandón, nunca había gustado tanto la diosa Ivete Sangalo, que desde ese dia dejo de ser mi llamado al recuerdo de un lejano carnaval de Bahía, para transformarse en una sonrisa recurrente de la más sana desverguenza vivida cuerpo a cuerpo en un pequeño living.
La típica mujer que si eres yo te morirías por girar a ver y si no lo eres, mirarías con descaro.
La típica mujer que despierta esa mezcla de deseo carnal exagerado y unas ganas atroces de desposarla para toda la vida.
La típica con la que crees serás el más cornudo del pueblo, sin saber que encierran una esencia de fidelidad y entrega , casi única.
La típica mujer que siendo fuera de casa un huracán, una dueña independiente y ejecutiva de su espacio y su profesionalismo, una protagonista intocable de su escenario;  necesita como toda mujer, pero mucho más, llegar a los brazos de un hombre, de su hombre, de ese hombre, a descansar como una gatita faldera que no teme entregarse indefensa e inofensiva, luego de habernos chupado hasta el tuétano de nuestra carne.
Mujeres de Acuario, si tuviera una copa aquí en mi cama elegida vacía brindaría por vosotras y si mi garganta no estuviera enrojecida y mi frente no hirviera como los pensamientos que hacen brotar en mi,  talvéz con fortuna estaría disfrutando de sus mieles y luchando contra esta naturaleza que las adora, pero no ha sabido entregarles su lugar en mi.

julio 10, 2011

Buenos Aires - Lo que nos hace mal?

-          Te hago mal?
Me dijo con su voz un poco mas aflautada de lo deseable y ese tonito porteño insoportable que distingue a los vecinos del Rio de la Plata.
Algún defecto tiene que tener!! Pensaba yo cada vez que la escuchaba, esperando el momento muy remoto de acostumbrarme.

Era una morocha argentina con todo lo que se puede pedir.
Le costaba creer cuando yo le decía:  Si tuviera que dibujar a mi mujer ideal, te dibujaría.
Y no mentiía, ni un ápice, aunque jamás dibujaría tan bien.

El sueño del pibe!!
El mejor regalo de Papá Noel!!

Amontonaba desproporcionadamente voluptuosidad y me sorprendía con todo aquello que no se espera jamás de alguien tan afortunado en lo físico.
Es que el hombre, el macho, da por claro ese misterio del equilibrio y ante tremendo “cacho de carne” resigna instintivamente los detalles de una dama o de una mujer de verdad.

Pero ese fin de semana, me enseño que tan errados, como siempre, están los machos de la raza.

Habíamos caminado toda la tarde a la sombra de árboles centenarios, saboreamos un Cabernet Sauvignon bien frio al impacto de un sorprendente sol de invierno, del que se recibe con más placer, como todo lo que nos llega sin esperar, como todo lo que nos sorprende en el lugar y tiempo menos esperado.
-          Viste alguna farmacia o un super? Es que olvide mi cepillo de dientes.
Y fue suficiente para que en esa búsqueda de “posteridad”, se me ocurriera una de esas ideas tan mías como inconscientes, como creativas, como mágicas.
Ideas simples que regalan sueños;  que ponen futuro de cuento de hadas a un presente que te sorprende,  que lanzan esa cuerda imaginaria que te amarra al otro para toda la vida. Esas cuerdas tan mías.
-          Yo tengo y no me molesta compartirlo. Además, si compartimos una cama antes de saber tu celular o tu mail, ahora que los acabo de agendar, ya puedes usar mi cepillo dental.!! Seguro por allí no se nos pegara nada que no hayamos compartido.
-          Ok, es que a la gente no le gusta. Me dijo.
Yo sonreí, se me ocurrieron respuestas egocéntricas como “yo no soy como la gente”, pero termine solamente sonriendo para que entendiera, “desde hoy, mi cepillo es tuyo…”
Entonces comenzó el camino de los sueños…
-          Te propongo algo, instauremos este nuevo cepillo de dientes como lo primero “nuestro” y pongamos condiciones.
Me miro con sus ojos jóvenes, en aquel tiempo 13 años menor que yo y una cara llena de no entiendo del todo.
-          Llevémoslo con nosotros cada vez que nos veamos y usémoslo ambos.
-          Aha…..?
-          …y cuando ambos estemos de acuerdo en que se ha arruinado por el uso, debemos hacer algo, como cumplir una prenda, ¿que se te ocurre?
La cuerda estaba tirada, ella sonreía por la ocurrencia y ambos vivíamos la incógnita de la nueva ocurrencia, la que atara el cabo, la que nos permitiera soñar por separado en un futuro compartido de alguna forma.
Esa extensión de aquel momento que estábamos disfrutando sin preguntar cuánto duraría.
-          Lo tengo!.... cuando el cepillo ya este arruinado, vivimos juntos por el tiempo que dure un segundo cepillo, ¿de acuerdo?
-          De Acuerdo!!
La propuesta era simple y fácil de aceptar.
Aceptar tiempo suficiente para conocernos al influjo del desgaste de un cepillo dental.
Tiempo limitado para medirnos juntos con un final previsto de antemano y muy fácil de manipular.
Llegábamos al hotel, las manos se habían apretado un poco mas tras el trato y los cuerpos compartían el calor que quitaba la sombra de los arboles.
Con su cuerpo lleno de mi sudor y el mío de su lengua, me dijo:
-          ¿Te hago mal?
Yo ya había aprendido que se refería a si me pesaba, si me incomodaba su cabeza sobre mi pecho o mi brazo, si podía causar algún daño físico con su cuello o su largo pelo azabache sobre mí..
Pero cada vez que  me lo preguntaba, se repetía en mi ciento de veces, ¿me hace mal?
Quién sabe, algún día sabré que tan mal me está haciendo esto que hoy me llena de placer.
Todo pasaba por mi,  mientras se escapaba un “para nada, es un placer”, verdad también, pero la pregunta seguía resonando en mi ser…”’¿será que me hace mal, será que me hará mal?”
-          ¿No sientes un olor?
La habitación estaba llena de nuestros aromas, de horas de cama, de horas de mimos reiterados, de caricias llenas de ternura, de apretones llenos de pasión, de fluidos desparramados con euforia.
-          No – me dijo.
-          Hay como un olor a mate…
-          Siiii, yo lo preparo! - y brinco de la cama.
¿También preparas el mate pensé? El macho volvía a limitar instintivamente a aquella belleza con la mejor lencería que haya quitado.
No solo preparaba mate, preparaba SU mate, porque el uruguayo no había traído uno.
Y lo cebaba, y aprendía a “darlo vuelta” y lo intercalaba con miradas sonrientes y besos furtivos.
-          ¿te hago mal? Volvió a preguntarme ahora sentada en mis piernas.
El arremolinar de respuestas volvió a pasar por mi mente.
-          No preciosa, hoy, no me haces mal

