noviembre 03, 2014

Desde el Aire - Every 3 days

El 10 de Junio de 2002 cuando me subí a esta nueva vida, algo dentro de mi masticaba y olía sin poder saborear, la exageración anónima de éstos, mis tiempos de ahora, que ni siquiera muestran luz de ser los más extremos a los que podré llegar.
 
En la presunción,  recuerdo haber escrito el mejor epitafio de lo que quedaba atrás y “adivinaciones pavorosas” con un toque de esperanza sobre las horas por enfrentar, en lo que se sentía como el resto de mi vida.
 
En aquel tiempo mis letras ya malformadas pero aún legibles se perdían en una hoja con renglones, que recuerdo querer guardar con tanto cuidado, que jamás logré recuperar.
 
A veces pienso que no fue real, que nunca lo escribí, que los retazos que recuerdo y la visión de la hoja arrancada a una cuadernola,  fueron solo parte de algún momento de sueño impaciente,  robado al trecho entre Santiago y México. Pero me sonríe el ataque de realidad, cada vez que miro a través de una ventanilla y vuelvo a imaginarme, como aquel día, parado allá afuera sobre el ala, con los brazos y los ojos abiertos mirando al frente.
 
Mi relato era cuando no, una metáfora muy vívida, entre lo que sentía mí ser por dentro y lo que imaginaba podía sentir mi cuerpo expuesto a la inmensidad, la presión, el frío y el viento que creía poder dominar a diez mil metros de altura rozando la velocidad del sonido.
 
En 2009, cuando forjado veterano en las lides de aviador, sobrevolaba los cielos de Centromerica con un arete en mi oreja, noté que era tiempo de vivir.
 
Que debía dejar de amontonar sellos en los pasaportes sin más recuerdo que los vidrios aburridos de los aeropuertos o las camas, todas iguales de los hoteles de turno.
 
Yo que a todas luces vivía más  intensamente que la media del Universo, sentía un apetito voraz por hacer realidad mi premisa de que siempre estaba trabajando y siempre de vacaciones.
 
Así que me decidí a vivir, a vivir más.
 
Me miraba en el espejo imaginario que todos los conscientes llevamos enfrente y aparentemente distraídos no perdemos de vista en nuestro estado de alerta;  y me decía: vive más!...algún día este momento pasará, tu vida caerá en la modorra cómoda de lo normal y debes rescatar de este tiempo todas las historias que puedas contar.
 
Sin esperar espero aún la llegada de ese momento, planificándolo en mi obsesión omnipotente de elegir y saboreando mi controvertida soberbia que ilumina mis ojos y da alas a mi convencimiento de que nunca llegará.
 
Es en esta vorágine que me encuentra mi fiel BlackBerry, en este 2014,  en pleno descenso a la ciudad de Miami, replantéandome nuevamente donde estoy;  con total certeza de donde voy pero...sonriendo porque dentro de mi siento que nada está dicho, que lo que en 2002 era un sueño, en 2009 hacía rato era corriente y habitual y lo que en 2009 fue decisión, hace un par de años fue excedido por mi realidad.
 
Así que hoy, como todos estos últimos meses largos desde 2012, desembarco con total naturalidad, cada 3 días en un nuevo país,  y no tengo plan más allá del próximo período mensual.
 
Volviendo hoy a la que oficialmente es mi casa desde Junio, desde un Perú no programado que me recibió tres días atrás, desde un Miami que solo me tuvo unas horas en mi viaje desde Guatemala, donde supe abrazar por tres días mi libertad.
 
Solo la semana pasada departía negocios en México, después de haber empacado mi lucha adolescente con Michel en Uruguay.
 
Cumpliendo como siempre con mi vuelta al paisito una vez al mes, cambié maleta en Miami, luego de dejar el glamour de Las Vegas y lograr acomodar los recuerdos de la Europa que para inicios de Octubre había quedado atrás.
 
Madrid en dos ocasiones, Miami en tres más, Las Vegas por tres días, Montevideo por dos y Punta del este por la exageración de cinco más;  México por cuatro jornadas , Guatemala de fin de semana y Lima tres inesperados días más.
 
Seis países en estos primeros 24 días de este octubre que ya se va, no sin que  tenga un pasaje más para utilizar, que me llevará a Miami y Guatemala nuevamente, para completar un mes normal.
 
Una repetición conscientemente descontrolada de cada mes vivido, que se proyecta con la única búsqueda de la más pura paz, a la vista de la Laguna del Sauce, en menos de dos años más.
 
Setiembre, resuena leve en la memoria como la vivencia de una era pasada siglos atrás.
 
Otros 6 países sellaron mi pasaporte en más de una oportunidad: México, Brasil, Estados Unidos, España, Turquía, Malta…y quedaron en el tintero del descuido Líbano y Jordania.
 
Un mes, decenas de vuelos y ciudades, centenas de miles de kilómetros volados, docenas de personas rozadas por esta vida que atenta;  escucha, huele y mastica saboreando sin cesar, la incertidumbre dichosa de lo que vendrá.
 
 
 
 

julio 23, 2014

Desde el Aire - Las tres razas


Un ruido metálico indica que la traba se ha deslizado y solo me queda esperar el tiempo suficiente para que se mire al espejo, piense que debería lavarse las manos y no lo haga, acomode su ropa ajada, peine inútilmente su cabello y ojalá, salga pronto.
 
Nos cruzamos en la puerta de este baño, esa puerta que como pocas,  es siempre de ida y vuelta.
Una puerta que se abre con uno de un lado y otro del otro y se cierra con ambos del lado opuesto.
Es como un espejo,  simula un espejo que nos deglute y nos vuelve a materializar del otro lado.
Un pasaje entre la fantasía y la realidad, entre la creatividad obligada y omnipotente y la precariedad humana.
 
Porque eso son estos aviones de hoy,  un repositorio de fantasías, un cementerio de realidades y de a ratos, el testigo inmutable de que fantasías y realidad son una experiencia única para cada uno.  Una experiencia única y personal.  Indefinidamente fantástica o atroz.
 
