Estimadísimo Ismael, estos meses que hemos estado lejos, su voz ha resonado en mi mente y porque no admitirlo, en mi corazón.
Nuestros diálogos en la cabaña, han enriquecido, talvéz, mi forma de ver y vivir la vida, aunque debo admitir que hay muchas cosas que no solo festejo como buenas, sino que además no estoy dispuesto a abandonar en esta, mi existencia temporal en la tierra.
De todas formas, esta carta no la motiva una revisión de formas de ver y vivir las relaciones interpersonales, aunque cuando no, de algo así se trata.
Por supuesto, de algo así, con fiesta incluida!!!...al estilo Jack.
Me atrevo a volver al contacto porque creo que esto, tiene un toque de ambos: algo de su buen ser y generosidad y seguro, un mucho de mi atrevimiento y loca visión del presente.
Días atrás conocí una damicela, cuando no, en apuros.
Sin prisas ni urgencias, pero enredada interiormente en temas que en cierta forma recortan su libertad de ser y sin duda, afectan la voluntad de los especímenes masculinos que se le acercan.
La niña, que ya ronda los 38 y medio (usted sabe cuánto pesan los meses en las proximidades del cambio de década), no esta en la busqueda de un hijo (clásico). No!! ya ha criado un varón sano, fuerte y tan idéntico como lejano a su padre.
Tampoco carga en su bolsa un amarillento vestido de novia en la búsqueda del príncipe azul que la lleve al altar y con el cual comerá perdices por toda la eternidad.
Si bien es solo una versión de esa armadura oxidada que casi todos llevamos encima, se muestra feliz de su soledad y aprovecha a festejar su libertad consecuentemente.
Ya sé lo que está pensando mi amigo Ismael… pero no, la nena no solo se mantiene, sino que ha progresado solita; así que el varón que traiga el plato de comida a la mesa, tan en desuso pero siempre ambicionado (en especial en algunas culturas trasandinas – aunque no por la comida) no forma parte de sus objetivos.
A la nena “le carga” que sus sobrinos la llamen “solterona” y no está dispuesta a que sus nietos sigan los pasos de los crueles malcriados gurises. Así que sí, se quiere casar, pero no quiere que eso dure, lo cual, como decía el Indio Solari “es una miel de la que no comen las hormigas”.
Por lo cual le resumo que en un par de años, con tiempo de producción suficiente y necesario, “tendremus bodams”.
Si, si, como lo escucha, en dos años, Jack, se casa!!
¿ Porqué dos años?, porque la nena, dentro de tanta cosa que bien ha pensado, espera llegar a sus 40 espléndida, flaca, con una larga melena que acaricie la cima de su cola y sobre todo, SOLTERA.
Pero pasado el evento y porque no, el día después - cosa que se ajustara y se acordara apropiadamente en instancias de preparación - pasaremos a la gran ceremonia.
Para resumirlo, una fiesta monumental de dos días.
El primero, responsabilidad e inversión mía, para la boda que celebraremos de común acuerdo en la playa, descalzos, vistiendo un pulcrísimo blanco (como los novios bien se han ganado) al igual que todos los invitados sin excepción. Todo sobre la arena de algún paraíso a definir, con danza, buena comida y SOLO champagne para brindar durante 48 horas.
¿Porque 48 horas? Porque el segundo día, obra y gracia de la novia, festejaremos nuestro pre-acordado y firmado divorcio, con toda o mas gala, tal cual se lo merece un evento de esta naturaleza.
Así que como lo ve, acostumbrado a los compromisos inusuales y tomando un mucho de sus decisiones generosas y caballerescas, salvaré a la dama de su apodo insostenible de SOLTERONA para toda la eternidad!!
Cuidada la debida separación de bienes, con casamiento y divorcio debidamente documentado y bajo la consigna de festejar un evento al menos por ahora único de forma voluptuosa como es de esperar, en nueva empresa me he enrolado.
y…..bueno, no tenemos resuelto el tema luna de miel, pero mientras sigo siendo yo, así que ya empezamos a practicar y durante estos dos años, veremos si es necesario extenderla luego de terminada la tan esperada festichola.
Vaya comprando ropita blanca, lo comprometo como padrino, sin aportes pero con inevitable participación, allá, en los finales del 2012. Por ahora, me encargo yo.
Amo las sorpresas que me prepara la vida, aquellas a las que no tengo plan para reaccionar y que no puedo más que vivir con pasión, el tiempo que duren, ignorando si volverán.
Mostrando entradas con la etiqueta Jack el Inescrupuloso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jack el Inescrupuloso. Mostrar todas las entradas
mayo 14, 2011
febrero 09, 2011
Santiago de Chile - Aunque cueste ver el sol - 0000 horas
Prólogo: El 5 de Marzo de 2005, unos días antes de que mis hijos mayores asumieran la dura decisión de empezar una nueva vida en otro continente, me dejé arrastrar por un sueño de Anthony, y nos fuimos hasta el Velódromo Municipal en Montevideo para ver un Show en Vivo de NO TE VA GUSTAR. Por aquello de que cuando cumples el sueño de alguien que amas, seguramente estas regalándote felicidad a ti mismo; tome de la mano a Nicole para llevarla conmigo y deje a Michel en la seguridad de la no montonera, a la espera de su propio tiempo.
Como hijo de la dictadura primero y como ser auto-privado de su libertad después, me sorprendió 10 años tarde, encontrarme con tanta gente joven vibrando sana y libremente detrás de un movimiento que nos llenaba de identidad, tras una de las mejores expresiones humanas, la música.
Hoy no encuentro mejor vía para despedirme de Jack en este presente - hasta quien sabe cuando porque seguimos siendo humanos, en difícil atadura a nuestra historia y pendientes de nuestro futuro - que tomar la canción que abrió aquel concierto, en que tantas otras sonaron describiendo tan bien la vida de muchos y la mía misma: Clara, Verte Reír y al Vacío.
Como hijo de la dictadura primero y como ser auto-privado de su libertad después, me sorprendió 10 años tarde, encontrarme con tanta gente joven vibrando sana y libremente detrás de un movimiento que nos llenaba de identidad, tras una de las mejores expresiones humanas, la música.
Hoy no encuentro mejor vía para despedirme de Jack en este presente - hasta quien sabe cuando porque seguimos siendo humanos, en difícil atadura a nuestra historia y pendientes de nuestro futuro - que tomar la canción que abrió aquel concierto, en que tantas otras sonaron describiendo tan bien la vida de muchos y la mía misma: Clara, Verte Reír y al Vacío.
aunque me lleve el viento
para ese mismo lugar
no quiero llegar
no quiero llegar solo
tal vez no quede tiempo
para soñar las cosas que quiero soñar
no quiero soñar solo
voy buscando en esa luz
voy dejando todo lo que una vez me hizo mal
donde la culpa era más
la culpa era todo
solo intento respirar
y me alejo de lo que me hace volver atrás
yo nunca supe viajar solo
ya no espero nada
ya no busco esa mirada
ya no escucho tu voz
me cansé de mí
ya me alejé de mí
aunque me lleve el viento
para ese mismo lugar
no quiero llegar
no quiero llegar solo
tal vez no quede tiempo
para soñar las cosas que quiero soñar
yo ya no quiero soñar solo
ya no espero nada
ya no busco esa mirada
ya no escucho tu voz
me cansé de mí
ya me alejé de mí
febrero 07, 2011
Santiago de Chile - Un bendito soñador - 1231 horas
- ¡Un bendito soñador, eso es lo que eres!!!
- …y me encanta Jack, me encanta soñar y hacer realidad sueños.
- Yo también lo hago Ismael, en cada casa que diseño.
- Tu sueñas para otros Jack, diseñas para otros, buscas darle a otros lo que tu no tienes y talvez, no eres capaz de promover para ti.
- ¡Ya deja de sermonearme! Puedo hacer realidad cualquier sueño, igual que tú. Te reto a que sueñes algo, lo que sea, y veamos si no puedo hacerlo realidad.
El sabía tan bien como yo, que soñar era un ejercicio tan común para mi, como para él y que ni siquiera necesitamos de la noche y su embrujo, el cansancio físico o el arrullo del silencio para empezar nuestros viajes de búsqueda.
Las flores de Bach que llegaron a mis manos días atrás, me hacen aún más fácil la ensoñación y cada día me asombro, yo soñador, soñando mas de lo habitual. Enredado en imágenes tan reales como la vida misma; como la vida que vuelve en otra forma para hablarnos de aquello que con el lenguaje natural, no logramos entender.
Acepté el desafío, cerré mis ojos y como paciente que se deja llevar en el relax del diván, comencé a relatar lo que todos mis sentidos reflejaban y el impacto que eso dejaba resbalar en mi corazón.
- Me han raptado con permiso y un pequeño automóvil me lleva mas allá de las nubes que provocan los humanos para dejar de respirar, un poco mas allá, hacia alguna parte que desconozco.
No entiendo que hago allí, la conocí unos minutos, unas horas o talvez solo unos días antes, pero no se nada de ella.
Ella, que maneja el oscuro auto que se abre paso en la maraña de un transito desconocido.
Tampoco me conoce, solo esta allí; se ha dejado arrastrar por un instinto mas fuerte y ha decidido que arriesgará su tiempo conmigo, quien sabe cuanto tiempo.
Le he dicho que llamaré a la policía, que acusaré entre risas a una mujer maluca que me ha raptado y me lleva mas allá de donde pueda volver.
Ella se ríe y comparte la idea:
- ¿será que tu debes llamar o será que debo llamar yo? ¿ quién es la víctima aquí? ¿tú porque yo manejo o yo porque no sé que hago manejando?
Me mira, la miro, no se si me ve, yo no logro verla.
No se como luce, no se como es, solo veo dos ojos claros y brillantes que dejan salir un alma grande, desconfiada y temerosa, talvéz hasta avergonzada; un alma sin la frescura de la juventud pero llena de la búsqueda de paz de la madurez.
El tránsito se para y ella me advierte:
- Esta es tu última oportunidad de denunciarme a la policía!
Un puesto a la derecha, controlaba el pasaje del tránsito.
La miro y sonrio, ella entiende que también es la última para ella y apreta el acelerador.
No habia notado que era de noche, pero lo es y mucho. Pregunto a donde vamos y me dice un nombre extraño que no logro identificar.
- ¿Alguien nos espera allí?
- Lo dudo, no pensaba ir y no conozco nadie allí.
- Que hacemos aquí entonces, dos desconocidos de la mano – acababa de notar que ella tenía su mano en mi pierna, enlazada con mis dedos en desidia a la palanca de cambios – yendo a un lugar que no conocemos sin que nadie nos espere.
- No tengo la menor idea - asegura con cejas y hombros elevados.
De alguna forma esta nueva vida que se ha abierto este nuevo año, vacío de previsiones y expectativas, vacío de orden y control, lleno de intuitiva inocencia, se plasma de la forma más voraz en un viaje desconocido, con alguien desconocido, hacia un cercano futuro desconocido.
Acabamos de entrar en una calle que corona una curva y se abre paso entre casas pequeñas extrañamente ordenadas. Un aire oceánico entra por las ventanas que de alguna forma se abrieron y siento como si llegara a alguna playa del litoral Atlántico de mi Uruguay, pero no es Uruguay. Lo rústico es diferente aquí.
- Debemos buscar un lugar donde dormir.
- ¿Perdón? ¿Estamos llegando a las dos de la mañana a un lugar desconocido y no tenemos previsto ni donde dormir?
- Así es.
Su voz trae expresiones implacables en un tono tan armonioso, que logra que mi preocupación torne en risa y mi cara busque más aire para entender que la locura esta completa.
De alguna forma estamos ahora en la misma cama de alguna posada perdida al final de un camino de tierra, oscuro y romántico, exento de todo miedo, al que llegamos no se como.
Ella se mantiene vestida, pero me deja compartir la única cama, a su lado.
Su mirada se entremezcla entre fuertes advertencias desconfiadas y la sorpresa apasionada de estar allí, conmigo, un desconocido, un extraño, a punto de dormir.
Se hace de día y la playa se abre jubilosa frente a nosotros, un olor a frutos sedientos de alcohol endulza el aire y el verde invade cada cerro alrededor. El agua es clara y tibia, y se rompe en rítmico oleaje contra abundante arena dorada.
Cuando veo brillar la espuma a mis pies, me acuerdo de Zapallar y las pepitas de oro que adornan su costa.
Pero no es Zapallar y aunque seguramente no sea oro, brilla, brilla más.
- ¿Caminemos?
- Adoro caminar – le dije y salimos de la mano a encontrarnos con el cercano final de la bahía.
Su mano parece diseñada para la mía. Cada milímetro de piel se toca como si fuéramos parte del mismo cuerpo. Ahora recuerdo nuestro abrazo de la noche, nuestro respirar agitado, nuestros labios cruzados tan suave que no llegaban a ser beso.
Vuelvo a la playa, mucha gente a llegado de repente y una sensación vieja vuelve a mi.
- heme aquí, de la mano de mi otra mitad, en medio de lo desconocido, paseando entre arena, sol y agua, en paz, con la mirada alta y la enorme dicha de sentirnos únicos. Dueños de cada nuevo paso que nuestras piernas acompasan al andar.
Ella lleva un sombrero extraño y unos lentes oscuros que no pueden evitar que vea sus ojos. Descubro su nariz pequeña, sus labios extraños que me recuerdan a Jessica Biel y unos dientes más perfectos de los que podría pintar, adornando una sonrisa que me dice:
- sonrío por ti, porque estas aquí, porque aquí estamos, desconcertantemente juntos.
El fin de la playa me sorprende.
La arena clara se corta con agua y más allá, mas arena, me deja ver otra playa atestada, otra bahía y mas gente.
Estoy parpadeando para poder descifrar.
- es un río – me dice . Aquí todas las playas terminan en un río, y todos los ríos nacen de alguna cascada que se esconde allá atrás en esas colinas.
Levanto los ojos y las veo, tropicalmente verdes y pobladas.
La idea de la cascada me devuelve fugazmente a mi cabaña y me deja soñarla descubriéndose entre tanta exuberancia natural.
Miro adelante y efectivamente allí esta, una corriente calma, casi inmóvil, de un color ocre transparente que cual hilo de miel se arrastra entre los medanos y se deja ir entre las olas del mar.
Con su mano aunada a la mía, me lleva a cruzar.
El fondo es de arena y lo desconozco de mis recuerdos de arroyo allá en la lejana San Carlos.
El agua es mucho mas fría y noto como su piel se puebla del mismo erizar que mis labios provocaban la noche anterior en su cuello.
Ya del otro lado, con una nueva bahía delante, no puedo evitar interrumpir su paso y volver a besarla.
Hasta allí, solo algunos flashes me recordaban la noche anterior.
Desde allí, ya no podría olvidaría jamás.
Su sonrisa se mezcla con los labios en deseosa espera de los míos, entreabiertos, amenazantes, temerosos también, a la distancia en la que todo puede pasar y que no pase, parece ser aun más pasional.
Sus ojos miran los míos, los míos sus labios y los suyos, midiendo el aliento que calma el agua del río que aun no se va.
Es tiempo de volver.
Sin plan caminamos nuestros pasos de vuelta al agua fría, que seguramente cambiaria de tono a nuestra entrada.
En lugar de cruzar, hacemos camino por la mitad.
Camina frente a mí, deja que la mantenga a flote con mi brazo en su cintura.