EPILOGO: Como todo plan, cada sueño debe tener parámetros bien medibles para ser posible y manipulable también para ser humano. Asi que después del ultimo vino de la noche, acordamos que compartiríamos la “guarda y custodia” de “nuestro cepillo de compromiso”.
Cada vez, uno se lo llevaría, asegurando tantas cosas en ese sencillo acto. El pretexto siempre presente de “un cepillo que espera ser usado”, el chivo expiatorio ideal que no comprometa, el interés innato en cargarlo para el próximo encuentro y porque no, la posibilidad de usarlo mucho si se quiere gastado o cambiarlo por uno nuevo si no se esta listo para el siguiente paso.
La tan mentada seguridad que el hombre persigue y yo no me canso de repetir que no existe. La seguridad de un sueño que e cumplirá.

junio 08, 2011

Montevideo - ...esa Batalla contra mi Ego

Ella capacitaba gente en una Aerolínea Internacional y su trabajo la había llevado a la pálida Polonia, lejos de su Caribe Mexicano.

A su partida, peleábamos tímidamente los últimos rounds de una relación que había dejado atrás sus almohadones rojos y sus aromas perfumados, mismos que casi siempre tienen sus  tiempos preestablecidos para mí. Por suerte, CASI, siempre.

Como el mundo, ella se lo merecía todo y se lo ganaba todo el tiempo con una enorme sonrisa llena de blanco y el rosa de sus labios morados, grandes, gruesos y porque no, sabrosos.
Yo ya era yo, tal cual fuí por mucho tiempo y talvez, tal cual sigo siendo;   y trataba de disfrutar los “primeros cuatro meses” inolvidables, que bien sabia originar, vivir y terminar.


Ella había partido a Polonia y seguramente recuerde mejor que yo cual fue la peor de las burradas que le dije o le escribí mientras estuvo allá.
Solo recuerdo que para el momento de su vuelta, mi única referencia era aquella memoria privilegiada que hace años me distinguía, misma que también perdí.
Ese pensar que soy diferente, me llevo al aeropuerto aquella tarde, para sorprenderla y tratar de borrar por excepción cada palabra estratégicamente dicha.
Pero, mi presencia allí distaba de buscar recuperar algo que yo mismo había matado una vez más, era una simple búsqueda de ensanchar  ese ego que me confirma diferente; táctica de vida tan bien planeada que es capaz de alimentarse hasta de los imprevistos.
Estuve allí, retirado de la puerta, como espía que vigila, como fiera que asecha, para poder observar su cara al salir, sus pasos, su ojos oscuros enfrentando la multitud, el reflejo de sus pulmones respirando su aire, el mensaje instintivo de su corazón en su sonrisa.
Las horas de retraso en el vuelo, solo hacían más gloriosa mi hazaña y mi ego se seguía hinchando.
Hasta el aviso de que el vuelo no llegaría, fue recibido con júbilo, después de más de 4 horas de pie frente a la salida internacional.
Una prima, que me odiaba, me había visto allí.
Ya tenía testigos y eso era impagable.
El plan inconsciente de mi ego tomaba forma, tomaba fuerza y la historieta ganaba capítulos de telenovela.
No podía faltar al otro día, tiempo de cosechar los frutos de la paciencia a mal servicio.
Cuando llegue, elegí el nuevo punto de vigilancia, pero algo me dijo “espera”.
Talvéz por un momento desatendí mi ego y mi intuición gano la partida, talvéz solo fue una nueva trampa.
La multitud esperaba como siempre se espera en los aeropuertos, como casi nunca me han esperado a mí.  Algunas caras se repetían de la noche anterior, éramos cómplices de una misma espera, ojala para ellos mucho más auténtica que la mía.
-          Espera -  me dijo la voz interior.
Los pasajeros comenzaron a salir y los saludos acalorados de los pacientes y los exhaustos retrasados, confirmaban que eran del vuelo esperado.
- Espera!!  - logre escuchar nuevamente.