Miro la cabina del 767 de "la nueva American" que me lleva del caliente Miami al nebuloso Heathrow y me parece recordar algunas páginas de esas revistas de ciencia ficción que nunca mire o de las películas que se encargan de mostrarnos el futuro que no sabemos ver en nuestro necio descreimiento.
 
Un show de luces conservador en el techo, propio del espíritu americano  y un cuadradito de fantasía en cada respaldo de asiento, mirando absorto a su víctima, mirando fijamente hasta la última neurona de la mente que maquila detrás de cada par de ojos.
 
Una nueva versión de "la caja boba", que en su tontería ha envuelto generaciones, empleado a miles, masticado y escupido millones y crecido como nada ha crecido en este cacho de universo conocido como la Tierra.
 
Allí están, las tres clases de humanos;  envueltos en un cilindro de metal, esclavizados por unas horas, cercenados en sus libertades, obligados a permanecer en un sillón que nunca elegirían y amarados por un cinturón de seguridad para evitar la posible tragedia de la que de todas formas – si ocurriera -  jamás se salvarán.
 
Triste apología y al mismo tiempo sátira, del terrorismo que maneja nuestro mundo actual.
 
Sensación artificial de seguridad que nos lleva a tomar los riesgos más extremos al costo más conveniente para una empresa más del capitalismo liberal, mientras allá afuera, la mayoría evita la soledad, piensa un millón de veces que hacer o decir, no abraza a sus hijos y no dice te amo, por temor a algún miedo fabricado por su propia mente, que no necesita 30000 pies de altura para estar justificado.
 
Y en el medio de la farsa, el hombre.
 
El ser humano.
Eternamente inmune a todo lo que hacemos día a día para autodestruirnos.
El ser, que nos sorprende encarcelados en esa libertad segura que pudimos comprar y se aprovecha de nosotros.
 
Y allá van,  las tres razas multicolores que definen, personalizan y al final, implacablemente unifican al ser humano.
 
Están los que se duermen.
Los que no dan opción, los conservadores, los que tienen en sus sueños el escape supremo a la realidad.
Mejor así, un sueño, íntimo, silencioso, secreto.
Que nadie se entere que soñaron, que ojalá ni siquiera lo recuerden en la mañana para que el sueño sea sueño y no tortura. Tortura porque jamás tendrán la valentía para volverlos plan. Porque jamás tendrán la fortaleza de hacerlos realidad y por tanto, se volverán repetitivos, hasta que sean tan absurdos y aburridos como su vida misma.
 
Están los que miran.
Los que se dejan atrapar por la caja boba.
Los que se escapan de la realidad para vivir la vida de otros, llorar los llantos de otros y reír sus sonrisas.
Los que se vuelven millonarios o invencibles jugando juegos .
Los que matan y roban como jamás su moral los dejaría en su engañosa realidad.
Los que coleccionan imágenes vividas por los ojos de otros, por no poder abrir los ojos para ver las suyas propias.
Ellos, los que miran, están mejor.
Aquello que ven, aquello que juegan, aquello que sienten y les crispa la piel, se desarrolla generalmente en un entorno parecido a su vida y tiene un hilo humano, un devenir imitable y a veces hasta predecible. Regala por ello, una oportunidad más cierta de llevarlo a la realidad, aunque se queden mirando y no lo hagan.
 
Y por último están los que hacen.
Los pocos entre estos 300 asientos,  que siguen viviendo.
Los que no suspenden su vida las ocho horas de este vuelo.
Los que no se deja apresar por un fuselaje congelado por fuera y tibio por dentro.
Los que rompen las reglas que no se han podido controlar, esas que no tienen cartelito de castigo o anuncio de seguridad. Esas que ni se prohíben, porque sería aceptar que existen y eso, eso es mucho más peligroso.
 
Y allí están los que viven.
Develando misterios en charlas entretenidas, reconociendo al extraño de al lado con la bendición de la intimidad que solo un vuelo puede dar.
Utilizando el pretexto de la vulnerabilidad para besar como nunca, para acariciar sin vergüenza, para rozar desafiante, para suspirar sonrisas cobijadas en falsa moral...para no alertar a los otros. A los otros dos grupos que niegan su realidad.
 
Allí van, las tres partes de esta humanidad, que bajarán del avión ambivalentes, irónicos, disfrazados para seguir siendo diferente pilar de este mundo.
De este mundo que tiene a tanta gente apesadumbrada en sus pesadillas. Tantos otros viviendo vidas ajenas y tan pocos “chupándole el tuétano a la vida”.
Pocos hábiles manipuladores de la cultura; ávidos respiradores,  consumidores de aire mutado en energía vital;  exagerados artesanos de la sensiblería que rebosa matices desde lo más sutil a lo más grotesco...en este mundo donde de todas formas, pasaran desapercibidos para el premio inútil y la gloria efímera.
 
El segundo después de tirar de la cisterna me encuentro frente a frente en el espejo y todo lo que escribí en ese instante mundano me observa interrogante.
Me pregunta: y tú? De que grupo sos?
Me miro viejo, me arreglo el pelo que no se arregla, me acomodo la ropa que vuelve a la inercia de su arruga, sonrió para convencerme que por solo preguntar ya soy mejor que muchos… y encaro la puerta, la puerta espejo para que me degluta y me materialice del otro lado.
 
Un ruido metálico indica que la traba de ha deslizado
El portal mágico de este baño de  Boing 767 se vuelve a activar.
Uno que entra para enfrentarse con su vida o excepcionalmente para seguirla.
Otro que sale, con más preguntas de las que se llevan a un diminuto baño de avión, con algunas viejas certezas y con la urgencia de tomar ese teléfono que no debe encender, para escribir todo aquello que no debió pensar, en las horas cómplices en las que un avión, un vuelo de 8 horas entre dos continentes, nos regala un pretexto perfecto para hacer solo aquello que más nos hace feliz, vivir.
 

julio 21, 2014

Miami - El ecosistema Oceanside Plaza

Con la llegada del sol a su cenit, las especies implantadas en Oceanside Plaza,  empiezan a cruzar las puertas que los sacan de sus intimidades y entre otras tantas cosas, los enfrentan  inconscientes e indefensos,  a mi ojo crítico, lengua venenosa y tiempo resignado al ocio de un nuevo fin de semana en mi nueva vida Miamense.
 