Yo juego entre el equilibrio con el fondo desconocido y sus piernas recogidas para dejarse llevar.
Su nuca me deja pasar a su oreja, y de allí a la mejilla, mientras mi otra mano se encarga de su mentón para ayudarme a llegar, allí, a los labios que opacaran todo el frío del agua que nos cubre hasta el cuello.
Lentamente comienzo a girar, el agua me cuida y evita que caiga.
Mis ojos están cerrados, mi brazo derecho aprieta fuerte y seguro su vientre contra mi, mi mano izquierda pasea de su mentón a su pelo y mis labios se limitan a respirar su aire.
Giramos a ciegas en medio de mucha gente, talvez, pero sin sentido real de donde estamos.
En un movimiento tan natural que parece inevitable, cuando el agua amaina y descubre mi pecho, dejo caer su espalda sobre mi brazo derecho y tomo sus piernas con el izquierdo…, y allá vamos.
Ciegos, ensimismados, embobados en la dulzura de lo incomprensible, besándonos hacia el final del río, saliendo al mar.
El agua caliente del océano empieza a pegarnos por debajo, una danza de corrientes paralela a la nuestra nos rodea y sorprende nuestros giros con la tibieza salada del mar y la fría inmobilidad del rio que se va.
Las olas no logran distraer nuestro girar, el gusto salado del mar se mezcla en nuestros labios y ni sus lentes ni su gorra logran evitar que la vea.
Verla, es como verme, ella no entiende, solo siente y se deja llevar.
Sus piernas abrazan ahora mi cintura y acercan nuestro sexo.
Ella se deja caer sobre el agua, yo la sostengo.
Mis pies danzan sin cesar una magia recién aprendida.
La arena ya esta mas cerca y siento su cuerpo sobre mis rodillas, tratando de que aunque el piso cambie de altura, el nivel agua continúe en su lugar, arrullando nuestros cuerpos, guardando nuestra intimidad.
Un dejo de realidad me advierte que la costa ya esta lejos.
La corriente del río entrando al mar nos ha llevado más allá de donde pensábamos estar, entonces volvemos a la tierra, a la playa, a la gente.
Con sus manos en las mías otra vez y su cabeza reposando en mi hombro al caminar, siento que toda la playa nos mira pasar. Siento que todos nos vieron salir por aquel río como barcaza que se deja llevar hasta el mar.
Otra vez, nos siento únicos.
- ¿y como está? ¿está fuerte? decíme!!, ¿tiene linda cola, pechos, rellenita o muy flaca?
La voz insistente de Jack me trajo de nuevo a la terraza, a la copa de vino, al río de la montaña que ya sonaba mas a mar, al verde recatado de mi cerro y a la soledad.
- Yo que sé!! ¿Qué haces? ¿Qué me preguntas? Como me sacas de allí!!!
- Pucha Ismael, es que deberás aceptar que esa es una historia típica mía, una mas de Jack el Inescrupuloso!
- ¿Estas loco? Como se te ocurre!
- A no, seguro….playa, una chica bonita, una historia singular, romántica y pasional. No dirás que no es digna de mi!
- No tiene nada que ver Jack, nada que ver con tus aventuras inescrupulosas.
- ¿No? ¿Y en que se diferencian?
- En el final Jack, se diferencia en el final.
- ¿Cual final?
- Que yo termino genuina y dichosamente enamorado, una vez más.
- …y me encanta Jack, me encanta soñar y hacer realidad sueños.
- Yo también lo hago Ismael, en cada casa que diseño.
- Tu sueñas para otros Jack, diseñas para otros, buscas darle a otros lo que tu no tienes y talvez, no eres capaz de promover para ti.
- ¡Ya deja de sermonearme! Puedo hacer realidad cualquier sueño, igual que tú. Te reto a que sueñes algo, lo que sea, y veamos si no puedo hacerlo realidad.
El sabía tan bien como yo, que soñar era un ejercicio tan común para mi, como para él y que ni siquiera necesitamos de la noche y su embrujo, el cansancio físico o el arrullo del silencio para empezar nuestros viajes de búsqueda.
Las flores de Bach que llegaron a mis manos días atrás, me hacen aún más fácil la ensoñación y cada día me asombro, yo soñador, soñando mas de lo habitual. Enredado en imágenes tan reales como la vida misma; como la vida que vuelve en otra forma para hablarnos de aquello que con el lenguaje natural, no logramos entender.
Acepté el desafío, cerré mis ojos y como paciente que se deja llevar en el relax del diván, comencé a relatar lo que todos mis sentidos reflejaban y el impacto que eso dejaba resbalar en mi corazón.
- Me han raptado con permiso y un pequeño automóvil me lleva mas allá de las nubes que provocan los humanos para dejar de respirar, un poco mas allá, hacia alguna parte que desconozco.
No entiendo que hago allí, la conocí unos minutos, unas horas o talvez solo unos días antes, pero no se nada de ella.
Ella, que maneja el oscuro auto que se abre paso en la maraña de un transito desconocido.
Tampoco me conoce, solo esta allí; se ha dejado arrastrar por un instinto mas fuerte y ha decidido que arriesgará su tiempo conmigo, quien sabe cuanto tiempo.
Le he dicho que llamaré a la policía, que acusaré entre risas a una mujer maluca que me ha raptado y me lleva mas allá de donde pueda volver.
Ella se ríe y comparte la idea:
- ¿será que tu debes llamar o será que debo llamar yo? ¿ quién es la víctima aquí? ¿tú porque yo manejo o yo porque no sé que hago manejando?
Me mira, la miro, no se si me ve, yo no logro verla.
No se como luce, no se como es, solo veo dos ojos claros y brillantes que dejan salir un alma grande, desconfiada y temerosa, talvéz hasta avergonzada; un alma sin la frescura de la juventud pero llena de la búsqueda de paz de la madurez.
El tránsito se para y ella me advierte:
- Esta es tu última oportunidad de denunciarme a la policía!
Un puesto a la derecha, controlaba el pasaje del tránsito.
La miro y sonrio, ella entiende que también es la última para ella y apreta el acelerador.
No habia notado que era de noche, pero lo es y mucho. Pregunto a donde vamos y me dice un nombre extraño que no logro identificar.
- ¿Alguien nos espera allí?
- Lo dudo, no pensaba ir y no conozco nadie allí.
- Que hacemos aquí entonces, dos desconocidos de la mano – acababa de notar que ella tenía su mano en mi pierna, enlazada con mis dedos en desidia a la palanca de cambios – yendo a un lugar que no conocemos sin que nadie nos espere.
- No tengo la menor idea - asegura con cejas y hombros elevados.
De alguna forma esta nueva vida que se ha abierto este nuevo año, vacío de previsiones y expectativas, vacío de orden y control, lleno de intuitiva inocencia, se plasma de la forma más voraz en un viaje desconocido, con alguien desconocido, hacia un cercano futuro desconocido.
Acabamos de entrar en una calle que corona una curva y se abre paso entre casas pequeñas extrañamente ordenadas. Un aire oceánico entra por las ventanas que de alguna forma se abrieron y siento como si llegara a alguna playa del litoral Atlántico de mi Uruguay, pero no es Uruguay. Lo rústico es diferente aquí.
- Debemos buscar un lugar donde dormir.
- ¿Perdón? ¿Estamos llegando a las dos de la mañana a un lugar desconocido y no tenemos previsto ni donde dormir?
- Así es.
Su voz trae expresiones implacables en un tono tan armonioso, que logra que mi preocupación torne en risa y mi cara busque más aire para entender que la locura esta completa.
De alguna forma estamos ahora en la misma cama de alguna posada perdida al final de un camino de tierra, oscuro y romántico, exento de todo miedo, al que llegamos no se como.
Ella se mantiene vestida, pero me deja compartir la única cama, a su lado.
Su mirada se entremezcla entre fuertes advertencias desconfiadas y la sorpresa apasionada de estar allí, conmigo, un desconocido, un extraño, a punto de dormir.
Se hace de día y la playa se abre jubilosa frente a nosotros, un olor a frutos sedientos de alcohol endulza el aire y el verde invade cada cerro alrededor. El agua es clara y tibia, y se rompe en rítmico oleaje contra abundante arena dorada.
Cuando veo brillar la espuma a mis pies, me acuerdo de Zapallar y las pepitas de oro que adornan su costa.
Pero no es Zapallar y aunque seguramente no sea oro, brilla, brilla más.
- ¿Caminemos?
- Adoro caminar – le dije y salimos de la mano a encontrarnos con el cercano final de la bahía.
Su mano parece diseñada para la mía. Cada milímetro de piel se toca como si fuéramos parte del mismo cuerpo. Ahora recuerdo nuestro abrazo de la noche, nuestro respirar agitado, nuestros labios cruzados tan suave que no llegaban a ser beso.
Vuelvo a la playa, mucha gente a llegado de repente y una sensación vieja vuelve a mi.
- heme aquí, de la mano de mi otra mitad, en medio de lo desconocido, paseando entre arena, sol y agua, en paz, con la mirada alta y la enorme dicha de sentirnos únicos. Dueños de cada nuevo paso que nuestras piernas acompasan al andar.
Ella lleva un sombrero extraño y unos lentes oscuros que no pueden evitar que vea sus ojos. Descubro su nariz pequeña, sus labios extraños que me recuerdan a Jessica Biel y unos dientes más perfectos de los que podría pintar, adornando una sonrisa que me dice:
- sonrío por ti, porque estas aquí, porque aquí estamos, desconcertantemente juntos.
El fin de la playa me sorprende.
La arena clara se corta con agua y más allá, mas arena, me deja ver otra playa atestada, otra bahía y mas gente.
Estoy parpadeando para poder descifrar.
- es un río – me dice . Aquí todas las playas terminan en un río, y todos los ríos nacen de alguna cascada que se esconde allá atrás en esas colinas.
Levanto los ojos y las veo, tropicalmente verdes y pobladas.
La idea de la cascada me devuelve fugazmente a mi cabaña y me deja soñarla descubriéndose entre tanta exuberancia natural.
Miro adelante y efectivamente allí esta, una corriente calma, casi inmóvil, de un color ocre transparente que cual hilo de miel se arrastra entre los medanos y se deja ir entre las olas del mar.
Con su mano aunada a la mía, me lleva a cruzar.
El fondo es de arena y lo desconozco de mis recuerdos de arroyo allá en la lejana San Carlos.
El agua es mucho mas fría y noto como su piel se puebla del mismo erizar que mis labios provocaban la noche anterior en su cuello.
Ya del otro lado, con una nueva bahía delante, no puedo evitar interrumpir su paso y volver a besarla.
Hasta allí, solo algunos flashes me recordaban la noche anterior.
Desde allí, ya no podría olvidaría jamás.
Su sonrisa se mezcla con los labios en deseosa espera de los míos, entreabiertos, amenazantes, temerosos también, a la distancia en la que todo puede pasar y que no pase, parece ser aun más pasional.
Sus ojos miran los míos, los míos sus labios y los suyos, midiendo el aliento que calma el agua del río que aun no se va.
Es tiempo de volver.
Sin plan caminamos nuestros pasos de vuelta al agua fría, que seguramente cambiaria de tono a nuestra entrada.
En lugar de cruzar, hacemos camino por la mitad.
Camina frente a mí, deja que la mantenga a flote con mi brazo en su cintura.
Yo juego entre el equilibrio con el fondo desconocido y sus piernas recogidas para dejarse llevar.
Su nuca me deja pasar a su oreja, y de allí a la mejilla, mientras mi otra mano se encarga de su mentón para ayudarme a llegar, allí, a los labios que opacaran todo el frío del agua que nos cubre hasta el cuello.
Lentamente comienzo a girar, el agua me cuida y evita que caiga.
Mis ojos están cerrados, mi brazo derecho aprieta fuerte y seguro su vientre contra mi, mi mano izquierda pasea de su mentón a su pelo y mis labios se limitan a respirar su aire.
Giramos a ciegas en medio de mucha gente, talvez, pero sin sentido real de donde estamos.
En un movimiento tan natural que parece inevitable, cuando el agua amaina y descubre mi pecho, dejo caer su espalda sobre mi brazo derecho y tomo sus piernas con el izquierdo…, y allá vamos.
Ciegos, ensimismados, embobados en la dulzura de lo incomprensible, besándonos hacia el final del río, saliendo al mar.
El agua caliente del océano empieza a pegarnos por debajo, una danza de corrientes paralela a la nuestra nos rodea y sorprende nuestros giros con la tibieza salada del mar y la fría inmobilidad del rio que se va.
Las olas no logran distraer nuestro girar, el gusto salado del mar se mezcla en nuestros labios y ni sus lentes ni su gorra logran evitar que la vea.
Verla, es como verme, ella no entiende, solo siente y se deja llevar.
Sus piernas abrazan ahora mi cintura y acercan nuestro sexo.
Ella se deja caer sobre el agua, yo la sostengo.
Mis pies danzan sin cesar una magia recién aprendida.
La arena ya esta mas cerca y siento su cuerpo sobre mis rodillas, tratando de que aunque el piso cambie de altura, el nivel agua continúe en su lugar, arrullando nuestros cuerpos, guardando nuestra intimidad.
Un dejo de realidad me advierte que la costa ya esta lejos.
La corriente del río entrando al mar nos ha llevado más allá de donde pensábamos estar, entonces volvemos a la tierra, a la playa, a la gente.
Con sus manos en las mías otra vez y su cabeza reposando en mi hombro al caminar, siento que toda la playa nos mira pasar. Siento que todos nos vieron salir por aquel río como barcaza que se deja llevar hasta el mar.
Otra vez, nos siento únicos.
- ¿y como está? ¿está fuerte? decíme!!, ¿tiene linda cola, pechos, rellenita o muy flaca?
La voz insistente de Jack me trajo de nuevo a la terraza, a la copa de vino, al río de la montaña que ya sonaba mas a mar, al verde recatado de mi cerro y a la soledad.
- Yo que sé!! ¿Qué haces? ¿Qué me preguntas? Como me sacas de allí!!!
- Pucha Ismael, es que deberás aceptar que esa es una historia típica mía, una mas de Jack el Inescrupuloso!
- ¿Estas loco? Como se te ocurre!
- A no, seguro….playa, una chica bonita, una historia singular, romántica y pasional. No dirás que no es digna de mi!
- No tiene nada que ver Jack, nada que ver con tus aventuras inescrupulosas.
- ¿No? ¿Y en que se diferencian?
- En el final Jack, se diferencia en el final.
- ¿Cual final?
- Que yo termino genuina y dichosamente enamorado, una vez más.
febrero 04, 2011
Sao Paulo - Diálogos con Jack – 1226 horas
Los cuarenta minutos que Jack paso sentado en la roca con los ojos mutando entre la quebrada y el vacío se hicieron eternos para mí.
Preparé un vaso de agua bien fresca, serví dos copas de buen Carmenere Reserva Especial y vagué por la casa arreglando de lo desordenado, lo que se podía ordenar.
La figura de Jack encorvado e inmóvil se me presentaba constantemente, cuando lo miraba y cuando no lo hacía. Sentí sus pasos avanzar por el living directo a la puerta que lo llevaría al vaso de agua sobre la mesa, a mi lado.
Sus ojos estaban perdidos y rojos, algunos surcos no lograban esconderse marcando en su rostro, el polvo que la montaña pone sobre todo y todos. Yo sabia que no hablaría de inmediato y el sabía que podía mantener su mudez. Había mucho vino, mucho de que hablar y el tiempo necesario para ello.