La figura de Ale empezaba a cruzar la puerta de vidrio y para mi sorpresa, su cara cansada y su inusual palidez talvéz heredada detrás de la cortina de hierro, buscaba a alguien.

-          Espera!!
De pronto, como gacela que escapa del chita en la sabana, una sonrisa enorme rodeada por una pequeña barba, iluminaba un rostro enamorado, que corría con piernas largas entre la multitud con un ramo de flores en la mano.

Llegó a ella y la abrazo. Ella no fue muy efusiva pero se aferro a su cintura como quien espera que la salven y casi sin mirar a los lados, dejo que el arrastrara sus maletas alejándola de allí.

Ella no sabía si yo iría, pero talvéz adivinó a mi ego.

Yo, en esa lucha interna que tantas veces sostengo, me sentí orgulloso de esperar, de no interrumpir lo valioso, de no arruinar un momento real.
Mi ego, que siempre encuentra regocijo, sumo a la espera del día anterior, la “dignidad del mártir” y me acompaño feliz hasta mi casa de turno.
Yo dormí orgulloso, mi ego durmió feliz y mi ser apesadumbrado paso la noche en vela.


Hace un rato, poco rato, me encantó verla en sus fotos feliz, reluciente, humana y saber que aquel hombre que merecía recibirla aquella tarde hace tantos años,  es hoy su esposo.
Ojalá siempre tenga flores para ella.


Hoy a la mañana, me levanté con una sensación rara.
Al volver de la panadería me preguntaba ¿Qué te pasa Ismael?
Sentía como quien ha ganado algo, como quien conquista algo nuevo;  esa sensación tan conocida por mí, esa sensación que no deja de sorprenderme.


¿Qué te pasa Ismael?  Me pregunte durante todo un día energizado y creativo, un día sin grandes logros, un día sin más logros que los triviales y sencillos, triviales, sencillos e importantes.
Todavía, aquí sentado frente a el fuego de mi hogar, no tengo respuesta;  sería ideal despertar igual mañana y así seguir cada día.

Sería una señal de que talvéz, le estoy ganando esa batalla constante a mi ego.

abril 16, 2011

México - Una primera vez - 1800 horas

PROLOGO: Tirado en la piscina de este hotel en Santa Fe (México, DF) , sin más que hacer que esperar los vuelos que me llevaran esta semana a 4 países diferentes, volví a escuchar a Edgar y no pude evitar recordarte.


Eran años duros.
Años en que las niñas ya no quieren jugar y las jóvenes no me miraban porque apenas llegaba a ser un pre-adolescente.
Pero como adolescía!
Visitar a una amiga un tanto “desenfrenada”, suponía de las pocas ocasiones para sentir fluir la sangre, entre los tabacos armados que le robaba a su padre y guitarras azotadas al ritmo de Silvio.

Ella tenía 12 años, y había llegado a esa misma casa, para “jugar” con la hermana pequeña de mi amiga.

- ¿Te chupaste una lapicera? – le dije.

Y me miro con aquellos ojos inocentes, enmarcados por su largo cabello castaño, que ocultaba entre rizos salvajes, la apariencia de una niña crecida mas allá de su cumpleaños.

- No - me contesto -  tengo un problema en el labio y de a ratos, se pone azul por partes.

Difícilmente podría empezar peor una charla, difícilmente hubiera resultado mejor aquel ataque de sinceridad bruta que por aquellos años ya me caracterizaba.

El día de visitas a la adolescente adelantada, el esperado con la sangre efervescente, cambió bruscamente y se torno un día para jugar con niños, sin planearlo y sin quererlo.
Aceptaba los designios de mi edad y dejaba que el tabaco con la fumadora se fueran por otro camino.

Caminamos casi como adultos con la niña del labio azul, tranquilos, detrás de otros dos “amiguitos” que buscaban enfervorecidos los juegos inflables que para ese entonces rodeaban el Centro del Espectáculo, hace años desaparecido, en Punta del Este.
No nos llamo la atención ni el globo de aire, predecesor de los juegos que luego usaron mis hijos, ni los artefactos mecánicos donde por esos años uno arriesgaba la vida inocentemente.
Mientras los “amiguitos” corrían, saltaban; subían y bajaban, nosotros encontrábamos lugares estratégicos para vigilar a “los chicos”, esos enanos un año menor y charlar con una naturalidad que no había compartido con nadie hasta aquel momento.

Después de alimentar el alma con miradas toda la noche y buscarnos con la ignorancia de la edad, el suelo de la casa de Maruja abrigó al cúmulo de visitas en camas improvisadas.
Yo amanecí temprano, debía volver al pueblo y con ese nerviosismo que ahora tanto se extraña, esquivando cuerpos dormidos, logre escribir un teléfono en un papel y meterlo en su campera de jeans que colgaba de un viejo biombo.
Si alguien mas lo encontraba, estaba en un problema mayúsculo, si ella lo encontraba, tal vez sus 12 años le jugaran una mala pasada (normal, obvio) y no supiera que hacer con aquello.

Para mi asombro, el teléfono sonó una semana después y más para mi asombro, sus padres consintieron las largas llamadas de cada noche.
Ella vivia lejos, a ochenta kilometros de mí, pero dado que sus padres también consintieron nuestro “dragoneo”, no pude evitar llegar hasta allí.