Hace unos minutos éramos cinco en la piscina, cinco representantes de un ecosistema más cosmopolita y en muchos casos auténticamente cruel, que el de Nueva York o Londres.
 
Inamovible del agua,  reposa lento un abuelo de raíces mexicanas, fácilmente detectables en su poblado bigote ya blanco y su "playera" blanca. Esa manía tan típica de tierras aztecas de meterse vestidos a la playa o la piscina.
Por fortuna, el buen hombre, no bajo con pantalones de vestir, musculosa de rejilla y los zapatos asignados para salir de fiesta, imagen habitual de los bañistas en  la rivera Acapulqueña.
Evolución seguramente norteamericana, donde se habrá partido el lomo sus últimos años de juventud,  que lo lleva a la cambiar la indumentaria autóctona por las "Wet T Shirt" .
 
Un sujeto con corte de Daddy Yanqui pero sin su fama ni su plata para disculparlo, arribó minutos atrás.
Complementaba su facha regetonera,  con una fina cadenita y medalla de oro al cuello, que imagino tiene grabado "handosme man".  Un tatuaje de una rara especie de cruz, desproporcionado e infeliz, encontró lugar en un momento de inconsciencia en la parte más gorda (léase gorda no musculosa) de su brazo y unos lentes que tal vez serían adecuados sobre una bicicleta de carrera, naranjas flúo y negros, cubren sus ojos para que todos nos preguntemos ansiosamente que estará mirando el terrible divo.
Nadaba cual si fuera la reencarnación regordeta de Michael Phelps, cambiando de estilo mientras se sostiene sus lentes naranjas que no lo abandonan en sus momentos exiguos de ejercicio.
 
A este escenario me sumo yo,  como el idiota ausente pegado a su teléfono (porque desde él les escribo), con el agravante de  parecer un Argentino soberbio pon mi mate a la izquierda mi mirada inquisidora y mi boca inmóvil como si se guardará todo su veneno “padentro”  (ni siquiera adivinan que el veneno me sale por los dedos!)
 
Completan la figura de los cinco, una pareja de costumbres bien arraigadas que llega sin poder pasar inadvertida a la piscina y desaparecerá luego sin que nadie  se dé cuenta.
Si tuviera que definirlos diría que son hermanos gemelos, que simplificando su vida y dándole valor a la elección genética que los puso en un mismo cigoto, han optado por hacer su vida juntos.
Son esa gente espigada y escurrida, sin bultos de ninguna naturaleza, como si hubiesen sido planchados por un demoniaco sastre cada mañana durante sus 50 años.
Visten siempre en tonalidades que van del negro al azul oscuro,  pasando por la gama del gris oscuro y el negro o el azul gastado y descolorido.
Solo se les puede ver alguna porción de sus pies, sus manos y una sonrisa tan blanca como su piel, que se prodigan continuamente.
Seguro estoy de que allá en su mundo,  ellos son muy felices y que hacer las compras, les resulta algo extremadamente simple.
Siempre calzan pantalones largos, ambos, que describiría como un viejo pijamas y unas playeras de estilo surfista añejadas, donde se logra distinguir, a veces, algún vivo azul brillante para él o fucsia para ella.
Sendos sombreros de pesca, de esos de lona y  ala ancha para evitar que les llegue el sol y sobre su rostro apenas visible y extremadamente blanco por algún protector grado 200 de origen natural, llevan lentes oscuros que jamás de quitan.
Flacos como quien trata de promover la vida naturista, escurridos por el planchado de cada mañana o por nunca haber tratado con ejercicio o cariño la poca carne que llevan en los huesos y vestidos de pies a cabeza en idéntico tono, se procuran sonrisas y mimos discretos por unos minutos dentro de la piscina, antes de desaparecer.
 
Mientras escribo, el panorama de agita.
Los gringos con sus mujeres extremadamente rubias empiezan a llenar el paisaje con sus panzas blancas y rosadas.
 
Los "centroamericanos caribeños" (como empiezo a llamarlos) llenan el aire del "l" con sus chillonas voces que nunca entenderé porque hablan ese español mezclado con chino, y sus panzas crónicamente bronceadas.
 
Al asiento de siempre muy cerca de mí, llega un gringo maduro que no fue parido, sino tejido por su madre,  dada la cantidad de pelo que tiene en su cuerpo.
 
Hoy, me saluda, aunque me mira con cara de no te entiendo, mientas después de ordenar su bolsito de siempre, extender obsesivamente su toalla y sacar el termo Aladin ochentero donde trae algo para tomar, se dirige a su rincón de siempre en la piscina.
 
Para cuando termine de escribir y me meta desesperado al agua para saciar el calor insoportable de este Sábado en Miami, él saldrá de la piscina a buscar su gorra, la de siempre, para evitar que el sol le achicharre la pelada.
 
Un cowboy australiano quiebra la monotonía, sin más indumentaria que un duro sobrero vaquero de alas dobladas y una zunga naranja con dos líneas, una roja y otra azul a los costados. Cuelga de su mano un bolso de playa que podría ser  Louis Vuitton y me cuesta no imaginármelo con botas mexicanas mientras avanza por el costado de la piscina.
Invirtió sus más de cincuenta años en comer sano, hacer ejercicios cardiovasculares y broncearse, con lo cual, la figura a la que solo le faltan las ansiadas botas y una tremenda cuchilla al estilo  Cocodrilo Dandee en la cintura para terminar de ser una estrella de Hollywood,  acapara la atención de todos antes de perderse por la escalera que da a la playa.
 
Empaco mi lengua bífida alejándola de mis dedos, enredo la toalla en mi cuello para disimular la panza, meto el termo en ese espacio especial que los uruguayos tenemos bajo el brazo izquierdo para cargarlo en toda ocasión y mate en mano, me vuelvo a mi piso, para cambiar la energía de esta piscina que tanto me divierte estos primeros días en tierras Norteamericanas.
 