Renové mi copa, compartí el verde de enfrente con su mirada y espere.
El sol ya ocupaba la mitad occidental del cielo cuando escuche su voz:
- ¿Eso es lo que provocamos?
- Eso es lo que provoqué.
- Bueno, pero yo también debo provocar lo mismo…
- No es lo mismo Jack, es parecido, pero no es igual.
- No entiendo, ¿Cual es la diferencia?
- No es lo mismo dejar a una mujer que te ama, que dejar a una mujer que amas.
El silencio duro unos minutos mas, varias veces comenzó a balbucear y se freno en medio del primer esbozo de palabra.
- Entonces prefiero lo mío, no quiero estar como tu, solo y aislado en esta montaña, disfrazando tristezas con cuentos y trabajo.
- Jack, sabes que no funciona conmigo, no puedes decirme que no tienes momentos tristes, momentos de culpa, momentos de juicio implacable contigo mismo.
- Si pero, no es lo mismo, yo nunca estoy solo, siempre hay alguien cerca para entregarse y recibir lo que tengo para dar.
- Yo creo que la única diferencia es que yo acepto mejor que la tristeza, es algo que hay que vivir y logro expresarla, sentirla y dejarla ir en mis letras. Tú la distraes con fiestas, sexo y ese sentir de que le haces un favor a cada chica que pasa por tus brazos.
- Yo jamás dije eso!!
- ¿Lo dirías si fuera cierto? – Yo creo que en realidad solo son variantes de un mismo asunto, como tú lo vivas o como yo lo viva, son talvez, solo un espejo enfrentado a otro espejo. Aquí la constante, siempre esta fuera y es eso que viviste allá en la roca.
- Pero yo soy siempre muy claro, desde el inicio, ellas se involucran.
- Talvez la diferencia es que yo alguna vez, si he estado dispuesto a entregar, sin reservas y solo a una persona. No me hace mejor, pero hoy a pesar de todo, puedo tener un hogar y marchar triste pero en paz.
- Vamos Ismael, lo mismo te digo yo, todo lo que sé lo aprendí de ti, ¡¡cuánto tiempo caminaras “triste” sin meterte en una nueva relacion, entregar todo y seguir este ciclo que llevas de años con 2 divorcios y “n” separaciones dolorosas!!
- Realmente no lo sé, solo tengo la certeza de que no debo equivocarme al elegir la próxima vez y que eso depende de que logre controlar los miedos que desde siempre gobiernan mi vida. Ahora estoy en la búsqueda de esos miedos, muy lejos aún de siquiera poder abrirme a alguien.
- Tu no elegirás cuando es el momento Carlos, tampoco yo lo elijo, solo tomo la opción de que “cualquier momento”, suena como una buena opción.
- Seguro no lo elegiré y eso, de la mano con esta incertidumbre total que gobierna mis días y me deja indefenso al perder el control de las cosas, me permite soñar mejor.
- Ya deja de soñar!! Ven y vive el sueño conmigo!! Volvamos a nuestras vueltas del 2006, seamos uno otra vez, volvamos a vivir!!
La cara de Jack ya no era la misma, el manotazo en el hombro y el brindis enérgico ofrecido con la copa de vino, solo eran un reflejo de aquella sonrisa de la noche anterior, que se adueñaba otra vez de su rostro.
Había dejado atrás como quien desparrama unas migas en la mesa, sus cuarenta minutos de roca en la roca y ya estaba listo para salir a perseguir otra primavera.
Lo mire extraño, sentí que yo era el “enfermo”, tome un trago más de vino y le dije:
- No estoy listo, tu oferta y mis recuerdos son tentadores, lo admito, pero no quiero perder la oportunidad de ver si hay algo mas, que me permita vivir en paz conmigo las cuatro estaciones, y no solo las primaveras.
Talvez, continuará
Preparé un vaso de agua bien fresca, serví dos copas de buen Carmenere Reserva Especial y vagué por la casa arreglando de lo desordenado, lo que se podía ordenar.
La figura de Jack encorvado e inmóvil se me presentaba constantemente, cuando lo miraba y cuando no lo hacía. Sentí sus pasos avanzar por el living directo a la puerta que lo llevaría al vaso de agua sobre la mesa, a mi lado.
Sus ojos estaban perdidos y rojos, algunos surcos no lograban esconderse marcando en su rostro, el polvo que la montaña pone sobre todo y todos. Yo sabia que no hablaría de inmediato y el sabía que podía mantener su mudez. Había mucho vino, mucho de que hablar y el tiempo necesario para ello.
Renové mi copa, compartí el verde de enfrente con su mirada y espere.
El sol ya ocupaba la mitad occidental del cielo cuando escuche su voz:
- ¿Eso es lo que provocamos?
- Eso es lo que provoqué.
- Bueno, pero yo también debo provocar lo mismo…
- No es lo mismo Jack, es parecido, pero no es igual.
- No entiendo, ¿Cual es la diferencia?
- No es lo mismo dejar a una mujer que te ama, que dejar a una mujer que amas.
El silencio duro unos minutos mas, varias veces comenzó a balbucear y se freno en medio del primer esbozo de palabra.
- Entonces prefiero lo mío, no quiero estar como tu, solo y aislado en esta montaña, disfrazando tristezas con cuentos y trabajo.
- Jack, sabes que no funciona conmigo, no puedes decirme que no tienes momentos tristes, momentos de culpa, momentos de juicio implacable contigo mismo.
- Si pero, no es lo mismo, yo nunca estoy solo, siempre hay alguien cerca para entregarse y recibir lo que tengo para dar.
- Yo creo que la única diferencia es que yo acepto mejor que la tristeza, es algo que hay que vivir y logro expresarla, sentirla y dejarla ir en mis letras. Tú la distraes con fiestas, sexo y ese sentir de que le haces un favor a cada chica que pasa por tus brazos.
- Yo jamás dije eso!!
- ¿Lo dirías si fuera cierto? – Yo creo que en realidad solo son variantes de un mismo asunto, como tú lo vivas o como yo lo viva, son talvez, solo un espejo enfrentado a otro espejo. Aquí la constante, siempre esta fuera y es eso que viviste allá en la roca.
- Pero yo soy siempre muy claro, desde el inicio, ellas se involucran.
- Talvez la diferencia es que yo alguna vez, si he estado dispuesto a entregar, sin reservas y solo a una persona. No me hace mejor, pero hoy a pesar de todo, puedo tener un hogar y marchar triste pero en paz.
- Vamos Ismael, lo mismo te digo yo, todo lo que sé lo aprendí de ti, ¡¡cuánto tiempo caminaras “triste” sin meterte en una nueva relacion, entregar todo y seguir este ciclo que llevas de años con 2 divorcios y “n” separaciones dolorosas!!
- Realmente no lo sé, solo tengo la certeza de que no debo equivocarme al elegir la próxima vez y que eso depende de que logre controlar los miedos que desde siempre gobiernan mi vida. Ahora estoy en la búsqueda de esos miedos, muy lejos aún de siquiera poder abrirme a alguien.
- Tu no elegirás cuando es el momento Carlos, tampoco yo lo elijo, solo tomo la opción de que “cualquier momento”, suena como una buena opción.
- Seguro no lo elegiré y eso, de la mano con esta incertidumbre total que gobierna mis días y me deja indefenso al perder el control de las cosas, me permite soñar mejor.
- Ya deja de soñar!! Ven y vive el sueño conmigo!! Volvamos a nuestras vueltas del 2006, seamos uno otra vez, volvamos a vivir!!
La cara de Jack ya no era la misma, el manotazo en el hombro y el brindis enérgico ofrecido con la copa de vino, solo eran un reflejo de aquella sonrisa de la noche anterior, que se adueñaba otra vez de su rostro.
Había dejado atrás como quien desparrama unas migas en la mesa, sus cuarenta minutos de roca en la roca y ya estaba listo para salir a perseguir otra primavera.
Lo mire extraño, sentí que yo era el “enfermo”, tome un trago más de vino y le dije:
- No estoy listo, tu oferta y mis recuerdos son tentadores, lo admito, pero no quiero perder la oportunidad de ver si hay algo mas, que me permita vivir en paz conmigo las cuatro estaciones, y no solo las primaveras.
Talvez, continuará
febrero 02, 2011
Santiago de Chile - Una visita inesperada - 2240 horas
El teléfono sonó cuando empezaba a buscar una noche mas entre mis sueños, las raíces del miedo.
- hola…
- ¿Ismael? Estoy aquí abajo!!!
- ¿Perdón….aquí abajo, quien habla?
- Soy Jack mi viejo amigo!! Y estoy aquí abajo…
- ¿Jack Winwar?¿Donde? En Sudamérica, en Chile?
- Aquí abajo, en medio de una oscuridad terrible, con ruido de agua muy cerca y un portón gris enfrente que dice tu número….a ver…20…9..50.!!
No pude evitar sonreír, mientras trataba en mi asombro de mirar el reloj para asegurarme de que ya habían pasado las 3 de la mañana tal cual lo presentía y buscar en mi alrededor certezas de que estaba despierto.
- Bajo por ti.
Mientras bajaba la colina escabrosa en una noche sin Luna, trataba de recordar cuando había visto a Jack cara a cara por última vez. Sinceramente no tenía la menor idea.
Cuando llegué, tenía medio cuerpo entrando en la ventana de un pequeño auto.
Los últimos besos de agradecimiento por el “taxi”, se amontonaban en los labios de una chica no tan joven que se veía feliz y cariñosa.
A la luz del jeep que daba vuelta en el puente para volver a entrar, pude distinguir la enorme sonrisa de Jack que se aprestaba a subir.
- mi viejo y gran amigo Ismael!!
Mientras sacudía mi cabeza repitiendo un “no alegre” que marcaba mi desconcierto, Jack me tomo por los hombros, me apretó fuerte y nos besamos como dos grandes amigos; como se saludan los amigos en Uruguay.
- que….
- Pues, quería venir a verte!!
- Y esa chic….
- Ya tu sabes, siempre hay alguien que me traiga “a casa”!! jajajajajaja.
La subida se hizo corta, las ponderaciones del espacio interminables, las bromas sobre ”el potencial” de la cabaña tan creativas como siempre y al son de un vaso de Jack, otro Jack, el Daniels, le mostré su cuarto y nos comprometimos para la mañana.
Pocas horas después el sol nos sorprendió preparando mate, el calentaba el agua y yo ensillaba con yerba. Hacía mucho que no estábamos juntos, pero parecía que cada movimiento estaba mágicamente coordinado.
El se movía en la casa como si siempre hubiera vivido allí, no buscaba nada fuera de lugar y asombrosamente, a mí me resultaba de lo más natural.
Disfrutamos la sombra cálida que el cerro nos regaló hasta el mediodía, al influjo de nuestra “verde tradición” y una charla pendiente por tanto tiempo.
- ¿Que haces solo aquí? - Me preguntó.
- Pues…se llaman elecciones, me siento feliz aquí, solo y aislado; después de tantas vueltas parece que encontré mi hogar.
- ¿Hogar? ¿Le hablas de hogar al constructor de hogares? Un hogar supone una familia, una pareja, chicos, el perro o el gato, algún pajarito cantando cerca, una estufa prendida y esas cosas…
- Pues yo creo que has pasado mucho tiempo en hoteles. Si respiras mi aire, aquí en la terraza y dentro, sentirás la mejor definición de hogar. Vamos!! Tú puedes.
Lo arrastre en silencio, como quien busca un mosquito en la noche, con todos los sentidos concentrados en todo, por cada rincón de la cabaña.
- ¿Puedes sentirlo?
Una sonrisa mezclada con una mueca que entrecerraba su ojo izquierdo, me dejo saber que no me había escuchado, estaba más allá, escuchando algo más.
- ¿Escuchas el reír, las carcajadas que mis hijos y los hijos de mis amigos han dejado guardadas bajo la cama?
- ¿Puedes sentir los gemidos profundos del amor atrapados entre las tablas?
Su cara reaccionaba a mis palabras con movimientos cortos, sus brazos se levantaron un poco más y sus dedos estiraron sus falanges al máximo para tener toda la piel posible en contacto con el espacio.
- Remueve tu lengua suavemente y degustaras los sabores de las mieles hechas por manos con ganas de complacer, por dos, por cuatro, por mas….!!
- Respira el aire de la paz, susurra el murmullo de la charla fluida de las almas que bien se entienden y bien se aman.
- Cierra los ojos y déjate llevar por el caminar libre de los animales fuera, el pasaje absorto del río a tus pies y la brisa ligera que trae el olor de estas flores de verano.
El siempre fluido Jack parecía inmerso en un sueño, fuertemente conectado al piso, pero al mismo tiempo ondulante al influjo de los impactos del ambiente.
- ¿Así se siente? - me dijo - He leído la teoría cientos de veces, he buscado darle forma en mi mesa de arquitecto, pero nunca había sentido esto.
- La teoría casi todos la tienen, en la práctica, te llevo poca ventaja. Mucho me ha costado aprender a sentir, fijar mi alerta continua en el presente real y disfrutar las cosas sencillas…aquellas esenciales.
- Pero estas solo!! Entiendo que sentir a los chicos en cada parte de la casa te acerca a tus hijos, pero un hombre no vive de los gemidos que el amor dejo impregnado en las paredes.
- Aun no lo escuchas todo Jack. ¿Es que acaso tú, teniendo quien “te traiga a casa” alrededor de todo el mundo, estas mas acompañado que yo?
- Pues, no vivo de los gemidos incrustados en las paredes.
- Jejejejeje…para empezar mi querido Jack, nunca te llevan a TU casa, aunque por supuesto aquí puedes sentirte como en tu propio hogar. ¿Dónde guardas las 3 o 4 cosas personales e importantes que no están en tu maleta?
- Pues, es muy fácil. Déjame mirar los inventarios prolijísimos que tengo de cada casa y los encontrare rápidamente.
- Jajajajajajajajaja, ok, seguramente si te escucharas entenderías mi idea.
- Ah- ja -ja…tu tienes algunas cosas lindas aquí, que parecen importantes para ti, pero no son tantas.
- Mi amigo, como los buenos amigos, como los buenos amores, como todas las cosas importantes en esta vida, nunca son tantas.
- ¿Qué fue eso?!!! – Pregunto Jack sobresaltado.
- ¿Qué cosa? Yo no escuche nada.
- Alguien llora, escuché sollozos y llanto. De allá, de aquel lado - dijo Jack, apuntando hacia el living.
Lo perseguí, pero al llegar al living no encontró lo que buscaba, allí solo había mas jadeos, risas y alboroto, cantos disonantes, aromas deliciosos y el chocar de copas resonando por doquier.
- Sé que lo escuche, sé que lo escuche…
Velozmente giro su cuerpo y miro hacia la ventana, torno la cabeza a la puerta de entrada y salio despavorido por las escaleras.
Yo lo había invitado a la experiencia, no podía abandonarlo ahora que parecía poseído por esta.
- aquí se escucha mucho más, estoy cerca, se que estoy cerca…..pero, la montaña es inmensa a ambos lados.
Mirando sus ojos desorientados, comprendí lo que escuchaba. Mi mentón cayo sobre mi pecho siguiendo a mis ojos que se clavaron en el suelo junto a la comisura de mis labios.
- Ve allí Jack, yo no quiero acompañarte. Sube aquella escalera y siéntate en la roca que sobresale en la orilla.