Me recuerdo esperándola nervioso en la puerta de la escuela en Pan de Azúcar, yo recién dejaba la moña azul y ella estiraba por ultimo año una túnica que no había sido diseñada para su altura.
Viajábamos eróticamente en la última fila de los viejos GM de ONDA hasta llegar a su casa. Allí charlábamos bajo la mirada atenta del padre y la sonrisa siempre adorable de la madre.

Llegaron a quererme, llegue a quererlos muchísimo.

Ella ya había cumplido 13 cuando llegue un día, para decir adiós.
Ella me miro y lo entendió todo.
Caminamos atrás de la casa, nos sentamos con ojos húmedos bajo la parra y superando toda madurez esperable, sin que yo pronunciara palabra ella me dijo:

- Entiendo que debes irte, estoy segura que alguna vez volveremos a encontrarnos, cuando sea nuestro tiempo.

En aquellos años, no imaginaba que tantas y tantas veces pasaría por palabras similares.
Ella fue la primera.
Esa fue, la primera vez.

Nunca más la vi.
Aún hoy, casi 30 años mas tarde, mis ojos la buscan inconscientemente cuando paso frente a su casa, la que fue su casa y se que ya no es.
Parece que nuestro tiempo no llego aún, parece que no llegará.

Me encanta recordarla, con su inocencia a estrenar y sensualidad exquisita, caminando por la playa con aquel bikini rojo a lunarcitos blancos, arrastrándome a mi, el experto ya en esos años, un poco mas allá de las dunas, para besarnos sin mas testigos que el sol de Santa Lucia del Este.

Comenzaba este siglo cuando escuche por primera vez a Edgar Oceransky en El Breve Espacio de Linda Vista, a las orillas de la Ciudad de Mexico.
La canto para mí ese día, entendí que de alguna forma el también había vivido aquella, mi primera vez, y por eso podía traducirlo tan bien en una canción.

Desde entonces siempre la recuerdo con una sonrisa y una ternura únicas, cuando Edgar dice:
La recuerdo así …como casa de muñecas, todo en su lugar… con todo dispuesto para empezar a jugar…tenia tantas ganas para empezar a jugar!!”




diciembre 13, 2010

Orlando – El secreto peor guardado del Carnaval de Bahía – 2303 horas

Pululaba la gente por las calles estrechas y adoquinadas del Pelouriñho, agitada por una fiesta espontánea alrededor del Trio Electónico de Carliñhos Brown.

Parado enfrente les dije:
- A ella.
- ¿A ella? ¿Aquella que viene allá abajo con aquel grupo?
- Si, exacto, a ella voy a besar.

Entre risas descreídas, nuestras dos nuevas amigas bisexuales y divertidas, una alemana y otra australiana, trataban de encontrar complicidad en Nando para apostar en mi contra.
Pero Nando ya no se animaba a apostar que no lo haría.

La mire dos veces más y cuando estaba a unos diez metros y aprestándose a meterse al patio donde sonaba la fiesta, crucé la calle atestada de gente, me pare frente a ella, me sonrió con su carita hermosa, se colgó de mi cuello y nos besamos como si fuese la última vez.

Venía con su madre, hermanas y amigas y no sería el último beso que me diera en la noche, pero si el primero.

Volví mis pasos hacia los gritos de asombro de mis compañeros de noche y la carita de “la puta que lo par…” de mi gran amigo.

- Vieron, así es que sucede.
- Pero no lo podemos creer!! - Decían en un mal español, mezclado con risas nerviosas y movimientos kinestésicos.
- Esto es el carnaval de Bahía, de esto se trata, hay que besarse!!

Llevaba varios días en Salvador de Bahía y me había dejado llevar por la tradición comentada y ejercitada TACITAMENTE de “boca en boca”.

Había analizado rápidamente el comportamiento de los “Filios de Gandhi” y si bien carecía de collares de plástico azules y blancos para intercambiar por besos o frascos de perfume barato para identificar a mis víctimas, desarrollé una técnica muy practica para besar a la mayor cantidad de especímenes femeninos posible.

El primer día de carnaval, tras ser eficientemente ultrajado por cuanta damisela paso por el apretadísimo espacio donde pretendíamos todos “sambar” al costado de “la Barra” (rambla de Salvador sobre el Atlántico), había decidido ser protagonista.

Elegí un punto en el medio de la calle, donde podía aprovechar mejor los espacios entre uno y otro Trío Electrónico y asegurarme que ninguna “victima-victimaria” se escapara de mi vista.
Me asegure el stock necesario de “Skoll bein gelada” para desinfectar;  y simplemente intercambie babas, entrañas y otras tantas cosas con cuanta ávida participante del esplendoroso carnaval pasara por mi.

En un momento de la noche, el hambre empezaba a hacer mella, por lo cual invertí en un “millo con mantequilla” e improvise nuevas técnicas:

- Quer millo? daquí?– señalando el choclo hervido en mi mano izquierda – ou  daquí? - Señalando mi boca.

Por supuesto como buen samaritano, compartí toda mi comida, pero nadie toco mi choclo (el amarillo).

Imposible recordar las decenas de mujeres que besé por noche.
No eran piquitos. Ni el ritmo, ni el calor, ni el milo, ni la cerveza, ni el aire, ni la inmundicia de dos centímetros de espesor donde estábamos danzando, permitía cosas delicadas.
Eran besos “profundos” por decirlo de alguna forma descriptiva.