 

febrero 26, 2014

Dos lados de la misma cama

PRÓLOGO: Creo en aquellos que dicen que las casualidades no existen. Mi última publicación fue el 31 de Diciembre despidiendo un 2013 excelente y preparándome para este 2014 lleno de desafíos, republicaba una versión corregida de una vieja entrada: La verdad.
Al igual que "La Verdad", "La Razón" o "La Realidad",  son definiciones tan subjetivas, tanto como humanos hay y como momentos en las que estos las definen.
Un evento hoy es real, verdad o esta lleno de razón para uno y mañana es inaceptable para la misma persona. Mucho mas si contraponemos a dos seres y mas aun si lo extrapolamos a la raza.
En ese definir que "verdad es real" o que "realidad es verdadera", los humanos jugamos un juego para el que venimos completamente pertrechados con herramientas que nos han enseñado a no usar y usamos las herramientas que no sirven para cumplir buena y socialmente con el precepto de que nada es perfecto y sería locamente peligroso que lo fuera.
Pero dentro, en ese interior que nos cuesta escuchar y que no podemos acallar por siempre, todos y cada uno, sabemos con absoluta certeza que es verdad y que es real....y coincidimos.

DE SU LADO DE LA CAMA

Lo miró anonadada, incrédula.
Pareció solo un instante el que se distrajo en sus pensamientos.
Había notado el cambio habitual en su respiración, ese que después de sus largas secciones de sexo abría la puerta de los sueños y allí lo tenía, inmóvil a su lado, casi levitante en aquella posición de momia egipcia en la que asumía el paso de una realidad a la otra, de un sueño a otro, con una paz desproporcionada.
Lo miró anonadada, incrédula.
Todavía repicaban en sus oídos las últimas palabras reiteradas, esas que solían salir de su boca de padre, siempre advirtiendo lo que nadie tiene ganas de que le adviertan, siempre previendo lo que nadie quiere prever.
Dormía.
En un segundo, en un instante indefinible se había marchado de su lado.
Un instante tan diminuto que no alcanzo a borrarse la sonrisa de sus labios.
Si, allí estaba, dormía sonriendo y ella no lo acreditaba.
¿Se reía de ella? Si, por supuesto.  Se burlaba.  De sus ganas, de sus necesidades, de todo lo que a ella le importaba. Hasta dormido se mofaba.
La había dejado sola allí, en el momento más inoportuno, como lo había hecho tantas veces. Ahora,  al verlo allí, levitando, cabalgando sus sueños con una sonrisa, le venían desde algún rincón profundo los recuerdos funestos del Camarote del Crucero en el Egeo, de aquel antiguo hotel en Venecia, de las calles desganadas en Paris , de las tardes en Punta del Este frente al Rio de la Plata, del restaurante de Chicharrones de camino a Humnalye, del Mosquito Beach en la Riviera Maya, del desaire en el El Convento, de algún que otro paseo por Miami, de la cena en el Naples Handsome Harrris y tantas, tantas otras veces en Antigua y Guatemala.
Siempre lo hacía, siempre se burlaba de ella, siempre pasaba.
Todo era “cuando él quería y como él quería”, nunca como y cuando ella lo esperaba.
Se burlaba… y la rechazaba.

Nada le importaba de sus ganas y voluntades, nunca atendía sus insatisfacciones.
¿Para que la había llevado a ese otro mundo?, ¿para que la sacaba de su casa y de su vida de los últimos cuarenta años? , si nada le importaba. Si era capaz de abandonarla, de rechazarla, de marcharse así en busca de sus sueños, sin decir palabra, sonriendo, burlándose y dejándola sola, ganosa y despechada.

¿Tal vez porque estoy gorda? pensaba. ¡Pero si no soy gorda! solo rozagante y amorosita - se contestaba.
- Llevo dos años de gimnasio, miles de “lunes de manzana”, todo por él, para él y como lo paga, durmiéndose. No me desea, no tiene mis mismas ganas.
¿Porque no me desea? ¡Seguro alguna otra tendrá! Se preguntaba … y una voz que venía del mismo rincón oscuro donde arremolinaban los recuerdos previos, le contestaba.
- ¡Siempre fue turbio!  No otra, ¡otras, muchas otras tendrá!;  por eso se duerme, por eso siempre me hace lo mismo, por eso me rechaza.
Sus ojos brillaban en la penumbra.
Detrás de esa voz que todo le respondía, aún le parecía escuchar las palabras por él reiteradas.
Toda ella hervía de querer rechazado y de rabia.
Y a él, nada le importaba.
Le daban ganas de golpearlo y al apretar sus puños noto que sus manos se pegoteaban.
¡Qué asco aquellas manos nerviosas y azucaradas!,  demasiado limpias para golpearlo como se merecía, demasiado dulces para disfrutarlas.

DE MI LADO DE LA CAMA

Había sido un largo día, otro largo día delos que acostumbraba vivir, de los que sin planear buscaba y encontraba.
El había amanecido muy temprano, cargado oportunamente un lindo coche convertible que rentaba y había dado espalda a la rosa de los vientos para premiarla. Ella se lo merecía y él lo disfrutaba;  y con una sonrisa de esas que son fiel testigo de la felicidad del alma, se había entregado a sus sueños a la medianoche de aquel día que lo acunaba a orillas de una isla bañada por la danza armónica del Caribe y las aguas Atlánticas.
Planeo rizarle el pelo con los aires del mar, y relajarla de un par de meses de tensión, de cuidados e insomnio, enfrentados con la entereza y el amor que solo ella era capaz de entregar, a su Madre, a su familia y a todos quienes incondicionalmente la amaban. Así que en un “rapto con permiso” puso rumbo al sur, desde la populosa Miami hasta Key West, siguiendo la ruta que Flager le tejiera al Ferrocarril del Mar cien años atrás. Una ruta desconocida que descubrirían juntos, misturada de casas multicolores, islotes de verde intenso y aguas tornasoladas.

Habían parado para unas primeras fotos en Bahía Pelicano y se habían llevado refrescante agua. Se dejaron sorprender por Annie’s Beach,  sus camineros de madera y sus escalas, salpicadas de rincones desiertos de playa semisalvaje y sombras esmeralda.
Trescientos kilómetros disfrutados de charla,  y el mimo impagable que amaba entregarle cuando por algunos minutos, ella se dejaba ir llevándose la realidad a sus sueños, cambiando de sentido la mirada.