- ¿Que hay allí?
- Allí encontraras lo que escuchas, sentirás lagrimas que no logran secarse sobre la piedra y talvez, si te tomas unos segundos mas y usas ese talento que tenemos para ir mas allá…encuentres mejor respuesta a porque estoy solo, aunque esto sea un hogar.
Continuará…
enero 19, 2011
Un trío animal - Jack el Inescrupuloso
El horizonte de la mansión Mickelson se enjoyaba de oro crepuscular.
La alcancía de atardeceres de Jack se ganaba un sol más, lejos de casa.
Un ladrido tan potente como inesperado, hizo que Jack se volcara de cuclillas a toda velocidad, para encontrarse con una bestia totalmente negra, con cara de perro y cuerpo de ternero, mirándolo fijamente a la distancia en que los alientos se confunden.
Sin distraer su mirada de los ojos del can que lo observaba imnóticamente, pudo detectar una figura pequeña que se acercaba por detrás.
- Blacky, no hostigues a ese caballero
La figura se detuvo y el enorme perro giro toda su animalidad frente al controlado Jack, pegándole fuertemente con su cola al pasar.
- ¿Perdón? ¿Buenas noches, puedo ayudarla?
- Mi nombre es Anga, la Doctora Anga Priario y estoy en busca de Chester
La voz algo chillona de la pequeña dama volvió a cortar el encanto del atardecer.
- Jack, Jack Winwar doctora, Chester debe estar dentro, en alguna parte, si gusta la acompaño en su búsqueda.
Al ponerse de pie, el tamaño de la mujer se hacia mas minúsculo aún y el del perro confirmaba la visión inicial. Era una bestia desproporcionadamente grande y se movía en total armonía con su ama.
Jack camino y observo en silencio, dejando atrás los encantos de otro atardecer y dispuesto a desprenderse con la misma premura de las visitas en manos de su amigo.
La cena sobrevino y a la mesa serian tres, mas el muy cercano can, que no se separaba un segundo de la Dra. Priario.
Jack que gustaba de ser observador como ingrediente imprescindible de su siempre fluida crítica, se vió sorprendido por las grandes patas del animal y sus peculiarmente limadas uñas.
Blacky, como lo llamaban, era una especie de Gran Danés, con menos huesos a la vista y cabeza de Mastín Napolitano o Fila Brasileño.
Su tamaño en dos patas casi doblaba en altura a la distinguida dama; ambos (el perro y la dama) tenían el pelo azabache y parecían haber sincronizado su energía en cada movimiento.
El vino impuso un impass de relax al trío, que había recaído en más de una oportunidad hacia la critica de algunas costumbres no muy higiénicas del dueño de casa.
Esto jamás ofendía a Chester, auto reconocido y orgulloso cochino en algunas prácticas, lo cual agregaba bromas de Jack al respecto y repugnaba a la doctora sobremanera.
Así como Chester se enorgullecía de sus sandeces, Jack lo hacía del contenido sexual de sus pensamientos y algo le impedía dejar pasar el detalle de las uñas de Blacky, que denunciaba, para su mente perversa, una sincronización extendida de éste con su dueña.
La Dra.Priario era una flor de larga cosecha en el jardín de Chester, por lo cual dos cosas estaban claras: la fama de Jack ya había llegado a sus oídos y Jack sabia que a Chester no le molestarían sus futuros comentarios hacia la dama.
Aprovechando el asco flotante en el aire, que contrarrestaba todo el placer que una buena cena podía brindar; atentos a la presencia del perro a la mesa y a fin de ahorrar camino hacia su indagación, Jack eligió un viejo chiste de muy mal gusto para entrar en tema.
- Allá en la campiña de uno de esos tantos países que he conocido en la lejana Latinoamérica, se dice que los hombres de campo, acostumbran tener sexo con animales, algo así como Zoofilia se llama ¿verdad?
Chester confirmó el término y el lado derecho de su cara esbozo una sonrisa pícara que Jack entendió inmediatamente como un – adelante!.
- Parece que en sus días de zafra, en arrozales, yerra, trigo o monte, los hombres cortaban sus meses de “sequedad sexual” con algunos animalejos de granja disponibles.
Sin nauseas a la vista, la cara de la Dra.Priario se transformaba en un gesto petrificado que incluía dos ojos oscuros y muy profundos que no se separaban un segundo de los de Jack.
- A propósito de esos tiempos lejanos, donde el ser humano aun no gozaba de nuestro nivel de civilización y glamour, me viene a la mente uno de esos chistes clásicos de aquellas tierras!
- Vamos mi amigo, deléitanos! – azuzó Chester sin mirar ni por un segundo a la damisela.
- Estaban cuatro gauchos – así se llama esta gente por aquellas tierras, gaucho - una noche fría en un galpón, acompañando sus horas previas al sueño con Caña, cuando comenzaron a recordar experiencias y anécdotas, a fin de dar calor a otras partes de su cuerpo…
Jack busco utilizar palabras a la altura de los invitados a la mansión en el comienzo del chiste, ya que tenia muy claro que para la siguiente parte, no había sinónimos delicados que acompañaran el sentir del cuento.
Imitando un tono desconocido para la Srta.Priario, que aclaro era de uso habitual en aquellos casi neardentales zoofílicos, continuó el cuento con expresa crueldad:
- Gaucho 1 – Escushidiiiiiiiiisa la Oveja!! – expreso con gracia, al tiempo que las manos de Jack parecían tomar algo frente a él con fuerza y arrastrarlo hacia su ingle.
- Gaucho 2 – Perseguidoooooooora la chancha!! – cambio de voz, mientras acompañando el sentido Jack miraba hacia atrás quebrando la cintura hacia delante.
- Gaucho 3 – Calentiiiiiiiita la Yegua!! – expreso con una tercera voz altisonante, acompañando con un movimiento lateral de caderas y unos brazos en forma de jarro.
- Gaucho 4 – Seco el culo e perro!!!
Chester exploto en una carcajada que Jack acompaño con la misma sonrisa que traía durante el chiste, al tiempo que los ojos de la doctora parecían salirse de su órbita y su cuerpo inmóvil era incapaz de expresar todo lo que por dentro la procesión llevaba.
Black exploto en ladridos saliendo de debajo de la mesa, al influjo de las risotadas y la segura secreción de feromonas de odio que su ama era impotente de contener.
- Es un chiste muy cruel – dijo Jack sacudiendo la cabeza, mientras Chester se limpiaba las lágrimas.
- La verdad es que los detalles sobre las ovejas, chanchas y yeguas son muy interesantes, pero lo del perro, eso no se vale.
- Puedo asegurarle que los detalles no me interesan Sr.Winwar!!!
- Pero hay mucho de cultura en ello Dra.Priario, permítame iluminarla….
- Definitivamente no!! – dijo Anga Priario al tiempo que de un salto se ponía de pie y mirando con desdén a Chester que exageraba su indiferencia, le dijo:
- Te espero arriba!!
Chester no pudo menos que sorprenderse con la invitación; la Doctora jamás había subido a su alcoba en mucho tiempo de corteses atenciones y hoy, tras un cuento asqueroso y fuera de lugar de Jack, la dama contorneaba sus pocos kilos en la escalera.
- mmm, que fresco esta aquí arriba, que buen aire corre – dejo escapar la damisela desde el segundo piso.
- Espero no desilusionarla profundamente, pero ese es MI dormitorio - le dijo Jack conteniendo la risa – Siga subiendo, el aire mejora a cada paso!
- Hummm – dando media vuelta con el mentón muy en alto, la doctora Priario dejo sonar fuerte sus zapatos en el siguiente tramo de la escalera.
- Fue mucho? – pregunto Jack a su amigo con un guiño de ojo.
- No mi amigo, estuvo muy bien, nunca se me habría ocurrido esa táctica para llevarla por fin a mi cama!! Espero no me pida sexo animal!! O me termine limando las uñas a mi también.
La alcancía de atardeceres de Jack se ganaba un sol más, lejos de casa.
Un ladrido tan potente como inesperado, hizo que Jack se volcara de cuclillas a toda velocidad, para encontrarse con una bestia totalmente negra, con cara de perro y cuerpo de ternero, mirándolo fijamente a la distancia en que los alientos se confunden.
Sin distraer su mirada de los ojos del can que lo observaba imnóticamente, pudo detectar una figura pequeña que se acercaba por detrás.
- Blacky, no hostigues a ese caballero
La figura se detuvo y el enorme perro giro toda su animalidad frente al controlado Jack, pegándole fuertemente con su cola al pasar.
- ¿Perdón? ¿Buenas noches, puedo ayudarla?
- Mi nombre es Anga, la Doctora Anga Priario y estoy en busca de Chester
La voz algo chillona de la pequeña dama volvió a cortar el encanto del atardecer.
- Jack, Jack Winwar doctora, Chester debe estar dentro, en alguna parte, si gusta la acompaño en su búsqueda.
Al ponerse de pie, el tamaño de la mujer se hacia mas minúsculo aún y el del perro confirmaba la visión inicial. Era una bestia desproporcionadamente grande y se movía en total armonía con su ama.
Jack camino y observo en silencio, dejando atrás los encantos de otro atardecer y dispuesto a desprenderse con la misma premura de las visitas en manos de su amigo.
La cena sobrevino y a la mesa serian tres, mas el muy cercano can, que no se separaba un segundo de la Dra. Priario.
Jack que gustaba de ser observador como ingrediente imprescindible de su siempre fluida crítica, se vió sorprendido por las grandes patas del animal y sus peculiarmente limadas uñas.
Blacky, como lo llamaban, era una especie de Gran Danés, con menos huesos a la vista y cabeza de Mastín Napolitano o Fila Brasileño.
Su tamaño en dos patas casi doblaba en altura a la distinguida dama; ambos (el perro y la dama) tenían el pelo azabache y parecían haber sincronizado su energía en cada movimiento.
El vino impuso un impass de relax al trío, que había recaído en más de una oportunidad hacia la critica de algunas costumbres no muy higiénicas del dueño de casa.
Esto jamás ofendía a Chester, auto reconocido y orgulloso cochino en algunas prácticas, lo cual agregaba bromas de Jack al respecto y repugnaba a la doctora sobremanera.
Así como Chester se enorgullecía de sus sandeces, Jack lo hacía del contenido sexual de sus pensamientos y algo le impedía dejar pasar el detalle de las uñas de Blacky, que denunciaba, para su mente perversa, una sincronización extendida de éste con su dueña.
La Dra.Priario era una flor de larga cosecha en el jardín de Chester, por lo cual dos cosas estaban claras: la fama de Jack ya había llegado a sus oídos y Jack sabia que a Chester no le molestarían sus futuros comentarios hacia la dama.
Aprovechando el asco flotante en el aire, que contrarrestaba todo el placer que una buena cena podía brindar; atentos a la presencia del perro a la mesa y a fin de ahorrar camino hacia su indagación, Jack eligió un viejo chiste de muy mal gusto para entrar en tema.
- Allá en la campiña de uno de esos tantos países que he conocido en la lejana Latinoamérica, se dice que los hombres de campo, acostumbran tener sexo con animales, algo así como Zoofilia se llama ¿verdad?
Chester confirmó el término y el lado derecho de su cara esbozo una sonrisa pícara que Jack entendió inmediatamente como un – adelante!.
- Parece que en sus días de zafra, en arrozales, yerra, trigo o monte, los hombres cortaban sus meses de “sequedad sexual” con algunos animalejos de granja disponibles.
Sin nauseas a la vista, la cara de la Dra.Priario se transformaba en un gesto petrificado que incluía dos ojos oscuros y muy profundos que no se separaban un segundo de los de Jack.
- A propósito de esos tiempos lejanos, donde el ser humano aun no gozaba de nuestro nivel de civilización y glamour, me viene a la mente uno de esos chistes clásicos de aquellas tierras!
- Vamos mi amigo, deléitanos! – azuzó Chester sin mirar ni por un segundo a la damisela.
- Estaban cuatro gauchos – así se llama esta gente por aquellas tierras, gaucho - una noche fría en un galpón, acompañando sus horas previas al sueño con Caña, cuando comenzaron a recordar experiencias y anécdotas, a fin de dar calor a otras partes de su cuerpo…
Jack busco utilizar palabras a la altura de los invitados a la mansión en el comienzo del chiste, ya que tenia muy claro que para la siguiente parte, no había sinónimos delicados que acompañaran el sentir del cuento.
Imitando un tono desconocido para la Srta.Priario, que aclaro era de uso habitual en aquellos casi neardentales zoofílicos, continuó el cuento con expresa crueldad:
- Gaucho 1 – Escushidiiiiiiiiisa la Oveja!! – expreso con gracia, al tiempo que las manos de Jack parecían tomar algo frente a él con fuerza y arrastrarlo hacia su ingle.
- Gaucho 2 – Perseguidoooooooora la chancha!! – cambio de voz, mientras acompañando el sentido Jack miraba hacia atrás quebrando la cintura hacia delante.
- Gaucho 3 – Calentiiiiiiiita la Yegua!! – expreso con una tercera voz altisonante, acompañando con un movimiento lateral de caderas y unos brazos en forma de jarro.
- Gaucho 4 – Seco el culo e perro!!!
Chester exploto en una carcajada que Jack acompaño con la misma sonrisa que traía durante el chiste, al tiempo que los ojos de la doctora parecían salirse de su órbita y su cuerpo inmóvil era incapaz de expresar todo lo que por dentro la procesión llevaba.
Black exploto en ladridos saliendo de debajo de la mesa, al influjo de las risotadas y la segura secreción de feromonas de odio que su ama era impotente de contener.
- Es un chiste muy cruel – dijo Jack sacudiendo la cabeza, mientras Chester se limpiaba las lágrimas.
- La verdad es que los detalles sobre las ovejas, chanchas y yeguas son muy interesantes, pero lo del perro, eso no se vale.
- Puedo asegurarle que los detalles no me interesan Sr.Winwar!!!
- Pero hay mucho de cultura en ello Dra.Priario, permítame iluminarla….
- Definitivamente no!! – dijo Anga Priario al tiempo que de un salto se ponía de pie y mirando con desdén a Chester que exageraba su indiferencia, le dijo:
- Te espero arriba!!
Chester no pudo menos que sorprenderse con la invitación; la Doctora jamás había subido a su alcoba en mucho tiempo de corteses atenciones y hoy, tras un cuento asqueroso y fuera de lugar de Jack, la dama contorneaba sus pocos kilos en la escalera.
- mmm, que fresco esta aquí arriba, que buen aire corre – dejo escapar la damisela desde el segundo piso.
- Espero no desilusionarla profundamente, pero ese es MI dormitorio - le dijo Jack conteniendo la risa – Siga subiendo, el aire mejora a cada paso!
- Hummm – dando media vuelta con el mentón muy en alto, la doctora Priario dejo sonar fuerte sus zapatos en el siguiente tramo de la escalera.
- Fue mucho? – pregunto Jack a su amigo con un guiño de ojo.
- No mi amigo, estuvo muy bien, nunca se me habría ocurrido esa táctica para llevarla por fin a mi cama!! Espero no me pida sexo animal!! O me termine limando las uñas a mi también.
enero 17, 2011
El poder de la discreción - Jack el Inescrupuloso
Chester Mickelson festejaba sus 46 años, eso significaba para Jack, un ticket directo a Brest, en la Bretaña Francesa.