Recuerdo que una era muy grande para rodearla con mis brazos y tenia pocos dientes, sobretodo porque Nando, en su etílico estado provocado por la “Capeta”, me llamo la atención sobre mantener un mínimo de cordura en la selección.
También recuerdo que en un momento, sin tener idea como;  tuve enredadas dos piernas en mi cintura, dos brazos flacos en mi cabeza y una lengua viboreante en mis amígdalas. Para cuando paso, pude estimar que la niña no podía tener más de 10 años o era alguna especie pigmea.

A la mitad de la noche, cuando ya me había acostumbrado a los pellizcones en las nalgas, alguien hizo “toc toc” en la mitad de mi espalda.
Al girar, ví a una niña hermosa, deben creerme, que me miraba con su carita angelical y su cuerpo delicado y pequeño, como esperando el SI de nuestra boda.
Detrás, no más alta, pero mas madura, estaba parada su madre.
En ese momento, todo el bullicio de “La Barra”, se esfumo y me quede ensimismado en la imagen:

- Minha filha quer beijá-lo, senhor – expresaba con cuidado la madre.

Era talvez la quincuagésima de la noche, pero algo no me permitía simplemente comerle la boca.

- se você quiser, ela pode ficar com você toda a noite e se voce quiser levar o seu pais, sera uma excelente esposa e amante.

Al instante me vino a la mente el libro “Once minutos” de Paulo Coelho, que tan bien narra esta realidad Bahiana.
No pude evitar besarla y debo confesar que ella estuvo a mi lado, a mi servicio, los siguientes quince eternos minutos. Talvez esa noche equivoque la elección.

Con mi caballerosidad de siempre, salude a la madre, le di un beso en la frente a la niña que decía tener 18 años, me despedí de su hermosa cara suplicante y me fui a salvar a Nando del enésimo vaso de Capeta.


- Esa – les dije.
- ¿Otra? ¿Cuál? ¿ aquella?
- Si, una más para que vean que no es un tema de casualidad.
- ¿Seguro?

Volví a cruzar la calle, esta era morocha y alta, me beso allí por primera vez, lo repitió meses mas tarde en Punta del Este y jamás la volví a ver.



diciembre 11, 2010

Desde el aire – Desventuras del Tirol - 0905 horas

El mundo de los negocios me ha premiado – y otras veces castigado – con encuentros internacionales, que no siempre han provisto buenos resultados financieros, pero que sin duda, dejan en la retina nuevos lugares que llevarse a casa, y muchas personas para recordar.

Caminaba el año 2000, entre la fiebre del Y2K, las versiones catastróficas del fin del mundo y mis ganas de expandir el negocio a Latinoamérica. En este escenario, compraba mi primer ticket a Europa. Munich seria la parada.

Una compañía Alemana con base en Vaterstetyen y visión global, nos albergaría luego de cursos, negociaciones y contratos, en uno de los Global Partner´s Meeting más interesantes que me haya tocado vivir.

De Vaterstetten, su apariencia de pueblo antiguo, las primeras oficinas llenas de plantas que conocí y las fábricas de cerveza por doquier, nos movimos a Salzburgo (Austria) para reunirnos con todos los socios de negocios.
Asiáticos, Africanos, Oceánicos, y obviamente Europeos y Norteamericanos, componían el mas pintoresco grupo de unos 50 colegas, que encontraban en un Chileno, dos Rosarinos (Argentina), un Mexicano y un Uruguayo, el componente Latinoamericano.
Fue realmente mi primer cruce con las diferencias culturales, fue también mi asumpsión con alegría de que somos “unos indios” y completó sin duda mi orgullo de ser “Latino”.

La diferenciación fue rápida:
Norteamericanos, Ingleses y Alemanes se agruparon por el lado serio, profesional y recatado.
Asiáticos varios, Australianos, el Mexicano indefinido y demás europeos iban y venían en un inestable grupo intermedio que no sabia donde acomodarse.
Y…en el “grupo de la muerte” los latinoamericanos encabezábamos la barra brava, seguidos instintivamente por un enorme Ganes, una Egipcia, una Sudafricana, un Alemán que había vivido en España y una Gringa con ganas de explorar.

Un día del evento en que todas las elecciones de la organización fueron desfavorables y sorpresivas, ocurrieron varias tragedias mundanas.



El Raffting es una actividad recreacional de grupo más que reconocida, bien utilizada para explotar el trabajo en equipo y la integración de los seres humanos.
Era el primero de mi vida y un Río alpino de la Austria profunda, brindaba un escenario de 17kms envidiables para la práctica.

Si contara todo lo que paso alrededor de ese evento deportivo, necesitaría varias decenas de páginas, por lo cual me centrare en uno de los incidentes, el más risueño y el más grave.

Ocupábamos el segundo lanchón inflable o Zodiac.
Trajes de neopreno, salvavidas y casco, completaban una indumentaria que parecía ser un seguro de supervivencia.
El guía experto comandaba el timón al fondo, Adolfo y yo ocupábamos el franco delantero impulsando al equipo, Gretchen, Osvaldo, el Alemán-Español y el Mexicano completaban la tripulación.

En el lanchón que iniciaba la marcha, los directores de las compañías receptoras: Alemanes, Ingleses y Norteamericanos.

Durante la travesía, habíamos aprendido a pararnos en la proa del lanchón sujetos de una cuerda y simular a Kate Winslet en Titanic con el viento en la frente. El alemán y Gretchen estaban empapados después de varias caídas, algunas voluntarias, al frío y tormentoso río y remando contra la corriente, habíamos sabido salvar a la tripulación del lanchón 3 que había quedado atorado entre unas rocas.