Key West los había recibido con un sol imprevisto y agonizante.
Apenas dio tiempo para recorrer la Marina, rifarse un café con ganas y hacerse lugar entre la muchedumbre, los artistas callejeros y las alborotadas gaviotas  que entre yates y veleros, esperaban la puesta deseada.
El sol agonizo despacio detrás de Tank Island y esa mezcla de rosa y dorado que solo el crepúsculo sabe componer, los encontró abrazados, mezclando sus propios suspiros con los de todos quienes miraban, grabando el momento, otro más, para revivirlo siempre que desearan.

Ya sin sol, cuando las luces de la tarde sirven de testigo a los amantes, habían huido sin necesidad pero con ganas, para esconderse juntos en la habitación.
El aire se respiraba exitante en el camino, los pasos hablaban de picardía solapada y las manos guardaban discreción por los pasillos mientras la puerta se acercaba.
La ropa,  no llego a la cama.
Entre los últimos rayos o las primeras sombras que esquivando las palmas se colaban por el balcón, la vio pasar del querer a la pasión y la rabia.
Adoraba escucharla repetir ese “no,no,no” que más que frenarlo lo empujaba, ese “que me estás haciendo” de cuando algo nuevo se inauguraba y ver sus manos temblorosas querer apretar algo más firme que las sabanas o la almohada que bajo su cadera, conspiraba.
Sus pies casi lo ahorcan a ambos lados del cuello, cuando de pie frente a la cama, él invitó a las últimas estocadas.
Era esa cara de dolor que no dolía, esas palabras inconscientemente escapadas, ese apretar las rodillas y ese explotar con los ojos cerrados y las mandíbulas trabadas lo que de ella en aquel momento,  él más adoraba.
Sentía que cumplía una misión universal al gozarla, su misión, la que siempre lo esperaba,  y al influjo de la eyaculación contenida, demorada, empezaba a permitir que sus propias rodillas flaquearan, para dejarse caer junto a ella y sin dejar de mirarla, abrazarla.

Dió la noche para caminar Duval Street, reconocer sexagenarios energéticos pululando en un ambiente mágicamente sumergido en un tiempo antiguo e inmortal.
La mezcla sureña de casas señoriales y el toque de su antepasado y proximidad cubana.
Remontando la calle barullenta, se dejaron tentar por Kilwins, y sin saber que luego encontrarían un local en cada esquina de la Florida, llenaron bolsas de papel con amenazantes trozos de chocolate, garabateados por caramelo y cubiertos por Nueces y Castañas.
Por las dudas y “para el postre y para mañana”, evitaron abstenerse de elegir un par de esas típicas galletotas adictivas salpicadas por cacahuates y chispas de chocolate recién horneadas.

Con las manos llenas encontraron una mesa al aire libre en la esquina de Angela Street y disfrutaron de una cena frugal que se llevaron a pasear hacia el Caribe, misturándola con aromas de Burberrys, Yves Sain Laurent y Prada que pescaron a buen precio a la pasada.
Una melodía de blues los  acompañó la última calle hasta la puerta del Westin Marina, desde un bar oscuro en una segunda planta.
Pensaron llegar y tal vez salir, pero definieron mimarse, revisar las fotos del día y planear para mañana.
Se liberaron de sus ropas y pasadas las diez de la noche, él le recomendó: - no tomes café negro y comas tantos dulces a esta hora…no es apropiada.
Pero con sonrisa pícara y a mordidas desproporcionadamente obligadas, tuvieron que probar los tesoros de Kilwins, todas sus variedades, “aunque la panza reventara”.
Repetía por enésima vez “no tomes tanto café negro y comas tantos dulces a esta hora, no es apropiada” cuando lo sorprendió el sueño y a falta del brillo en su mirada entornada, sus labios se iluminaron en una sonrisa, que resumía la misión cumplida, un día más de felicidad vivido a pleno y su amor con dedos pegoteados de una dulce realidad tal vez mirándolo al otro lado de la cama.


Dos almas, dos formas de vivir una misma realidad, a cada lado de una cama.
Entre ellos, descansa el polizón que se cuela en cada viaje, el miedo capital que los separa.



EPÍLOGO:  http://carlomyco.blogspot.com/2012/10/barcelona-el-miedo-capital.HTML

noviembre 09, 2013

Punta del Este - La vida después de Facebook

Un día como cualquier otro, envié un corto mensaje con mis coordenadas a la tercera parte de mis contactos y accioné el botón "desactivar".
 
Cualquiera podría pensar que en ese mismo instante me desinflaría cual muñeca de hule; que lloverían los "porque!?" asombrados o alguna maldición en cadena arreciaría sobre mí  los días siguientes, pero nada de eso paso.
Solo paz, más paz.
 
Yo creo que gran parte de todo esto reside en ese tercio.
Ese tercio que recibió mensaje, el tercio que nunca se entero y el tercio que no necesitó de un mensaje.
 
Esos tercios de esta vida que nunca se divide en medios o medias partes a pesar de la usanza habitual.
 

Los tercios de un ying yang que nos distrae con el blanco y negro, mientras grita con sus circulitos chiquitos que en todo lo malo hay algo bueno y en lo bueno algo malo,  y que finalmente siempre hay una frontera que lo limita, una frontera movediza que te evade de uno y otro lado, que te deja en un limbo.

Un limbo que para la gráfica convencional es una línea muy finita y sinuosa, pero que en la realidad, suele ser el hábitat habitual y cómoda de todas las cosas y los cosos.
 
 
Hubo un grupo de gente que jamás me echara de menos, porque jamás me "echo de más". Nunca noto mi presencia. Resulté un número más, así como tantos resultaron para mí. No necesitaban un aviso que seguramente sería el primer mensaje cruzado después de un "solicitar o aceptar amistad".
 