Había 4 fechas que cada año lo llevaban a acudir sin demora a diferentes partes del globo y esta era una de las primeras. Hacía casi 25 años que repetía ese clásico.
Siendo un hombre totalmente exento de rutinas, le gustaba abrazarse de esas pocas cosas que lo acercaban en cierta forma a las costumbres humanas, aunque en realidad, por su excentricidad, el contenido embebido en ellas y la religiosidad auténtica con la que los cumplía, volvía a separarle de la manada.
Cada fin de Marzo se fumaba unas pitadas de habano Don Juan en honor a un amigo que tal vez lo haría en silencio y al mismo tiempo allá por Miami.
Cada fin de Setiembre disfrutaba de su pipa grabada con la leyenda “para mi único amor”.
Cada fin de Mayo recordaba los días mozos que lo unieron a la primera mujer que amó y cada fin de Abril entregaba a la distancia una sonrisa a la segunda mujer de su vida.
Las reuniones de Chester se llevaban un premio especial.
Cada año traía a la misma gente a su casa, como resucitados de diferentes partes del planeta. Gente que no se hablaba en todo el año, acudía sin invitación previa, sin horario preestablecido y por supuesto, sin regalo.
A la muchedumbre conocida que se iba envejeciendo al paso del tiempo, se sumaban dos o tres extraños, especímenes nuevos, adquisiciones recientes de ese último año, que ante el espasmo que les causaba el arremolinar de recuerdos y situaciones imposibles de adivinar entre los viejos amigos, trataba de mantener su posición de presente y defender su espacio ganado.
Para Jack era como pasearse por un escaparate de su pasado, agregando experiencia para próximos eventos y disfrutando del poder de la discreción, que encontraba en aquellas fiestas, su más indudable confirmación.
Rostilasia, si, la que recordaran por la historia del pelo en sus pezones, era una de las “convidadas de piedra" a esta reunión. Ahora con su pareja regordeta y su novedad de parturienta potencial.
Su sonrisa de siempre, cómplice y agradecida, era recibida y devuelta por Jack con real pureza.
También llegaría Madame Trousand, una psíquica con dotes de bruja y pelo locamente rizado de color muy negro, compañera de terapias del dueño de casa.
Con ella, Jack recordaba haber tenido las sesiones de sexo más risueñas jamás vividas.
Había sido asombroso extender juegos alrededor de toda la habitación, sin parar de hablar y sin parar de reír.
Jack jamás entendería como en esa situación, había podido mantener una erección de aquellas dimensiones; y Madame Trousand que se encargaba de esquivar aquello que le gustaba por defecto profesional, sonreía con ojos picaros y chispeantes cada vez que Jack con desvergüenza total la miraba o le insinuaba descaradamente una invitación a repetir las lúdicas, risueñas y terapéuticas prácticas.
No faltaría sin duda Jean Marie De Treviant; una especie de desatinada diosa hindú, que parecía empeñar sus días en desmejorar su apariencia con ropas de tercera mano y en guerra declarada contra todo maquillaje o bijouterie existente.
Con ella, en total secreto, por años practicaron una especie de sexo tántrico, sin penetración ni contactos púbicos, donde las caricias, el roce de los cuerpos y las palabras dichas y murmuradas, constituían el arte orgásmico que llevaban a aquella mujer a su climax.
Veronique tampoco faltó.
Años atrás llegó como una de las nuevas amistades, de visita con una amiga Australiana que estaba de paso por la ciudad. Traían en sus manos un Didgeridoo, larguísimo instrumento nativo de la isla continente, que destilaba graves y misteriosos sonidos al ser soplado místicamente.
A oscuras, mientras la australiana danzaba movimientos ancestrales en el improvisado escenario del comedor de la casa de Chester, Veronique soplaba el Didgeridoo con pasión.
Solo verla con su chalina azul brillante y aquel instrumento tan grande en su boca, fue para Jack conmovedor, al punto que no pudo evitar invitarla a dormir esa noche en su cama.
Solo durmieron, y ninguno de ambos pudo creerlo al despertar al día siguiente.
El crepúsculo de entonces los llevo a caminar por el Faro de Trezien , disfrutando como las figuras de los barcos se dibujaban en la hermosa puesta de sol.
Había 4 fechas que cada año lo llevaban a acudir sin demora a diferentes partes del globo y esta era una de las primeras. Hacía casi 25 años que repetía ese clásico.
Siendo un hombre totalmente exento de rutinas, le gustaba abrazarse de esas pocas cosas que lo acercaban en cierta forma a las costumbres humanas, aunque en realidad, por su excentricidad, el contenido embebido en ellas y la religiosidad auténtica con la que los cumplía, volvía a separarle de la manada.
Cada fin de Marzo se fumaba unas pitadas de habano Don Juan en honor a un amigo que tal vez lo haría en silencio y al mismo tiempo allá por Miami.
Cada fin de Setiembre disfrutaba de su pipa grabada con la leyenda “para mi único amor”.
Cada fin de Mayo recordaba los días mozos que lo unieron a la primera mujer que amó y cada fin de Abril entregaba a la distancia una sonrisa a la segunda mujer de su vida.
Las reuniones de Chester se llevaban un premio especial.
Cada año traía a la misma gente a su casa, como resucitados de diferentes partes del planeta. Gente que no se hablaba en todo el año, acudía sin invitación previa, sin horario preestablecido y por supuesto, sin regalo.
A la muchedumbre conocida que se iba envejeciendo al paso del tiempo, se sumaban dos o tres extraños, especímenes nuevos, adquisiciones recientes de ese último año, que ante el espasmo que les causaba el arremolinar de recuerdos y situaciones imposibles de adivinar entre los viejos amigos, trataba de mantener su posición de presente y defender su espacio ganado.
Para Jack era como pasearse por un escaparate de su pasado, agregando experiencia para próximos eventos y disfrutando del poder de la discreción, que encontraba en aquellas fiestas, su más indudable confirmación.
Rostilasia, si, la que recordaran por la historia del pelo en sus pezones, era una de las “convidadas de piedra" a esta reunión. Ahora con su pareja regordeta y su novedad de parturienta potencial.
Su sonrisa de siempre, cómplice y agradecida, era recibida y devuelta por Jack con real pureza.
También llegaría Madame Trousand, una psíquica con dotes de bruja y pelo locamente rizado de color muy negro, compañera de terapias del dueño de casa.
Con ella, Jack recordaba haber tenido las sesiones de sexo más risueñas jamás vividas.
Había sido asombroso extender juegos alrededor de toda la habitación, sin parar de hablar y sin parar de reír.
Jack jamás entendería como en esa situación, había podido mantener una erección de aquellas dimensiones; y Madame Trousand que se encargaba de esquivar aquello que le gustaba por defecto profesional, sonreía con ojos picaros y chispeantes cada vez que Jack con desvergüenza total la miraba o le insinuaba descaradamente una invitación a repetir las lúdicas, risueñas y terapéuticas prácticas.
No faltaría sin duda Jean Marie De Treviant; una especie de desatinada diosa hindú, que parecía empeñar sus días en desmejorar su apariencia con ropas de tercera mano y en guerra declarada contra todo maquillaje o bijouterie existente.
Con ella, en total secreto, por años practicaron una especie de sexo tántrico, sin penetración ni contactos púbicos, donde las caricias, el roce de los cuerpos y las palabras dichas y murmuradas, constituían el arte orgásmico que llevaban a aquella mujer a su climax.
Veronique tampoco faltó.
Años atrás llegó como una de las nuevas amistades, de visita con una amiga Australiana que estaba de paso por la ciudad. Traían en sus manos un Didgeridoo, larguísimo instrumento nativo de la isla continente, que destilaba graves y misteriosos sonidos al ser soplado místicamente.
A oscuras, mientras la australiana danzaba movimientos ancestrales en el improvisado escenario del comedor de la casa de Chester, Veronique soplaba el Didgeridoo con pasión.
Solo verla con su chalina azul brillante y aquel instrumento tan grande en su boca, fue para Jack conmovedor, al punto que no pudo evitar invitarla a dormir esa noche en su cama.
Solo durmieron, y ninguno de ambos pudo creerlo al despertar al día siguiente.
El crepúsculo de entonces los llevo a caminar por el Faro de Trezien , disfrutando como las figuras de los barcos se dibujaban en la hermosa puesta de sol.
Hasta allí llego su asombro, y en las mismas rocas, cuando ya el sol no tenía un espectáculo para entregarles, se participaron de los milagros que guardaban desde la noche anterior.
Todas estaban allí, ninguna sabia de la otra, ninguna esperaba quedarse esa noche.
Una nueva amistad llegaría y tenía por esos días el sitio reservado.
Todas estaban allí, ninguna sabia de la otra, ninguna esperaba quedarse esa noche.
Una nueva amistad llegaría y tenía por esos días el sitio reservado.
Era una francesita de nombre Cloe, que traía a Jack arrastrándose por el camino de los desvalidos con su cuerpo joven, como casita de muñecas, listo para jugar con todo en su lugar.
Su pelo lacio rubio, enmarcaba su cara delicada, su nariz perfecta y sus ojos azul claro.
Su cuerpo que parecía a estrenar, se convertía en una fiera incontrolable en la intimidad.
Todo daba a entender, que en sus cortos años, no habría podido aprender todo lo que bien sabía disfrutar.
Cloe llego con una amiga, que al venir desde lejos, compartiría esa noche con ellos.
La fiesta avanzó, los amigotes de siempre fueron cayendo de a uno y marcharon, con excepción del mastodonte John Paxton, que como cada año, quedo tirado al costado de un balde con sus inmundicias, en el patio trasero.
Jack refresco el abrazo a su pasado un año mas; sonrió y vivió por instantes el cruce de miradas llenas de pasión y respeto que cada una de las asistentes le regalaba.
Al final, en el living pequeño de la planta inferior, solo quedaban 6 personas.
Jack, Chester, su novia, Cloe, su amiga y dos viejos vagos, allegados de la infancia de Chester, que desconocían las reglas de la casa...al menos esas que regían los últimos 20 años.
La lascivia babeaba los sillones, los vagos entibiaban sus ganas de llevarse las joyas de la noche. Chester estaba con su novia y Jack era siempre presentado como aquel entrañable amigo que llega muy de vez en cuando y no falta a ningún cumpleaños.
Era seguro que las dos princesas estaban disponibles y los vagos confiaban en que el mucho alcohol que habían vertido por sus vírgenes cuerpos les jugaría a favor.
Jack había visto esa película muchas veces, mantenía la distancia y dejaba que las chicas juguetearan con los pichones, como lo hacen dos expertas gatas, con dos míseros ratones.
Cuando todo estuvo listo, y solo quedaba que los roedores mordieran el queso y se tiraran al agua, Jack les ahorro el golpe.
Tranquilamente subió las escaleras hasta la segunda planta donde estaba su habitación y a través del balcón interior que daba al espacioso living, cometió un acto tan natural como demoníaco:
- Chicas, hora de ir a la cama.
Cloe y su amiga sonrieron con sus caritas mirando al cielo, mientras los vagos trataban de manejar sus gestos alcohólicos y descolocados.
Con la misma sensualidad que habían filtreado con los ratoncitos, se levantaron rápidamente y repartieron besos y sonrisas, deseándoles las buenas noches.
Jack contuvo las carcajadas que le ardían por dentro, mientras los ojos desconcertados de los vagos veían las dos figuras contornearse de camino a la escalera.
No los volvió a mirar cuando cerro la puerta tras de ellas.
Chester no pudo menos que consolar a sus amigos de la niñez explicándoles que todo estaba maquiavelicamente preparado desde hacia mucho, aun cuando nadie en la fiesta podría haberlo adivinado.
Consuelo que no alcanzó, pero que al menos trajo a tierra un evento novelesco, que por un momento, les había partido su cabeza…y su corazón.
Su pelo lacio rubio, enmarcaba su cara delicada, su nariz perfecta y sus ojos azul claro.
Su cuerpo que parecía a estrenar, se convertía en una fiera incontrolable en la intimidad.
Todo daba a entender, que en sus cortos años, no habría podido aprender todo lo que bien sabía disfrutar.
Cloe llego con una amiga, que al venir desde lejos, compartiría esa noche con ellos.
La fiesta avanzó, los amigotes de siempre fueron cayendo de a uno y marcharon, con excepción del mastodonte John Paxton, que como cada año, quedo tirado al costado de un balde con sus inmundicias, en el patio trasero.
Jack refresco el abrazo a su pasado un año mas; sonrió y vivió por instantes el cruce de miradas llenas de pasión y respeto que cada una de las asistentes le regalaba.
Al final, en el living pequeño de la planta inferior, solo quedaban 6 personas.
Jack, Chester, su novia, Cloe, su amiga y dos viejos vagos, allegados de la infancia de Chester, que desconocían las reglas de la casa...al menos esas que regían los últimos 20 años.
La lascivia babeaba los sillones, los vagos entibiaban sus ganas de llevarse las joyas de la noche. Chester estaba con su novia y Jack era siempre presentado como aquel entrañable amigo que llega muy de vez en cuando y no falta a ningún cumpleaños.
Era seguro que las dos princesas estaban disponibles y los vagos confiaban en que el mucho alcohol que habían vertido por sus vírgenes cuerpos les jugaría a favor.
Jack había visto esa película muchas veces, mantenía la distancia y dejaba que las chicas juguetearan con los pichones, como lo hacen dos expertas gatas, con dos míseros ratones.
Cuando todo estuvo listo, y solo quedaba que los roedores mordieran el queso y se tiraran al agua, Jack les ahorro el golpe.
Tranquilamente subió las escaleras hasta la segunda planta donde estaba su habitación y a través del balcón interior que daba al espacioso living, cometió un acto tan natural como demoníaco:
- Chicas, hora de ir a la cama.
Cloe y su amiga sonrieron con sus caritas mirando al cielo, mientras los vagos trataban de manejar sus gestos alcohólicos y descolocados.
Con la misma sensualidad que habían filtreado con los ratoncitos, se levantaron rápidamente y repartieron besos y sonrisas, deseándoles las buenas noches.
Jack contuvo las carcajadas que le ardían por dentro, mientras los ojos desconcertados de los vagos veían las dos figuras contornearse de camino a la escalera.
No los volvió a mirar cuando cerro la puerta tras de ellas.
Chester no pudo menos que consolar a sus amigos de la niñez explicándoles que todo estaba maquiavelicamente preparado desde hacia mucho, aun cuando nadie en la fiesta podría haberlo adivinado.
Consuelo que no alcanzó, pero que al menos trajo a tierra un evento novelesco, que por un momento, les había partido su cabeza…y su corazón.
enero 16, 2011
Una experiencia en Rojo y Café - Jack el Inescrupuloso
La mañana amanecía cálida y con ojos cansados de vivir las calles de Ciudad de México, donde la raza y el tráfico se “hacen bola” y vuelven insoportables.
Era una mañana feliz, Jack se embarcaría en un vuelo de Taca con escala en San José de Costa Rica y destino final San Salvador.
En el semblante del viajante constructor de hogares, se mezclaba la euforia madura de abandonar una vez mas esa ciudad que tanto lo veía de visita, con el desánimo de estar a mitad de semana, mitad de viajes, de esos que lo llevaban dos días a cada país cuando se trataba de trotar América Central y el Caribe.
Un Airbus 319 pequeño, auguraba una muchedumbre ruidosa viajando entre tres países del tercer mundo, muchos bolsos multicolores, olores penetrantes y desorden al abordaje.