El espíritu de la tripulación era jocoso y compacto, sentíamos que todo era posible y entrábamos en el tramo medio del río, que brindaba un momento de calma para disfrutar del paisaje.

De pronto el guía dijo: vamos a invadir al Lanchón 1 !!!!

Lo miramos extrañados y descreídos, pero él nos explico que era un ejercicio-broma de rutina; que el guía de ese lanchón sabía que pasaría y nos proveería el mejor escenario para la “toma de a bordo”.
El indio motivado se agito en nuestras entrañas y con el seño fruncido, la sonrisa malvada y una actitud de batalla, aprovechamos la calma del río y la distracción del “enemigo” para escabullirnos silenciosa y velozmente los 50 metros que nos separaban de la Lancha insignia, río abajo.

Explotamos en gritos al ritmo de los remos agitados, unos 5 metros antes de estrellar nuestro lanchón contra el costado del otro Zodiac, al tiempo que el Alemán-Español, volaba por encima de todos nosotros para caer de frente al mas pesado norteamericano y seguir el recorrido con el hacia el agua.

La cara de los desvalidos “directores” fue un poema!!

No entendían la “salvajada” que estábamos perpetrando.
El sacudón del zodiac hizo que varios perdieran equilibrio y se sujetaran fuertemente de las cuerdas laterales.
Tras el choque, el resto de nuestra tripulación emulo al “adelantado Alemán” y nos arrojamos a la toma del zodiac, con miras de no dejar un solo “enemigo” dentro.

A pesar de que era el más joven de la lancha, yo estaba pesado por aquellos días y mi salto terminó conmigo colgando dentro del agua, del salvavidas de la Gerente de Marketing de la empresa anfitriona. Ella no cayo, pero mi peso y mi actitud fueron muy insistentes.

Para cuando la solté, me rescataron desde mi lanchón y terminó el evento sin que pueda recordar otra cosa que los gritos desoladores y las caras de asombro de los “invadidos”.
Incluído el guía que de ninguna manera esperaba la invasión.

Antes y Después
Fue difícil de explicar, se los aseguro y jamás volví a reconciliarme con la Gerente de Marketing, quien se fracturó el pulgar y la muñeca (sujetando mi peso de las cuerdas laterales de su zodiac), lo que la llevo a estar todo el resto del evento enyesada.

Que se le va a hacer…

octubre 28, 2010

Barra del Chuy 1997 – Ustedes tienen que evolucionar conmigo!!! – 0931 horas

Llevábamos algo así como 9 meses saliendo juntos, desde aquella tarde en que la llamé desde el teléfono público del Super Uno. Ya no podía seguir soportando esa preciosa cola ir y venir con desdén del otro lado del mesón de Adquisiciones en la Intendencia Municipal y esos labios casi siempre de un rojo intenso, que me hablaban con indeferencia, pero me pedían a gritos que los masacrara a besos.

¿A las 19 en la 19? Y ahí empezó la historia.


Era un Julio frío, pa cagarse de frío, y a Tania se le ocurrió la brillante idea, de que fuéramos con sus compañeras de trabajo a pasar una semanita de heladas vacaciones a las cabañas municipales de la Barra del Chuy.

En Uruguay, tenemos la manía de llamar “Barra” a la desembocadura de un arroyo al mar y hay un arroyo que se llama “Chuy”, igual que la ciudad limítrofe con Brasil donde todos van a comprar “vagayo”. Así que ya saben donde estábamos.

Estas cabañas,  son unas construcciones minúsculas, con un living-comedor-cocina de 15 metros cuadrados, un baño y un dormitorio de otros 9 metros, que ostentan paredes de media altura, gracias a su “fresco” techo de quincho (paja brava, que les encanta a todos por su frescura y olor a campo, pero en verano).

 

En el medio de la cabaña, como sosteniendo toda la estructura, tenía que haber una estufa a leña, en este caso estufita (40x30cm), talvez por la medida de la cabaña o talvez porque eran municipales.

Lo cierto es que la experiencia pintaba como un interesante reto: físico por el frío, social por convivir con varias parejas de empleados públicos y sus hijos, y económico por la peligrosa cercanía del para entonces, baratísimo Brasil.

Tal fue así, que llegamos, nos acomodamos y partimos “pal Chuy” a buscar víveres, que por supuesto, incluían cantidades industriales de “cachaza” y limón de pica, para sobrevivir la semana invernal a orillas del arroyuelo, bañados en Caipiriñha.

Éramos 18, incluyendo (creo recordar) cinco parejas, la Yiya (eterna solitaria risueña) y unos 7 crios.
Cada pareja tomo una cabañita y todos acordamos reunirnos para cenar juntos, hacinados pero calentitos esa noche.

Pa´ ese entonces, yo era “el nuevo”, además del único “no municipal”, el único miembro masculino de pareja soltera y el único que no llevaba hijos al festín (aunque ya los tenia claro esta).

Tambien pa´ese entonces, se empezaba a rumorear en el pueblo, que tenia un talento especial para hacer empanadas de carne (y para comerlas por dios!!), así que me toco preparar la cena.

Deberé afilar mis garras de seudo escritor, porque es sumamente importante que logren meterse en el momento que sigue, vivir conmigo aquel entorno y disfrutar de los resultados.

