junio 28, 2026

Punta del Este - Un último viaje

 

De cada búsqueda, un encuentro, de cada encuentro, una nueva búsqueda.
Por años, creí y confié en que ese proceso, dirigido con virtud, era mi camino, mi sentido y mi dirección.
Con el tiempo me gusto sentirme “encontrador”, porque vi como muchos, buscaban sin cesar y sin encuentro y como para muchos otros, no era un proceso, no era un camino, era una etapa, con principio y final.

No soy yo quien pueda valorar si la vida te permite o te regala una sola etapa, cada uno en su propio viaje, arma y desarma las maletas que le sean necesarias.

En mi caso, fue un camino que eligió sus propios pasos, que me hizo correr temprano, veloz e inconsciente, que me hizo empujar sin descanso y me obligo a sostener más allá de lo natural. Un camino que seguramente a muchos se les hace conocido, pero que cada uno a vivido internamente con su propio equipaje, el heredado, el aprendido y el elegido.

Un día, por primera vez, emprendí una búsqueda sin destino, un sueño sin imágenes a seguir, un proyecto sin objetivo, un plan sin rutas trazadas ni sentido, un salto a un luminoso vacio.

Habia desnudado el ego, habia reconocido mis cargas ancestrales, habia aprendido a escuchar mi cuerpo y habia logrado liberar mi intuición, no solo para actuar, sino para no exagerar. Habia aprendido a cuidarme y en ese proceso, desplegaba mi vulnerabilidad al universo, disfrutando de verme indefenso y permitiendo que ese universo, me viera como soy.

Y hacia alli partí, hacia una nueva versión de mí mismo habitando esta vida, una vida mas liviana y tolerante, una vida mas plena y saludable, una vida para desplegar las alas que crecían mientras yo buscaba y encontraba, ahora sin destino fijo, con certeza de eternidad.

Me lance despacio, como un bebe que despega sus manos del piso. Trate de sentirlo natural, básico, esencial. Enriquecí la inocencia inexistente del niño, con la certeza madura de un adulto dispuesto a jugar y di cada paso sin esperar uno más, sin miedo a caer, sin necesidad de llegar.
Me fui sorprendiendo con las sonrisas que aparecían, con el piso que se volvía suave, la brisa que se volvía tibia y la luz que guiaba mis pasos de forma perfecta. Mi mundo me contenía, me facilitaba la experiencia, respetaba mi desnudez y me devolvía ternura. Me llegaba o me volvía, me volvía o me llegaba, esa sensación desconocida u olvidada del niño rodeado por los brazos de Mamá, esa Mamá que te deja ser y se atreve a soltarte, pero que siempre esta atenta, para que ningún golpe te lleve a dejar de intentar.

Es un viaje nuevo para mí, ver como esos brazos se abren a los del universo y el impulso de los intentos parece guiarte sin esfuerzo, es sorprendente.
Es un viaje nuevo para mí, y aunque el aprendizaje también te avisa, te prepara y te entrena para los tropezones, flotar en la nube, fluir en la ola, ser parte de la energía que lo llena todo, deja de ser un esfuerzo, un correr veloz e inconsciente, un empujar sin descanso, un sostener más allá de lo natural.

Y en este viaje nos encontramos.
Entre todo lo que se acerca y se aleja en cada paso, me tope con tus ojos, me quede en tu sonrisa y me deje conmover por tu energía.
Me encanto admirarte, profundamente, cuando ya había perdido las ganas de reconocer el genio y la magia en otros humanos.
Adore respetarte y me permití nadar por primera vez en un mar de confianza mutua, sin vueltas, sin estrategias, sin esfuerzos, solo flotar.
Ame sentir que me elegias, despacito, cuidándote y cuidándome al mismo tiempo, al mismo tiempo que yo te elegia.

Sumas mucho cada día a esta búsqueda final, infinita y relajada, sin mas espacio que la paz que inspira y las ganas mas sinceras de vivir.
Me mostraste otra versión de mi lugar en el universo, de mis imperfecciones y mis peculiaridades, de mi propósito original y mi evolución en los diferentes propósitos intermedios…mi evolución en las búsquedas, encuentros y nuevas búsquedas, que hicieron a mi vieja vida.
Me permitiste reconocer quien soy, y fuiste una confirmación mas de como me ven, acariciaste mis heridas y besaste mis fortalezas.
Desnudo frente a ti, no solo te enamoraste de mis impurezas, de mis defectos y mis abismos, sino que no me lastimaste.
No hay mayor sensación de invencibilidad y paz, que saberte en las manos elegidas de quien nunca dañara tu más pura vulnerabilidad.

Eres, por mucho, la confirmación del camino correcto.
La realidad de un sueño que nunca salió de los sueños y un impulso más - el mejor para tener de la mano - para seguir adelante.
Sin un objetivo final, disfrutando el camino.
Expandiendo mis alas y viendo como las brisas cálidas que vienen de las tuyas y suman a las mías, se mezclan con las de esta vida, y nos guían a la eternidad.

 

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