En el semblante del viajante constructor de hogares, se mezclaba la euforia madura de abandonar una vez mas esa ciudad que tanto lo veía de visita, con el desánimo de estar a mitad de semana, mitad de viajes, de esos que lo llevaban dos días a cada país cuando se trataba de trotar América Central y el Caribe.
Un Airbus 319 pequeño, auguraba una muchedumbre ruidosa viajando entre tres países del tercer mundo, muchos bolsos multicolores, olores penetrantes y desorden al abordaje.
Viajaba en pasillo a la mitad del avión, líneas de tres asientos a ambos lados, sin mayores pretensiones para un vuelo de 2 horas, que nunca llegaría a inquietarlo.
A su lado, llego una mujer de cuerpo trabajado, por las manos de muchos hombres en sus cortos treinta y algo de años, con su pelo lacio hasta la cintura, pantalones de los que parecen ser parte de una masturbación contínua y algunos bultos no deseados contenidos por ajustadas prendas negras.
En el pasillo de enfrente, una anciana de unos 70 años, con cara de abuelita simpática y dicharachera y en el asiento del medio de esa misma fila, iba ella, “Mamuasel Ivette”, una niña de 22 años, piel naturalmente tostada por el sol, ojos y boca nativos y una figura estilizada pero no abusiva, que bien se escondía bajo un par de jeans sueltos y una blusita de “nena de mamá y papá”.
En el pasillo de enfrente, una anciana de unos 70 años, con cara de abuelita simpática y dicharachera y en el asiento del medio de esa misma fila, iba ella, “Mamuasel Ivette”, una niña de 22 años, piel naturalmente tostada por el sol, ojos y boca nativos y una figura estilizada pero no abusiva, que bien se escondía bajo un par de jeans sueltos y una blusita de “nena de mamá y papá”.
Ella lo miró antes de tomar asiento, y el ya sabia que probaría un nuevo color de piel muy pronto.
Ambas viajaban juntas, ambas pasajeras de asiento del medio, lo cual significaba una mezcla de tutora y aprendiz para los ojos experientes de Jack.
La voluptuosa era la típica lengua larga, en la buena acepción de la palabra. De aquellas que hablan hasta por lo codos y que al influjo del buen compañero de viaje, contaba su historia como si dos horas de vuelo, no fueran a ser suficientes. Una historia tan repetida que seguramente para ella, tenia un gran contenido de verdad, pero que Jack solo siguió con recortado interés y creyó para comodidad de su acompañante, parte importante de la estrategia para llegar a los ojos ticos que “como sin querer” lo miraban desde enfrente.
Con una hora de vuelo, la “coiffeur” que tenía un alemanzote rico esperándola en su casa de campo de las afueras de San José, ya estaba lista para entregarse a los brazos del forastero, pero Jack, fue muy claro en su interés por la otra niña.
Ambas viajaban juntas, ambas pasajeras de asiento del medio, lo cual significaba una mezcla de tutora y aprendiz para los ojos experientes de Jack.
La voluptuosa era la típica lengua larga, en la buena acepción de la palabra. De aquellas que hablan hasta por lo codos y que al influjo del buen compañero de viaje, contaba su historia como si dos horas de vuelo, no fueran a ser suficientes. Una historia tan repetida que seguramente para ella, tenia un gran contenido de verdad, pero que Jack solo siguió con recortado interés y creyó para comodidad de su acompañante, parte importante de la estrategia para llegar a los ojos ticos que “como sin querer” lo miraban desde enfrente.
Con una hora de vuelo, la “coiffeur” que tenía un alemanzote rico esperándola en su casa de campo de las afueras de San José, ya estaba lista para entregarse a los brazos del forastero, pero Jack, fue muy claro en su interés por la otra niña.
Habilidosa y complaciente, la mujer de amplia charla, empezó a incitar el ánimo de aquella, que se mostraba falsamente tímida, mientras la abuelita que sin querer estaba al medio del show, miraba a un lado y otro y sonreía sonrojada.
- ella quiere que yo me quede en San José, pero yo solo haría eso si tu me lo pides.
Dijo Jack, en medio del avión atestado de gente.
- ella quiere que yo me quede en San José, pero yo solo haría eso si tu me lo pides.
Dijo Jack, en medio del avión atestado de gente.
La abuelita codeo a la niña y en esos gestos inigualablemente espontáneos le abrió los ojos como diciéndole, “dale nena, aprovecha”.
Ella sonrió con sus labios gruesos, miro con sus ojos oscuros grandes y profundos e hizo algunos gestos como restándole importancia a la situación.
El vuelo siguió, los comentarios cruzados se pusieron mas participativos y Jack mantuvo su “franqueza directa al mentón” hasta el momento de aterrizar.
El vuelo siguió, los comentarios cruzados se pusieron mas participativos y Jack mantuvo su “franqueza directa al mentón” hasta el momento de aterrizar.
Tenerla pegada a su cuerpo, ayudarla a descargar sus muchos paquetes del portaequipajes y rozar su pelo rizado, largo y azabache, terminaron de confirmarle a Jack, lo que el futuro que tenia deparado.
El pasaría a su puerta, en tránsito hacia San Salvador, ella, debía salir por migraciones para llegar a su hogar.
El pasaría a su puerta, en tránsito hacia San Salvador, ella, debía salir por migraciones para llegar a su hogar.
Caminaron unos 30 metros uno al lado del otro, casi sin hablar, desde la manga a la puerta de salida.
Se enfrentaron, Jack la tomo de la cintura perfecta, rozando su piel que se extendía cada vez mas entre la blusa y el jeans sin cinturón, al tiempo que ella se ponía de punta de pies, para mirada mediante, besarlo como si lo amara de toda su vida.
Paso un tiempo hasta que Jack voló a San Jose en su búsqueda.
El hotel de turno era una preciosa casa Inglesa del siglo XVIII, objeto de una remodelación prolija y destino de un ambiente tan afable como distinguido.
Paso un tiempo hasta que Jack voló a San Jose en su búsqueda.
El hotel de turno era una preciosa casa Inglesa del siglo XVIII, objeto de una remodelación prolija y destino de un ambiente tan afable como distinguido.
Los huéspedes mediaban los 60 años y la tardecita se poblaba de gente refinada que venia a tomar el té, buscando en su restaurante del patio interior, un pedacito de alguna Colonia Británica en algún tropical país africano.
Ivette llego a la noche, impresionante, escandalosa, con unos jeans que asimilaban su piel, unas largas botas hasta la rodilla y una chaqueta tan roja y brillante como el lápiz labial que contrastaba sus dientes impecables en su rostro de sabroso color café.
Ivette llego a la noche, impresionante, escandalosa, con unos jeans que asimilaban su piel, unas largas botas hasta la rodilla y una chaqueta tan roja y brillante como el lápiz labial que contrastaba sus dientes impecables en su rostro de sabroso color café.
Era obvio que no pasaría desapercibida.
Una delicada mesa del restaurante fue servida por dos y tres mozos, que ya habían charlado con Jack en sus pasajes previos por el bar y que ahora, entre envidia y admiración, lo miraban con ojos chispeantes, adivinando lo que aquella noche alguna habitación de la vieja mansión viviría.
Ella comió poco y tomo menos, pronto lo miro con sus cortos años y su larga experiencia y le dijo:
Ella comió poco y tomo menos, pronto lo miro con sus cortos años y su larga experiencia y le dijo:
- no me mostraras tu habitación?
No eran mas de las 9 de la noche, algo temprano para invadir aquel espacio de los ruidos de batalla, pero ambos se lo merecían, habían esperado bastante desde su despedida en el aeropuerto y los poros eran pequeños para todo lo que exhalaban sus cuerpos.
La habitación, era como el hotel, un pequeño altillo, decorado dos siglos atrás, con muchos almohadones, cuadritos enternecedores y un desplegar de sabanas, colchas, edredón y pie de cama, cada cual mas blanco o brillante.
La habitación, era como el hotel, un pequeño altillo, decorado dos siglos atrás, con muchos almohadones, cuadritos enternecedores y un desplegar de sabanas, colchas, edredón y pie de cama, cada cual mas blanco o brillante.
Ella, estaba en medio de su período, pero ninguno de los dos podían preverlo, ni soportarían limitaciones.
Jack fue Drácula por un rato, ella fue Gatúbela toda la noche, el cuerpo desnudo en la penunbra, la piel suave y sedosa, la cintura corvada y los muslos fuertes y apretados al influjo del viboreante éxtasis.
La batalla duro hasta que todo el hotel dormía.
Jack descanso como un ángel, viendo a aquella niña dormir a su lado, con sus labios carnosos ya sin rouge, con su pelo desplegado en las almohadas que habían quedado sobre la cama, con su piel aun caliente y siempre tan tan tan suave y sedosa.
Era la primera vez que se acercaba a algo así.
Jack fue Drácula por un rato, ella fue Gatúbela toda la noche, el cuerpo desnudo en la penunbra, la piel suave y sedosa, la cintura corvada y los muslos fuertes y apretados al influjo del viboreante éxtasis.
La batalla duro hasta que todo el hotel dormía.
Jack descanso como un ángel, viendo a aquella niña dormir a su lado, con sus labios carnosos ya sin rouge, con su pelo desplegado en las almohadas que habían quedado sobre la cama, con su piel aun caliente y siempre tan tan tan suave y sedosa.
Era la primera vez que se acercaba a algo así.
Ella probó que no era aprendiz de coiffeur, ni modelo de ropa interior como le había comentado al enviarle algunas fotos sofocantes entre ambos encuentros.
Se movía tal cual era de esperar y aun mejor, no había queja posible y ahora dormía con la mas merecida paz, marcando la sabana con sus curvas perfectas.
La cama era la muestra inequívoca de una matanza, las manchas rojas habían traspasado todos los niveles desde el pie de cama hasta el colchón. Dedos enloquecidos adornaban las almohadas y los bordes de la cama.
La cama era la muestra inequívoca de una matanza, las manchas rojas habían traspasado todos los niveles desde el pie de cama hasta el colchón. Dedos enloquecidos adornaban las almohadas y los bordes de la cama.
Todo cuanto estaba esparcido en la habitación era fiel testigo de una noche vivida entre dos cuerpos que ignoraron su entorno por completo.
Alguna distinguida mucama, se encargaría del desastre mientras Jack trabajaba y talvez, algún alto cargo aparecería en su cuenta al momento del check out.
Que importaba.
Ella no quiso quedarse a desayunar, se subió el cierre de su chamarra roja hasta el mentón, para que no se viera su top de encaje escotado, que la noche anterior había escandalizado a todo el hotel.
El la acompaño a la puerta, donde un taxi podría devolverla a casa.
Ella no quiso quedarse a desayunar, se subió el cierre de su chamarra roja hasta el mentón, para que no se viera su top de encaje escotado, que la noche anterior había escandalizado a todo el hotel.
El la acompaño a la puerta, donde un taxi podría devolverla a casa.
Atino a preguntar:
- ¿te ayudo con el taxi?
- Si por favor, mi casa es lejos, muy lejos de aquí.
- Cárguelo a mi cuenta por favor!! Le dijo Jack al taxista que trataba de no mirar lo mejor de aquel amanecer.
Ella lo beso en la escalera y pregunto sabiendo la mentira que el respondería:
Ella lo beso en la escalera y pregunto sabiendo la mentira que el respondería:
- Me volverás a llamar?
- Por supuesto – dijo Jack – mientras solo aquella imagen divina y el recuerdo de una noche que todavía llevaba en el olor de su piel, le permitía dudar del seguro futuro.
- Por favor, llévela con cuidado y déjela en su hogar.
- Por favor, llévela con cuidado y déjela en su hogar.
- Si señor, así será, este usted tranquilo.
Ella le regalo su última mirada desde el asiento trasero, el su última sonrisa desde el pie de la escalera, jamás se volverían a ver.
enero 13, 2011
Monte Carlo Four Party - Jack el Inescrupuloso
Su predilección por los paraísos cercanos al mar y su contínua búsqueda de construir hogares lo habían premiado con la oportunidad de escuchar los caprichos de un acaudalado cliente en la exclusiva Monte Carlo.
Los “mimos” reclamados originalmente por el prominente propietario y el control estricto de una obra que podría transformarse en uno de sus iconos creativos, lo llevo a pasar una temporada, por supuesto primaveral, en la vieja Europa.
Montó su estudio, contrato el equipo necesario y trabo sociedad de talento con una constructora local que se distinguía a la altura de seguir sus pasos.
Llegaba el verano y la obra estaba lista a estrenarse.
Los “mimos” reclamados originalmente por el prominente propietario y el control estricto de una obra que podría transformarse en uno de sus iconos creativos, lo llevo a pasar una temporada, por supuesto primaveral, en la vieja Europa.
Montó su estudio, contrato el equipo necesario y trabo sociedad de talento con una constructora local que se distinguía a la altura de seguir sus pasos.
Llegaba el verano y la obra estaba lista a estrenarse.
Los dueños soñaban con ojos abiertos su próxima vida y el lazo entre Jack y la empresa constructora había explorado los más íntimos y beneplácitos espacios.
Un par de semanas antes de abandonar su cuartel general en las tierras Monaguescas, decidió que no había mejor oportunidad para celebrar la magnifica obra y el esplendido relacionamiento que la había hecho posible.
Todos estuvieron invitados, unas 40 personas llegaron a rodear la piscina del pequeño palacete de turno, una tarde de Julio a pleno sol, con una vista afortunada del Mediterráneo que lucia casi transparente al influjo del sol del mediodía.
Todos estuvieron invitados, unas 40 personas llegaron a rodear la piscina del pequeño palacete de turno, una tarde de Julio a pleno sol, con una vista afortunada del Mediterráneo que lucia casi transparente al influjo del sol del mediodía.
Como en todas sus fiestas, nada falto y los asistentes llegaron bajo insistencia del anfitrión, acompañados de sus familias, esposas, hijos y algunos, hasta amigos.
No había limitaciones para la celebración, dentro de las reglas sobreentendidas cuando se incluían niños y la limitación natural aunque difícil de entender en el ambiente, de jamás incluir drogas.
No había limitaciones para la celebración, dentro de las reglas sobreentendidas cuando se incluían niños y la limitación natural aunque difícil de entender en el ambiente, de jamás incluir drogas.
Jack no las necesitaba y aunque respetaba los gustos de quienes podían rodearlo eventualmente, delimitaba muy bien su ambiente.
La fiesta se extendió con sus etapas hasta la noche y de a poco, las personas fueron partiendo, como piezas de ajedrez movidas por algún maestro invisible.
La fiesta se extendió con sus etapas hasta la noche y de a poco, las personas fueron partiendo, como piezas de ajedrez movidas por algún maestro invisible.
Despidiéndo sonrisas, Jack empezó a notar las miradas inquisitivas y los movimientos esquivos y disimulados de algunos de sus invitados, que trataban de adivinar un plan nunca organizado.
Marie, Constant y Deborah, rondaban la casa, simulando distracción y acompañando a los asistentes desde diferentes puertas, como si ellas fueran las próximas en salir.
Las tres damas eran parte del equipo de la empresa constructora.
Las tres damas eran parte del equipo de la empresa constructora.
Las tres damas eran amigas muy cercanas.
Las tres damas habían compartido sendas tardes, noches y mañanas con Jack en aquella primavera.
Las tres damas ignoraban la condición de las otras.