Los 11 mayores y los niños mas tímidos se arremolinaron como pudieron alrededor de la única mesa que ocupaba la mitad de la habitación, los restantes niños corrían por el resto de la cabaña (ya saben las medidas), pero por suerte se cansaron y se fueron a dormir (sospecho y espero) para cuando todo estuvo bien “adobado”

Yo me “parapeté” en el fogón que hacía de cocina en la pared trasera y trate con mi espíritu siempre ordenadito y por demás obsesivo de acomodar la logística de manufactura, para lograr un limpio desempeño de mis artes culinarias.

Las empanadas son mas ricas y "mortales" si son fritas, y mucho, mucho mejor, si lo son en GRASA, tal cual los uruguayos disfrutamos de hacer nuestras tortas fritas. Pero la estufa a leña, que quedaba contra el piso, era tan pequeña, que sobre la fogata, solo pude acomodar una cacerola de 20 cms de boca, con un mango laaaargo - pa´no quemarme los dedos vió.

Técnicamente, el problema residía en que la cacerola no podía albergar mas de dos empanadas en período de fritura.

Dado que era el único fogón-cocina y además de ordenadito y obsesivo, soy un acaparador, yo misturaba mis hechuras comestibles, con la preparación de las “muy rústicas” jarras de caipiriñha, sustento liquido que al principio calentaba el ánimo invernal y al final, calmaba engañosamente la sed y el “calor humano” que la montonera, la fritanga y la exitación provocaba en los sobrevivientes nocturnos.

96 empanadas hice.
Si, 96.
A dos por turno de fritanga, significaban un mínimo de 96 agachadas a la estufa ardiente y contra el suelo (pa ponerlas y pa sacarlas vió). Le podemos sumar una bajada mas por pareja de empanadas para girarlas, así que nos vamos a 144 bajadas y eso sin contar las “agachadas” de control.

Cada par de empanadas demoraba aproximadamente un minuto en dorarse (el relleno estaba listo al armarlas), con lo cual, ese centenar y medio de “agachadas” mantuvieron un envidiable ritmo durante las siguientes dos horas de reunión.

Como responsable y aplicado trabajador, “a prueba” con las amigas y congéneres laborales de mi prominente novia, el Isma (YO) armaba las empanadas al tiempo que fritaba, lo cual proveía de rápidos y candentes víveres a la mesa .Al mismo tiempo, preparaba las jarras de caiphiriña para saciar a los buitres. Si afuera era invierno, adentro, vivíamos en el caldero del diablo a esas alturas.

Lo invito a que trate de agacharse 150 veces, sin estufa caliente, sin responsabilidad por empanadas quemadas, sin tener que armar las próximas antes de que las otras terminen su proceso de cremación, sin el barullo de 17 personas en 15 metros cuadrados y sin tener que saciar su creciente sed por la ardua labor, con una cada vez menos cuidadosa gaipiriñha.

Si, adivino bien, termine IN CON CIEN TE.

Cuando abrí los ojos, tenia puesto solo un buzo deportivo azul eléctrico que adoraba de mis tiempos de “fuera de tiempo”, no ropa interior, no remera, nada, solo el buzo (para los chilensis, un buzo, no es un pantalón, es un buzo, tapa la parte pectoral del cuerpo).

Estaba tirado en la cama y Tania estaba sentada de espaldas a mí a los pies.

Me pareció raro su no respuesta a mis “buenos diiiiassss”. Ni giro su cabeza.

Cuando la operación se repitió al decir : - hola amor, estas bien?, supe que estaba en problemas.

Problemas que confirme eran graves cuando giro su cabeza, sin mover un solo músculo y me miro con los ojos mas odiosos que me haya mirado en todos los años que la he conocido.
Se levantó y salió del cuarto, dejándome con una intriga arrasadora.

Rápidamente escudriñe la habitación en busca de pistas, pero no encontré nada, mientras sus compañeras de oficina le decían algo así:

- bueeno, no te enojes, se ve que se sintió “cómodo” pobrecito.

Las preguntas iban y venían en mi mente, pero yo ni siquiera era capaz de recordar que la caiphiriña podía haberme vaciado el coco de neuronas la noche anterior.
Inmediatamente sentí el revuelo de que salían otra vez pal Chuy y me apreste a levantarme, ni la cabeza me dolía!! Y eso en mi, seria un dolor grande, bien grande.

Cuando salí a la soleada mañana de Julio, a las puertas de mi cabaña, los “maridos” empezaban a preparar un asado.


- buen diiiiaaaaa

Nadie me miro, nadie contesto.

Por un momento llegue a pensar que había dejado de existir, eso era!!, yo no estaba allí, por ende solo yo escuchaba mi voz y eso explicaba porque Tania no me había contestado y estos caballeros desconocidos, no respondían mi caluroso saludo matinal.
Sintíendome el “hombre invisible” elegí rápidamente un costado de la puerta, para sentarme a ver si el sol si me veía y me ayudaba a comprender lo que pasaba.

Opte por intentar lo básico

- buen diiiaaaaa????

Y si, no era el hombre invisible, los hombres me miraron con casi la misma desidia que me había mirado Tania, mientras se acercaban cerrando filas a mi con los instrumentos de “asar”.
Levante las manos, supongo puse una terrible cara de boludo y dije

-bueno, bueno…no tengo idea que pasa, pero…..

Mi inspiración o mas bien desesperación, se vió truncada por las carcajadas desproporcionadas de los tres tipejos, que no podían aguantarse mas aquel teatro que habían montado.