Hay otro grupo en el que pase de utilería a protagonista y de protagonista a simple escenografía, en una Montaña Rusa sin fin, que flotaba en el anonimato del tiempo, sin previsiones de final feliz. El grupo que se desarrollaba en ese juego ciclotímico que transforma cuatro letras en sentimientos opuestos (de amor a odio y viceversa con todos sus cánones)
El grupo que desafía, que sube la hornalla que hierve la sangre, que saca nuestro verso y nuestra prosa, que empuja y espera ser empujado.
El grupo de donde salen, si salen, los incondicionales.
 
Y al final, por fortuna existen los incondicionales.
Los que no necesitan anuncio, los que mirando al cielo con ojos cerrados pueden sentir que todo está bien.
Esos que aunque no lo compartan o no se atrevan aún, entienden que la única gravedad de "desactivarse",  es que habrá que desempolvar otro lugarcito entre el cassete de audio y las cartas escritas de propia mano, allí, justo allí, en la repisa de las involuciones evolutivas donde tantas cosas amontona la humanidad.
 
Acepto de todas formas que algo se perdió en ese click.
En cierta forma es como aceptar que ya no te invitaran a ningún cumpleaños.
Una sensación tan indefinible, como irónica, improbable y subjetiva.
Detrás del desactivar, se fue una pequeña cuota del placer de regalar.
De esa cuota de felicidad que por ser compartida es muy fuerte. Ese instante de dicha en el que aún sin ver la chispa en sus ojos, el otro recibe algo inesperado, tal vez fantástico, no necesariamente merecido pero sin duda añorado muchas veces desde lo inconsciente.
 
Facebook es un excelente medio para regalar y también un excelente medio para malinterpretar los regalos.
Como lo son todos los medios para la humanidad perdida.
 
Así que aquí estoy.
Desactivado.
Sintiendo que ya nadie sabe donde estoy, que muy pocos conocen que sienten mis cinco sentidos, y muchos menos que sueño.
Desactivado.
Anónimo como todos aquellos que sin conocerme me juzgaron cobardemente.
Desactivado del todo, para poder mantenerme más estrechamente conectado y presente conmigo mismo, con el planeta que seguiré  retratando en mis fotos, con mi viaje que seguiré describiendo en estas y otras letras,  y con todos aquellos incondicionales que me aceptan lleno de defectos y me quieren llenos de humildad.
 
 

 

octubre 24, 2013

Capadocia - Café Turco.


PROLOGO - Una de las claves para entender mi vida - aunque a esta altura es mucho más fácil simplemente aceptarla -  es reconocer que muchas cosas, terminaron para mí cuando para el resto de mi generación aún no empezaban y por ende ,  la mayoría de esas situaciones de vida fueron realidad en mí,  mucho antes de que mi generación siquiera las soñara.
 
 
Contaba unos envejecidos 14 años cuando decidí abandonar el vicio del café.
 
Llevaba desde hacía algunos años,  un ritmo tan arduo de trabajo, estudio y vida (exactamente en ese orden por aquel entonces) que me había volcado al negro elixir de la insomnia,  en busca de mantenerme despierto.
 
Mi pueblo y mi gente no sabía de vicios mayores, así que solía beberme a toda hora, múltiples vasos del buen café negro bien caliente y bien fuerte. Con eso procuraba evitar parcialmente,  dormirme parado en los ómnibus de ONDA donde para esos tiempos trabajaba, perder un brazo en la Garlopa o la Sierra Circular de la "Carpintería del Gallego Rivas" donde también desarrollaba oficio, roncar en las aulas de mi mejor año de Secundaria donde lucía como estrella de las Matemáticas o desparramarme sobre los pupitres de las clases para adultos en Administración de Empresa que tomaba por la noche en la UTU.
 
Seguramente le debo a aquellos "tragos largos" de café que acompañaba con biscochos, la gastritis que luego acentuarán mis casamientos o los "michelines" que aferrados a mi cintura, me han sacado a flote más de una vez.
 
Así fue que con las primeras agruras y reflujos y sin lograr mantenerme del todo despierto, abandoné el café negro allá por el año 85.
 
Pero no puede negarse que és rico el Café, y si bien siempre he sido estrictamente respetuoso de mis propias elecciones (no TV desde los 17, no hermana menor desde los 21, nunca más hijos desde los 30 y jamás oponerme a la sincronicidad del universo desde los 40), he debido aceptar la presencia global, necesaria y deseable de la tan popular bebida.
 
No quiere decir ello que haya vuelto a tomar, por supuesto qué no!
 
Pero me permito cierta nostalgia que no causa agruras, con respecto al delicioso grano en su estado líquido.
 
Esa nostalgia del café, tiene para mí un aroma y un sabor característico, cargado de emociones, como lo tienen las cosas importantes de esta vida.
 
Y es que ese aroma y ese sabor, tengo tiempo ya de identificarlo intacto en cualquier pequeña taza servida con exquisito "Café Turco Dulce".
 
Para reforzar lo emotivo del vívido recuerdo, este clásico exponente del medio oriente, le agrega esa magia de las mil y una noches, al momento de terminar cuidadosamente el último trago y dejar intacta la borra que volcada en el platillo, adivinará mi futuro próximo con certeza abrumadora.
 
La pregunta es porqué, habiendo dejado de beberlo a los 14 años, el Café Turco despierta en mi tantas ricas sensaciones, aún antes de flotar en su aroma o besar la taza.
 
 
 
Corría el año 78, que siempre recordare irónicamente como "El año Internacional del Niño" ( así nos obligaban a escribirlo cada día antes de la fecha en el cuaderno de Segundo Año en la Escuela 53), cuando mis hombros que el verano anterior solo podían cargar bolsos "vagayeros" llenos de Bombones Garoto;  se atrevieron a pasear todo el verano por la Playa Brava,  6 termos de Café, al tiempo que mis labios voceaban : "Hay Café, Café...dulce, semidulce, amargooooel Café, Café!".
 
Yo hacía mis segundas armas vendiendo en la playa, a la par de mi padre, que como todo lo que hizo en su vida, pasaba de una mejor etapa a una peor, al menos aún digna por aquellos días.
 