Muchos pensaran que existía una confabulación natural entre las féminas, que se divertían a escondidas contándose sus andanzas con el extranjero que tenia fecha de caducidad (boleto de vuelta), muchos seguro imaginan que se trataba no mas de unas “canitas al aire” que habían coincidido en cabeza y tiempo.
Muchos pensaran que existía una confabulación natural entre las féminas, que se divertían a escondidas contándose sus andanzas con el extranjero que tenia fecha de caducidad (boleto de vuelta), muchos seguro imaginan que se trataba no mas de unas “canitas al aire” que habían coincidido en cabeza y tiempo.
Pero lo cierto y confirmado por acumulación, era que Jack era tan discreto y generaba tanta intimidad en sus vínculos, que este tipo de circunstancias, eran totalmente posibles.
Jack no tenia plan, las damas no tenían otro mas que su asunción natural de que el caballero querría que se quedaran y cada una por un buen rato, contuvo su asombro de ver como las otras dos no se marchaban, hasta que los 4 estuvieron juntos en el living.
Fue mas fácil para Jack adivinar como el universo había alineado tantas expectativas e improvisando la calma que no del todo sentía, con su habitual caballerosidad y algunas ideas que empezaban a latir en su mente y un poco mas abajo. Construyó un ambiente compartido, donde todo parecía empezar: la oportunidad de conquistar a tres damas bonitas que casualmente adornaban su living luego de una buena fiesta veraniega, mientras la luz del atardecer enjoyaba el Mediterráneo y cuando ya no habían niños.
Cada damicela entendió el mensaje nunca dicho y actuó en consecuencia. Un aire de romance endulzaba el ambiente y ahora que el alcohol podía acompañar el desafío y la música cambiar su armonía, Jack ensayaba sus capacidades y construía nuevas.
Jack no tenia plan, las damas no tenían otro mas que su asunción natural de que el caballero querría que se quedaran y cada una por un buen rato, contuvo su asombro de ver como las otras dos no se marchaban, hasta que los 4 estuvieron juntos en el living.
Fue mas fácil para Jack adivinar como el universo había alineado tantas expectativas e improvisando la calma que no del todo sentía, con su habitual caballerosidad y algunas ideas que empezaban a latir en su mente y un poco mas abajo. Construyó un ambiente compartido, donde todo parecía empezar: la oportunidad de conquistar a tres damas bonitas que casualmente adornaban su living luego de una buena fiesta veraniega, mientras la luz del atardecer enjoyaba el Mediterráneo y cuando ya no habían niños.
Cada damicela entendió el mensaje nunca dicho y actuó en consecuencia. Un aire de romance endulzaba el ambiente y ahora que el alcohol podía acompañar el desafío y la música cambiar su armonía, Jack ensayaba sus capacidades y construía nuevas.
Era algo totalmente desconocido, “volver a enamorar” a alguien que ya había compartido su cama y mucho mas nuevo, hacerlo con tres personas al mismo tiempo, que además, vivían sus propias realidades y necesitaban de alguna forma, mantener intacta aquella discreción original.
Un espíritu lúdico logro misturar la participación, una risa continua se adueño de la habitación y desafíos enunciados como “por primera vez” marcaron la mecánica de un conocerse mas allá de lo profesional, para 4 almas que experimentaban y disfrutaban su intimidad desde hacía algún tiempo.
El gran jacuzzi de la tercer planta, preparado diabólicamente para cuatro personas por algún otro arquitecto visionario, sirvió de segundo capitulo para el juego y la amplia cama del dormitorio principal fue el campo de batalla que concreto un encuentro desvergonzado, envuelto en una magia inesperada, hechizo de bebidas espirituosas, burbujas y vapores, manipuladas vaya a saber si por hadas o por brujas.
Podría describirles con erotismo y detalle como disfrutaron su sexo, entre los cuatro. Como ni el alcohol ni el asombro pudieron minimizar el cúmulo de sensaciones inferidas por 40 dedos embarcados en un juego sudoroso. Podría detallarles como cuatro bocas no eran suficientes para saciar esa sed animal que los envolvía. Pero esto no era una noche profesional, no era una partuza buscada y planeada, solo era el escenario espontáneo de cuatro cuerpos libres.
Cuatro cuerpos naturales, cuatro almas mundanas, cuatro corazones privados por un rato de su moralidad, cuatro mentes comunes que abandonaban sus estereotipos y se dejaban llevar mano a mano, suspiro por suspiro, roce a roce en una danza desconocida.
Jack despertó a la mañana siguiente solo en su cama, entre los restos de sabanas revueltas y almohadas desperdigadas por toda la habitación.
Un espíritu lúdico logro misturar la participación, una risa continua se adueño de la habitación y desafíos enunciados como “por primera vez” marcaron la mecánica de un conocerse mas allá de lo profesional, para 4 almas que experimentaban y disfrutaban su intimidad desde hacía algún tiempo.
El gran jacuzzi de la tercer planta, preparado diabólicamente para cuatro personas por algún otro arquitecto visionario, sirvió de segundo capitulo para el juego y la amplia cama del dormitorio principal fue el campo de batalla que concreto un encuentro desvergonzado, envuelto en una magia inesperada, hechizo de bebidas espirituosas, burbujas y vapores, manipuladas vaya a saber si por hadas o por brujas.
Podría describirles con erotismo y detalle como disfrutaron su sexo, entre los cuatro. Como ni el alcohol ni el asombro pudieron minimizar el cúmulo de sensaciones inferidas por 40 dedos embarcados en un juego sudoroso. Podría detallarles como cuatro bocas no eran suficientes para saciar esa sed animal que los envolvía. Pero esto no era una noche profesional, no era una partuza buscada y planeada, solo era el escenario espontáneo de cuatro cuerpos libres.
Cuatro cuerpos naturales, cuatro almas mundanas, cuatro corazones privados por un rato de su moralidad, cuatro mentes comunes que abandonaban sus estereotipos y se dejaban llevar mano a mano, suspiro por suspiro, roce a roce en una danza desconocida.
Jack despertó a la mañana siguiente solo en su cama, entre los restos de sabanas revueltas y almohadas desperdigadas por toda la habitación.
Su cuerpo sin ropa despedía aún el aroma mezclado de la batalla.
Un silencio total inundaba la casa.
Vistió liviano y salio al living de la segunda planta, silenciando sus pies por la alfombra, sin saber que esperar.
Vistió liviano y salio al living de la segunda planta, silenciando sus pies por la alfombra, sin saber que esperar.
El baño solo tenia su ropa aventada por los rincones, pero las señales de guerra aún mojaban las mamparas, la ventana espejada que daba al jardín y los pisos semi inundados.
Como si de un sequito se tratase, las damas fueron apareciendo de diferentes cuartos, con ojos dormidos y medias ropas, al influjo de los sonidos del desayuno, que el anfitrión preparaba, sin consciencia real de si tendría con quien compartirlo.
Como si de un sequito se tratase, las damas fueron apareciendo de diferentes cuartos, con ojos dormidos y medias ropas, al influjo de los sonidos del desayuno, que el anfitrión preparaba, sin consciencia real de si tendría con quien compartirlo.
El café de Marie, el te de rosas de Constant y el capuchino de Deborah se bebieron sentados por la escalera, el piso y los sillones, sin normas, sin formatos, sin miradas culpables.
Charlaron del proyecto, de los buenos tiempos vividos aquella primavera en la concreción de aquel sueño, de lo bonita que era la casa de Jack, de lo bien que amanecía ese nuevo domingo y de cómo cada una volvería a su propio hogar. A su propia vida.
El sueño de la noche anterior, solo vivía en los restos que lo atestiguaban.
El sueño de la noche anterior, solo vivía en los restos que lo atestiguaban.
Nadie asumió culpas, nadie asumió victorias, nadie asumió nada.
Cada una marcho llevándose consigo el siempre bien recibido largo abrazo de Jack, que las acercaba a su corazón, que las hacia latir un par de veces mas por segundo.
Solo las sonrisas cómplices, y las yemas de los dedos que se apretan mas de lo habitual la espalda, transmitieron mas de lo nunca acordado, pero fielmente demostrado.
Jack las volvió a ver, por separado hasta su partida.
Jack las volvió a ver, por separado hasta su partida.
Nunca hubo comentario del momento.
Ellas siguieron trabajando juntas, por varios años más.
Cada una siguió su vida, con sus compañeros de ruta sociales, con sus hijos algunas, con sus aventuras otras.
Muchos pensaran que las orejas de Jack ardieron los días siguientes en charlas femeninas, llenas de frivolidad y sexo.
Muchos pensaran que las orejas de Jack ardieron los días siguientes en charlas femeninas, llenas de frivolidad y sexo.
Jack, que conoce ese lenguaje por acumulación, lo vive diferente y sigue disfrutando del secreto y la complicidad que lo une a esas damas, por separado, cada vez que el aire de la primavera lo lleva al Principado.
Cuatro almas, son dueñas de una sonrisa única, cuando recuerdan casi dudando si fue realidad, una noche de Julio, cuando el Mediterráneo y varios Martinis, se llevaron sus moralidades y les dejaron vivir un momento irrepetible.
Cuatro almas, son dueñas de una sonrisa única, cuando recuerdan casi dudando si fue realidad, una noche de Julio, cuando el Mediterráneo y varios Martinis, se llevaron sus moralidades y les dejaron vivir un momento irrepetible.
enero 12, 2011
¿Hilo dental o asado con cuero? - Jack el Inescrupuloso
La casa de Chester Mickelson era el pivot habitual de los viajes de Jack por la Bretaña.
Gran amigo, conversador y contestatario, Chester era un bohemio llevado a la intelectualidad, que manejaba un ramillete de amigos de las mas surtidas y a veces, dudosas calañas.
Por esos días, Jack y Chester vagaban de flor en flor, en una de las tantas exuberancias primaverales de dos ya un poco maduros picaflores.
Por esos días, Jack y Chester vagaban de flor en flor, en una de las tantas exuberancias primaverales de dos ya un poco maduros picaflores.
Chester había localizado una margarita de corta edad, que las hacia de aeromoza o al menos eran sus planes, en una pequeña aerolínea local y Jack llegaba como siempre con los ojos abiertos, las manos tibias y la lengua larga a la mansión Mickelson, para atender todo requerimiento que se presentara.
En aquel momento y desde hacia ya tiempo, Chester compartía uno de sus dormitorios con una room mate, de nombre Rostilacia. La chica era “un amigo”, no solo porque atestiguaba con total discreción los excesos de los dos caballeros y otras visitas aún mas promiscuas del lugar, sino porque era tan bonita como su nombre.
En aquel momento y desde hacia ya tiempo, Chester compartía uno de sus dormitorios con una room mate, de nombre Rostilacia. La chica era “un amigo”, no solo porque atestiguaba con total discreción los excesos de los dos caballeros y otras visitas aún mas promiscuas del lugar, sino porque era tan bonita como su nombre.
Inmirable la buena de Rostilacia, era tan buena gente, como fea.
Su cuerpo aunque flaco, muy flaco, parecía moldeado por un orfebre ciego y manco. Los pocos bultos estaban mal acomodados y la ropa que se empeñaba en lucir no mejoraba en nada su aspecto natural.
Su cuerpo aunque flaco, muy flaco, parecía moldeado por un orfebre ciego y manco. Los pocos bultos estaban mal acomodados y la ropa que se empeñaba en lucir no mejoraba en nada su aspecto natural.
Para colmo, su cara triangular, con grandes ojos salientes, pequeñísima boca y larga nariz, estaba adornada tétricamente por una masa deforme de algo que podía ser cabello, pero mas se parecía a las esponjas de aluminio viejas que las mamas usaban para dejar brillantes las ollas.
Pero era buena gente la Rostilacia y muy intelectual.
Pero era buena gente la Rostilacia y muy intelectual.
Si no la mirabas, podías tener charlas de varios minutos con ella.
La historia dejaba entrever que alguna vez había tenido pretendiente, pero nunca se le había conocido uno, al menos en los últimos 25 años.
La historia dejaba entrever que alguna vez había tenido pretendiente, pero nunca se le había conocido uno, al menos en los últimos 25 años.
Tanto Jack como Chester, la respetaban totalmente (totalmente intocable) y sentían ese tipo de cariño que se siente habitualmente por los perritos desprotegidos en la calle, pero en la respetuosa versión humana.
La terraza que daba al fondo del dormitorio de Chester, tenia una muy descolorida hamaca, de las que te hacen sentir que estás en la playa mientras reposes al sol con los ojos cerrados y los oídos tapados.
La terraza que daba al fondo del dormitorio de Chester, tenia una muy descolorida hamaca, de las que te hacen sentir que estás en la playa mientras reposes al sol con los ojos cerrados y los oídos tapados.
Esa noche, como tantas de la primavera, talvez por ser el único lugar al aire libre de la casa o quizás por estar a unos pasos de la cama, fue el escenario de una charla remojada en cerveza.
Cuatro fueron los invitados a la partuza: Chester como locatario, su pronovia azafata, Jack como invitado de honor y si, adivinaron, Rostilacia como el invitado de piedra.
Cuatro fueron los invitados a la partuza: Chester como locatario, su pronovia azafata, Jack como invitado de honor y si, adivinaron, Rostilacia como el invitado de piedra.
Jack habia masticado un caramelito la noche anterior, por lo cual su apetito estaba bastante saciado y no tenia planes para esa noche.
Chester y la azafata "calentaban el agua", dado que aun no habían tenido su encuentro cercano y Rostilacia, bueno, Rostilacia estaba en su casa.
La cerveza fluyó, la azafata resultaba cada vez más tonta aunque deleitaba la vista y Jack propuso los temas delicados y peligrosos que con cierto ánimo y nivel de sonrisa automática encima, acostumbraba plantear para caldear el ambiente.
La cerveza fluyó, la azafata resultaba cada vez más tonta aunque deleitaba la vista y Jack propuso los temas delicados y peligrosos que con cierto ánimo y nivel de sonrisa automática encima, acostumbraba plantear para caldear el ambiente.
Las varias preguntas sexuales se multiplicaron, con respuestas sagaces y provocativas por todos los bandos, cuando Rostilacia congelo el ambiente denunciando a gritos sus 3 años de sequedad sexual.
- 3 años!! Pregunto Jack, sin contener la risa que la cerveza excusaba.
Tomar en serio este tipo de afirmaciones, significaba mandar al diablo la fiesta y empezar con las condolencias y el llanto, por lo cual Jack animó aun mas el momento y obtuvo rápidamente la complicidad de Chester y su azafata, que en medio del asombro, reían y preguntaban mas profundamente sobre el asunto.
- 3 años!! Pregunto Jack, sin contener la risa que la cerveza excusaba.
Tomar en serio este tipo de afirmaciones, significaba mandar al diablo la fiesta y empezar con las condolencias y el llanto, por lo cual Jack animó aun mas el momento y obtuvo rápidamente la complicidad de Chester y su azafata, que en medio del asombro, reían y preguntaban mas profundamente sobre el asunto.
Entrar en detalles de que había pasado tres años atrás era algo morboso y preguntar cuanto tiempo antes había tenido otra experiencia, parecía perverso, así que Jack prefirió centrarse en el presente.
El Inescrupuloso era conocido por varias cosas: un mujeriego de clase, caballero y muy discreto; un excelente animador de fiestas; un culto interlocutor y flagrante humorista sarcástico y un excelente amigo, bueno de corazón y generoso de alma.