Un poco mas relajado - realmente la paliza se veía encima - logré cambiar mi sonrisa de nervios por una de calma y comencé con el cuestionario de rigor para averiguar la causa de tanto alboroto.
Al influjo de los cuentos, yo iba teniendo algunos flashes en mi cabeza, que me confirmaban que aquello podría haber sido posible.
Parece que para la empanada numero 90, yo y todos, estábamos en un pedo tísico (bien mamaos, en curda, arriba de la pelota, curados totales, se entiende verdad?) , pero especialmente yo por supuesto.

Yo recordé que la 95 y la 96, por aquello de que ya todos debían estar satisfechos y no me sentía ya tan “responsable” (no por el pedo bestial obviamente), las tire al aire desde la olla con grasa para que las “barajaran”. Todo muy bonito hasta ahí.

Uno de los susodichos había resultado muy dicharachero (Cacho) y se ensaño con el minusválido Carlos, para divertirse a granel.

Dicen que de niño y de borracho no se miente y yo que miento poco naturalmente, mucho mas honesto y brutalmente sincero debí ser esa joven noche de mi vida, en la cual me agarre el primer, si PRIMER pedo de mi existir, el mas grave hasta ahora y casi casi el único.

Resulta que en mi visión persistente de que los empleados públicos incluyen algunas células conformistas en sus decisiones de vida y ante aquel grupo de féminas fatales - aceptemos para ese entonces, salvo la YIYA (que se veía como el nombrete), las niñas se vían muy bien!!decidí promulgar algunas leyes máximas y tácitas de la sexualidad humana. (beso para Paty y Margot que nos leen y a Ana y Sara que talvez reciban esta entrada como gentileza y curación a muchos males - recordemos aquello de "la risa remedio infalible" de las Selecciones de la Readers Digest) -

Complementado esto con una invitación directa (frente a sus maridos) de que EVOLUCIONARAN conmigo, seguramente "con miras" de que fuera aquella misma noche y allí mismo, entre la grasa salpicada de la fritanga y los limones exprimidos y azucarados de la "gaiphira".

Dicho esto por sus esposos, no pude obtener flash alguno que lo confirmara, pero la expresión “evolucionar” se me hacia tan mía como difícil de inventar por los susodichos y la cara de Tania en la mañana completaba una buena duda razonable de que todo fuera cierto.


Pasos seguidos, dicen, que sobrevino la música.
Gran bailarín como soy, no dudo que en aquel estado haya explayado mis conocimientos innatos en aquel pequeño cubículo y parece que el muy HDP del “dicharachero Cacho”, me invitó a seguirlo en un paso peculiar, donde terminaríamos con los “talompa” (pantalones) en los tobillos.

Pues ¿recuerdan aquello de aplicadito?, parece que se sumo a mis artes bailanteriles y a mi falta de neuronas y vergüenza, y si bien el idiota solo amago, yo me baje toda la ropilla hasta el piso.

Parece que esta gotota, rebaso el vaso mas que lleno de Tania y no tuvo mejor idea que llevarme fuera, al frío de la madrugada, a increparme por mi actitud.

Mal lo veo, mal lo veo!!

Desde allí, calentura aparte, parece que dejaron de verme y en sus niveles de alcoholismo, reflexionaron sobre ello, talvez minutos, talvez horas después.

Tras la búsqueda tropezona, encontraron que ni afuera ni en el baño estaban mis restos, con lo cual al tantear la puerta del cuarto y encontrarla trancada, intuyeron que allí reposaba.
Mi no respuesta a los gritos los inquieto, así que el “dicharachero” se subió a la pared del dormitorio para “visiculear” pa dentro.
Recordemos que es una cabaña y las paredes solo llegan a los dos metros, arriba, la sercha normal de los quinchos, sostiene el techo.

Parece que el campeonaso de Cacho, miró a la muchedumbre inquisidora y al dormitorio varias veces y le dijo a Tania seriamente:

- ¿ustedes tienen muchos problemas?....porque vomitó todos tus calzones!!

Paso seguido, se tiró pa dentro del cuarto y abrió la puerta.

Todo lo que sigue y confirmé rápidamente a la vuelta de las mujeres del Chuy, indica que el pobre Ismaelito, había confundido el placard con el baño y muy prolijamente había abierto la puertecita y depositado allí los restos de sus empanadas, la gaipirinha que no se había consumido quemándole las neuronas y posiblemente uno que otro pedazo de sus entrañas, exactamente, sobre las maletas abiertas que habían dispuesto para el tan mentado viaje invernal!!

Alli me encontraron, culo "parriba" saliendo como dibujito animado del placard, reposando mi cabecita sobre un charco de la misma inmundicia que la rodeaba como un aura pecaminosa.

Dicen que Tania aperró (se hizo fuerte y tomo cartas en el asunto), de pura vergüenza supongo. Los corrió a todos del cuarto, debe haber vomitado también por el olor y la asquerosidad; lucho como pudo con mis 90 kilos de humanidad inconsciente para sacarme la ropa, vestirme nuevamente (cositaaaa!!!), juntar toda la ropa asquerosa y talvez después dormir.

Fue fácil entender en ese momento la cara de esa mañana y hasta el silencio y la indiferencia total que recibí toda esa semana de su parte.

Ese día, complete todas las cuerdas del campamento, lavando a mano, con agua bien bien fría, como buen pecador que era, todo lo que habia enchastrado la noche anterior.

Si vamo´a hacerlo, vamo´a hacerlo bien carajo!!