Eran tiempos de Argentinos orgullosos.
El trío Videla, Massera & Agosti, les había regalado una Copa del Mundo (Argentina 78) y al mejor estilo del Cesar, se ganaba con el Circo futbolero,  7 años más de gobierno "defacto" y el derecho de embarcarlos en una guerra incomprensible 4 años más tarde contra el Imperio Británico.
 
...Y los Argentinos orgullosos eran el mejor cliente para "el cafecito en la playa". Les quitaba la sed decían, y les permitía hacer de Punta del Este "su provincia" al trasladar a las sombrillas el clásico "Cafetín de Buenos Aires".
El ambiente a la medida!!,  donde todos eran unos macanudos y taitas de primera! (...además de Campeones del Mundo, obvio!).
 
Pero volviendo al Café, fue en aquellos últimos meses de mis 7 años, donde tomo identidad. El tiempo en el que se forjó ese halo mágico que identifica hoy al Café Turco, como MI Café.
 
Un par de vagos amigotes de mi viejo (Carlos Carlos, así se llamaba mi Papá), se habían "ganado" de intrusos en un clásico chalet de la península, con tal nivel de habilidad que solo usufructuaban el garaje, mientras otros igual de vagos, pero más "vivos", disfrutaban el verano de Punta en los ambientes superiores entre sus mugres rejuntadas.
 
Porque no sé, si lo vago lleva a lo inculto y mugriento, o es al revés, o es un himno de un solo tiempo.
 
Allá en el garaje, sin luz y a escondidas;  ayudé a preparar durante aquel verano, el delicioso brebaje que vendíamos "a rolete" (mucho) y que debo aceptar en forma consciente, también bebía yo con encanto.
 
Es que comerse los Garoto el año anterior, tomarse un Helado de los que vendí el siguiente, beberse una Coca Cola para cuando contaba viejos 9 años y ya podía cargar con ellas por la arena,  o simplemente limpiarse el culo con los diarios que vendí entre los 8 y los 12 años por las calles de San Carlos;  representaba un tremendo impacto contra las Ganancias, afectando directamente el Forecast y el ROÍ (retorno de inversión) del negocio.
Pero tomarse 4 o 5 vasitos plásticos de nuestro café durante todo el día en la playa, era un costo aceptable, mucho menor que una Coca Cola o lo que valía ya para aquel entonces mi tiempo de "Desarrollo del Mercado" (o sea aquel rato que perdía saliendo de la playa para chupar agua de alguna canilla).
 
Y algunos se preguntan de dónde sale mi cultura empresarial!!
 
 
Pero volviendo al café y a esa emoción profunda a la que me transporta el aroma y el sabor del Café Turco, los invito a violar conmigo mi discreción y develar 35 años más tarde, el secreto de nuestro éxito aquella temporada.
 
Teníamos como medio de generación de calor un sucio y varias veces soldado "Primus" (antigüedad de bronce que utilizaba kerosene inyectado a bomba a través de un "oído" para generar ignición a través de una boquilla y un sombrero - más datos, hablad con sus abuelos).
Junto al "Primus" se desperdigaban sendas agujas retorcidas, que resultaban una herramienta imprescindible tras las consecutivas y constantes "tapadas de oído". (volver a preguntar a los abuelos).
 
Lo cierto era que allá por las 8 de la mañana, el muy preciado aparato avivaba su hedionda llama azul y amarilla, para calentar por debajo, múltiples latas de aceite de 5 litros, bien tiznadas, que habiendo sido abiertas y posiblemente limpiadas,  se habían perfeccionado funcionalmente con arandelas y haza de alambre dulce, para poder ser sujetas una vez calientes.
 
La técnica, que vine a reconocer muchos años mas tarde en Asia Menor, era hervir el agua en aquellas latas y agregar Café molido del más barato en su justa medida (unos puñados),  acompañando la receta con o sin azúcar (también en su justa medida) dependiendo de que la "línea de producción" estuviese generando Café para los termos de amargo, semidulce o dulce (estos últimos siempre reconocibles por lo pegajoso).
 
Y así tal cual, como el Café Turco, el nuestro estaba listo al volver a hervir, con la única y perdonable diferencia de que la prontitud con la que era bebido (el café turco se bebe inmediatamente) dependía de la hora en la que se nos antojara salir a venderlo y a los Argentinos campeones del mundo comprárnoslo.
 
Pero el aroma y el gusto, eran exactamente iguales que el que disfrutara en la Avenida Istiklal camino a la plaza Taksim en Estambul poco tiempo atrás.
 
Tal vez por vagos, tal vez porque yo solo tenía 7 años o tal vez porque los cabrones ni siquiera se culeaban una gitana;  desperdiciábamos por aquel entonces la mejor parte del negocio, la que explotaría aun más la "grandeza porteña" de aquellos dias!
Desperdiciamos la borra.
Perdíamos la oportunidad de mercado de cobrarles por "adivinarles el futuro".
Es que la economía del conocimiento estaba en pañales allá en Norteamérica. Tal vez fue por eso.
 
El burbujeante Café de la lata de aceite de 5 litros, una vez que hervía, debía ser filtrado para pasar a lo termos y salir a mercado.
Esto gatillaba un nuevo proceso en la "línea de producción" que involucraba un recipiente menor, un embudo y un filtro. Dicho así suena muy obvio y natural, y la verdad que si era natural.
 
En la misma Estación de Gasolina donde conseguimos al principio del verano las latas de 5 litros de aceite para camiones;  nos proveyeron sin costo alguno de un par de latas de 1 litro de aceite para auto y un viejo embudo plástico de combustible que habían descartado.
Por el diámetro de salida, aquel embudo mucho mas grande que los caseros convencionales,  se hacía ideal para cargar tanto los ternos de boca grande como los de boca chica (volver a los abuelos), sin tupirse al momento del filtrado.
Y de filtro, pues de filtro usábamos unos restos rotativos de viejas cortinas.
Si, cortinas.
 
Entre las tantas mugres que convivieron en aquel Garage usurpado, habían tiradas sobre una esquina (la que paso a ser el centro de filtrado), unos cuantos retazos de gruesos cortinados descoloridos, que alguna vez habían sido carísimo accesorio de aquel distinguido chalet.
 