Pues todo eso se conjugo con las cervezas, la noche primaveral, la inactividad sexual de Rostilacia y se fundió en una expresión inesperada en los labios de Jack:
- Esta noche, yo te voy a hacer el favor y vamos a romper la racha!!!
Enunciado el reto, la azafata echo a reír como si de una broma se tratara, Chester palideció y se quedo mudo a sabiendas de que su amigo no hablaba en broma y Rostilacia se retorció en un – no no, estas loco vos!! Que ni ella se creía, mientras ya miraba diferente al visitante que tantas veces había llegado totalmente ausente por aquellas tierras.
La noche siguió un poco mas, Jack no ahondo en el tema pero la amenaza estaba echada y la promesa hecha; solo se preocupo de consumir el suficiente alcohol para agarrar valor y nublar un poco mas la vista.
El Inescrupuloso era conocido por varias cosas: un mujeriego de clase, caballero y muy discreto; un excelente animador de fiestas; un culto interlocutor y flagrante humorista sarcástico y un excelente amigo, bueno de corazón y generoso de alma.
Pues todo eso se conjugo con las cervezas, la noche primaveral, la inactividad sexual de Rostilacia y se fundió en una expresión inesperada en los labios de Jack:
- Esta noche, yo te voy a hacer el favor y vamos a romper la racha!!!
Enunciado el reto, la azafata echo a reír como si de una broma se tratara, Chester palideció y se quedo mudo a sabiendas de que su amigo no hablaba en broma y Rostilacia se retorció en un – no no, estas loco vos!! Que ni ella se creía, mientras ya miraba diferente al visitante que tantas veces había llegado totalmente ausente por aquellas tierras.
La noche siguió un poco mas, Jack no ahondo en el tema pero la amenaza estaba echada y la promesa hecha; solo se preocupo de consumir el suficiente alcohol para agarrar valor y nublar un poco mas la vista.
La azafata seguía perfeccionando su idiotez y la noche de Chester se visualizaba sola, aburrida y sin ni un atisbo de sexo en el horizonte.
Cuando ya todo estuvo pronto, y Jack ya había alimentado sus pupilas lo suficiente con la pretendienta del amigo - obvio sin escucharla - se paró y le dijo a Rostilacia:
Cuando ya todo estuvo pronto, y Jack ya había alimentado sus pupilas lo suficiente con la pretendienta del amigo - obvio sin escucharla - se paró y le dijo a Rostilacia:
- Ok, vamos, te toca.
- No, tu estas loco, supongo que es broma verdad? Decía la damicela con un ínfimo convencimiento, solo para no parecer puta y marchar calladita a la pieza.
- Para nada, hoy romperemos tu hechizo, ya veras como tu vida cambia a partir de mañana.
Palabras más, palabras menos, Jack marchó con su espécimen a la habitación.
A la de ella, que Jack no conocía por dentro y que no contribuyó nada con las fantasías que el caballero necesitaba hacerse para encarar aquella empresa monumental.
Los muebles eran mínimos, el desorden máximo y contra una pared, había tirada una colchoneta de unos 5 cm de espesor, gastada y demasiado corta para ser cama.
Los muebles eran mínimos, el desorden máximo y contra una pared, había tirada una colchoneta de unos 5 cm de espesor, gastada y demasiado corta para ser cama.
Allí mismo, sin pensarlo demasiado y sin reparar en lo rápido que ella se sacaba la ropa, tiro a Rostilacia al camastro. Si lo iba a hacer, tenia que ser bastante rápido para no llegar a un estado de consciencia que le provocara vómitos o cosas similares.
Caballero como era, tampoco se trataba de una violación.
Caballero como era, tampoco se trataba de una violación.
El se había dispuesto a despertar esa femineidad de la que Rostilacia carecía y su objetivo era que la niña saliera al mundo al otro día, con una nueva cara y una actitud que pudiera contrarrestar su apariencia.
Aprovecho los ojos que generalmente se cierran para sentir mejor, a fin de besarla sin tener que chocar contra su mirada de sapo. Una boca húmeda y deseosa, es mas o menos aceptable siempre, o al menos despierta curiosidad, por lo cual la primera etapa no se hacia demasiado pesada.
Sus manos ya tanteaban un poco mas abajo, tratando de identificar los bultos contra el mapa de una anatomía femenina normal que tenía bien grabado en su cabeza.
Sus manos ya tanteaban un poco mas abajo, tratando de identificar los bultos contra el mapa de una anatomía femenina normal que tenía bien grabado en su cabeza.
Pronto reconoció algo que podían ser sus pechos, en tamaño reducido y necesitados de mucho soplar. Se encamino allí con su boca bien entrenada.
Empezó por la derecha tratando de localizar algo duro, que posiblemente fuera el pezón y de pronto sintió un tirón.
No era su pierna, ni su cuello, ni su estomago lleno de cerveza, algo se había trancado entre su incisivo izquierdo y su incisivo lateral!!
No era su pierna, ni su cuello, ni su estomago lleno de cerveza, algo se había trancado entre su incisivo izquierdo y su incisivo lateral!!
Con todo cuidado evitando la alarma, alejo su cabeza de los pechos, pero el tirón se sostenía. A unos 12 o 15 centímetros libero su mandíbula y debió abrir los ojos.
Eran pelos, si señor, pelos.
Eran pelos, si señor, pelos.
De un largo extraordinario, poblaban el arco del pezón irregularmente y se enredaban en sus dientes chocando con su lengua.
Jack contuvo las nauseas y como solo él podía hacerlo en aquel momento pensó: esta bien, mejor así, esto completa una asquerosa historia de terror.
Jack contuvo las nauseas y como solo él podía hacerlo en aquel momento pensó: esta bien, mejor así, esto completa una asquerosa historia de terror.
Rostilacia no había notado nada de aquel evento que si bien duro pocos segundos, significaron una repugnante eternidad para Jack.
Sus manos ya estaban haciendo de las suyas entre las piernas y la pobre mujer se desvanecía en sensaciones nuevas o talvez desconocidas, al menos con los dedos de otra persona.
Sin poder sacarse la imagen de la retina nuevamente cerrada, Jack continuó su labor casi sacerdotal, hasta el momento de la penetración.
Sin poder sacarse la imagen de la retina nuevamente cerrada, Jack continuó su labor casi sacerdotal, hasta el momento de la penetración.
Afortunadamente, todo contribuyo a que Rostilacia amontonara orgasmos muy rápidamente, por lo cual el sacrificio no fue mayor.
Nadie charlo al otro día de lo acontecido la noche previa.
Nadie charlo al otro día de lo acontecido la noche previa.
Rostilacia se mudo unos meses después a la casa de su novio, un alto y atlético, inexplicablemente guapo ciudadano con el cual mantuvo una relación larga y sonriente de 3 años.
Hoy, se caso con un taponcito un poco menos mirable, pero igualmente sobresaliente como pareja de la roommate y esta esperando un bebe, que todos esperan se parezca mucho a los abuelos (aun cuando nadie los conoce).
Muchas fueron las veces que Jack retorno a la casa de Chester, muchas las que compartió charlas, comidas y bebidas con Rostilacia, con la misma inocencia que lo había hecho siempre.
Muchas fueron las veces que Jack retorno a la casa de Chester, muchas las que compartió charlas, comidas y bebidas con Rostilacia, con la misma inocencia que lo había hecho siempre.
Nunca hubo un comentario, jamás una mención, solo una sonrisa franca al momento del abrazo de saludo, que Jack siempre interpreto como un: Gracias, cambiaste mi vida.
enero 09, 2011
El calor de a bordo - Jack, El Inescrupuloso
Los viajes entre Europa y Latinoamérica se hacían repetitivos y a veces, hasta aburridos.
El vuelo de esa medianoche, lo llevaría de Barcelona a Montevideo, pasando por Buenos Aires, en una mala elección de Aerolíneas Argentinas.
Jack estaba desde las 10 PM en el aeropuerto, sin Sala Vip por la aerolínea que operaba y la espera se estaba haciendo un poco mas que incómoda.
Para completarlo, la sala estaba llena de Argentinos, de los no lindos de ver y vivir cansados a la noche, que o se iban huyendo de la vieja Europa que despedía de mala gana a los inmigrantes o habían gastado ya sus pocos euros ahorrados en un viaje a ver sus parientes ilegales.
Cuando ya la urgencia de alinearse a los empujones para pasar la puerta de embarque había alborotado a los dos centenas de indeseables pasajeros, ella pasó por frente a Jack.
Vestía pantalones de vestir bien planchados, reminiscentes de los Oxford abajo, bien ajustados a unas nalgas perfectas arriba.
Una blusa liviana y una pañoleta al tono que se enredaba en su delicado cuello, enmarcado en un pelo exageradamente rubio y exageradamente lacio.
No era una niña precisamente y su cara de loca develaba que sin duda era compatriota del resto de los pasajeros.
Pero tenía unos preciosos ojos grandes y negros.
Entre nerviosas idas y vueltas, solo de pasada reparo en Jack, que esperaba tranquilamente que el torbellino terminase, para pararse y disponerse a entrar a la manga.
Pero Jack la vio, todo el tiempo.
Mucho mas tarde que ella llegó a su asiento de pasillo en el 747. Viajaba en turista, por la misma razón que había tenido que esperar en la sala común y si bien su costumbre de no ir en ventanilla se había respetado, estaba en la línea del medio, dos hileras delante de los baños que se disponían al centro de la aeronave y la puerta de emergencia que estaba enfrente a estos.
Mucho mas tarde que ella llegó a su asiento de pasillo en el 747. Viajaba en turista, por la misma razón que había tenido que esperar en la sala común y si bien su costumbre de no ir en ventanilla se había respetado, estaba en la línea del medio, dos hileras delante de los baños que se disponían al centro de la aeronave y la puerta de emergencia que estaba enfrente a estos.
Empezado el vuelo, y dispuesto a otra noche en vela, Jack fue atropellado en su hombro.
Cuando vió a su victimaria, entendió que desde la potencia hasta la necesidad del rose, habían sido intencionales.
Paso y volvió, y lo miro y siguió hacia atrás.
Cuando Jack volvió la cabeza, varios segundos después, ya que nunca fue de caballero girar inmediatamente a mirar una mujer y además, no era necesario, sabia exactamente lo que había para ver; ella estaba en la ventanilla, parada frente a su asiento, mirando insistentemente, unas 4 filas atrás del baño.
Hay muchas cosas que Jack no sabia, pero los aviones y los aeropuertos eran más su casa que las que tenían sus muebles y guardaban su ropa. Ahí, nadie podía descubrirle nada.
Había aprendido y aplicado también muchas veces, que las reacciones inmediatas, son de una efectividad incalculable.
Se paro, fue al baño y efectivamente cuando salio, ella estaba justo en frente, en la plataforma que dejaba libre la salida de emergencia.
- como te llamas?
- como te llamas?
- Romina.
- Jack, mucho gusto, le dijo, mientras la tomaba de la cintura y llevado por el mensaje inequívoco de sus ojos, la besaba como si estuvieran en su luna de miel.
El 747 tenía una hilera de tres asientos corridos a ambos lados contra el fuselaje y otra de 5 asientos al medio.
Ella estaba sentada en la ventanilla, el asiento del medio estaba libre y en el pasillo, viajaba un hombre grande y ancho, de apariencia mexicana.
Luego de varios besos de esos que se dan durante la adolescencia en el zaguán, el definió ir a sentarse con ella, ya que en su fila, no había lugar para ambos.
Ambos estaban embelezados y al mismo tiempo asombrados.
El “a mi nunca me había pasado algo así” era habitualmente un poco mentira, pero esa noche un mucho verdad.
La conexión había sido demasiado fuerte e inmediata, el atrevimiento de ambos casi profesional y preparado; y todo lo que siguió fue tan inconscientemente realizado, que ninguno de los dos podría dudar del otro.
Aún cuando ella hubiera sido una puta, que bien supo Jack luego que no lo era, y Jack hubiera resultado un Chippendale de alta gama, esa noche de avión habría sido difícil de explicar.
Tuvieron unas 9 horas de vuelo, tuvieron unas 9 horas de sexo en todos sus formatos y variaciones.
El pobre hombre que viajaba en el pasillo, tomo una posición "de coté", dándole la espalda a los amantes y mientras trataba de ignorar los gemidos, servia de pared para que los pasajeros de la fila de enfrente no pudieran ver muchos detalles.
Las veces que yo he viajado en avión durante la noche, miro el interior en penumbra, y no puedo imaginar como Jack y Romina, sintieron en algún momento, que nadie los estaba viendo!!
No hay una sola vez que no sonría al recordarlo.
Entre pequeñas presentaciones y poco detalladas historias de cada uno, los labios y la lengua dieron paso a las manos, que pronto empezaron a levantar y bajar ropa.
Muy rápido los dedos de ambos estaban húmedos, como el resto de sus cuerpos y sin poder pedir que subieran el aire acondicionado.
La cena les dio un respiro para mirarse con más detalle y charlar sobre cosas triviales.
Faltaban mas de 6 horas de viaje y ya se habían sudado más de 2, cuando sobrevino el sexo oral.
No solo Romina succionó maravillosamente el pene de Jack que sobresalía de su bragueta desarmada, sino que hasta Jack pudo pasear su lengua por el pubis de la porteña, que resulto una afamada ex bailarina, cosa que explicaba totalmente su cuerpo y su elasticidad.
El sueño de muchos, ayudo a que no todos notaran cuando pasaron al baño.
El tamaño del recinto no era problema, Romina podría haberlo hecho en una caja de zapatos; el problema era tener que ocupar una mano de cada uno en callar la boca del otro, evitando las correspondientes ganas de morderse que ambos se proferían.
El polvo en vuelo no calmo las hormonas.
Una vez en sus asientos, con el hombre gordo otra vez de espaldas intentando dormir, la función tomo el mismo color que después de la cena.
No hubo tiempo de dormir, ya no pudieron volver al baño porque repetir la acción, significaba no solo volver a molestar al pobre ser humano que debió sufrirlos todo el vuelo a escasos centímetros, sino también, exponerse claramente al resto de la gente que los rodeaba y era víctima – aunque mas remota (como 1 metro) – del fogoso encuentro.
Lo intentaron en el mismo asiento con la siempre bien afamada “cucharita”, pero los movimientos rítmicos imprescindibles, habrían sido un descaro mayúsculo. Pero lo intentaron.
Pasado el desayuno y ya con luz natural dentro de la cabina, sus rostros eran una poesía.
Dos adolescentes avejentados, que se habían tácitamente matado franeleando por 8 horas y se miraban como si se amaran profundamente, con ese tono de enamoramiento que solo las calenturas más soberbias pueden dar a una cara.
El debía seguir a Montevideo, pero la acompaño hasta migraciones en Buenos Aires.
Se despidieron como si se fueran a ver muy pronto, se prometieron lo prometible, mientras trataban infructuosamente arreglarse la ropa y quitarse el tremendo dolor abdominal fruto de la masacre vivida.
Ella paso a migraciones, el subió la escalera y espero su vuelo a Montevideo con una sonrisa incrédula.
Se volvieron a ver en Madrid muchos meses después, una sola vez.
Ella quería tenerlo para toda la vida, el estaba de paso y seguiría volando.
No hubo un beso y mucho menos sexo, esa fue la última vez que Jack vio la hermosa cola de Romina, alejarse con una nueva pañoleta volando al viento.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)