El proceso documentaba que al momento del filtrado, había que escoger - en el mejor orden posible para facilitar la tarea diaria -  algún pedazo de la sucia lona, para ponerla dentro del embudo de combustible y volcar sobre él, la cantidad exacta de café que era tomada con la lata de 1 litro especialmente acondicionada con alambre, desde la hirviente lata de 5 litros (recomiendo que vuelvan a leer el proceso)
 
Por fortuna por aquellas épocas, no se registraban en Uruguay las recetas originales o los secretos industriales,  como se hacía en el Norte con la súper secreta receta de la Coca Cola;  porque de otra forma debimos registrar la de nuestro Café.
 
Yo aún no puedo imaginar si eran los restos de kerosene y tizne en las manos y demás utensilios;  la lata de 1 litro de aceite de auto al sumergirse en la de 5litros para cargar cada termo;  la mugre añejada de aquellos cortinados que filtraban el Café o la buena costra avejentada del embudo de combustible, lo que le daba ese exquisito y adictivo sabor a nuestro Café Turco, "Made in Punta".
 
Me gustaría contarles que omití algunos detalles de mal gusto que podrían resultar asquerosos. Me encantaría asegurarles que la borra filtrada no se amontonaba al costado de los cortinados y que algunos días, los expertos baristas no se ponían creativos y reutilizan la misma porción de cortinado,  explorando nuevos mix de sabores viejos.  Realmente me gustaría asegurarles también,  que alguna vez lavamos las latas y los termos en aquel Garage donde no había una canilla.
 
No puedo hacerlo.
 
Pero lo que sí les aseguro, es que aún hoy,  miro con una complicidad que ellos no entienden,  a los Vendedores de Café que en su derrotero por las playas de Punta,  entonan el mismo cantito de aquellos mis años mozos,  en qué el "café turco" se gano un lugarcito en mi corazón: " Hay café, cafeeeeeé...dulce, semidulce y amsargoooooel Café, Cafeeeeé".



agosto 23, 2013

Desde el Aire - Textos Abuelos.

PROLOGO: Bien decías escasas horas atrás, que solo necesito llevar a mis dedos el vibrar de mis labios, ni tiempo, ni inspiración, ni ambiente, ni foco, solo escribir y nada más.
 
 
Mi escritura se esta volviendo vieja, con la misma celeridad innecesaria e inexplicable que yo me acerco a mi naturaleza de Abuelo.
 
Para cada cosa que pasa, para cada momento que vivo y muy especialmente que los demás viven;  encuentro en mi manojo de entradas de blog y algunas de las reflexiones de mis libros, la respuesta ya escrita.
 
Igual que un anciano de ojos vivaces que guarda en sus bolsillos, anécdotas teñidas de leyenda, igual encuentro yo, solo yo, en mis letras ya escritas, el verbo adecuado, la historia reveladora, el diagnóstico universal o la explicación perfecta.
 
Pecaba ya del mismo defecto de sobervia antes de empezar a escribir.
No es raro que, como todo lo que nos define, lo arrastre también al papel o el limpio archivo de word.
 
Peor aún.
Porque el recuerdo que alimenta filosofía y la vivencia que riega experiencia, vive en un mundo flexible, las letras escritas no.  O al menos no tan flexible.
 
La historia que la boca deleita,  se enriquece con los sabores de cada momento, la imaginación inquieta y el polígrafo improbable. Con el aroma que le agrega el suspiro del que escucha; el brillo de los ojos que dejan de ver aquí, para ver allá mientras uno cuenta; el escalofrío involuntario que deja nuestro relato en
la piel de gallina del que escucha.
 
Y la historia crece, se enriquece, pasa de lo personal a lo universal y de ser simple vivencia exagerada a ser ley de vida.
 
 
Si necesitaran "cajón" los libros para lograr esto.
Si necesitaremos lectores los que escribimos para juntar a la distancia desconocida é inexpresiva, la energía formidable que al escucharnos, entrega una sonrisa, una lágrima furtiva, un guiño de complicidad o un beso arrebatado que busca llevarse por exceso todo lo que no entra por el oído.
 
Si tendremos que escribir los que gustamos de contar, para reunir la energía proveniente del que en un tren de horas perdidas, frente a un fuego en noches de invierno o metido en sabanas de indiferencia o soledad; nos entrega un rato de su vida, para vivir un rato de la nuestra.
 
Buena decisión nunca tomada esta de sentirse Abuelo, porque mientras el tiempo sea parámetro, habrá que empezar antes para llegar mas lejos.
 
 

mayo 14, 2013

México - Bar Mitzvah

PRÓLOGO: El pasado 9 de Mayo, tuve el honor de compartir el Bar Mitzvah del hijo de uno de mis grandes amigos. Primera vez en una Sinagoga, primer acercamiento a La Torah, primera vez que vivía los nervios de un adolescente que se abría paso a la adultez religiosa dentro del Judaísmo.
Cumplía solo 13 años, como mi Michel y el momento me permitió regalarle una brújula de latón, un Blue Ray de "The Golden Compass" y un papel escrito de corazón.




Por viejos y por padres, por padres y por viejos, nos sentimos en la obligación de entregar en estas fechas especiales, algo mas allá de las pertenencias superfluas que otorgan solo felicidad momentánea; tan importante como efímera.

Queremos trascender contigo.

Desde nuestros ojos llenos del pasado que será en parte tu futuro, buscamos darte herramientas, de todo tipo, para que la verdadera dicha de vivir, pueda ser construida día a día con tus propias manos.
Hoy es un día enorme para ti;  esas manos que tiemblan carecen de la idea real de lo que movilizan y realmente, no necesitan saberlo. Sentirlo, vibrar en cada paso, es finalmente en la opinión del Tío Ismael, lo que te asegura disfrutarlo.


Confieso que no encontré exactamente lo que quería poner en esas, tus manos;   pero me conformo con saciar lo momentáneo y lo trascendental.

En tiempos que afianzas  tu fe,  mi exhorto será siempre, que te mantengas abierto a recibir, evaluar, adoptar y descartar en los pedacitos que mejor te completen, el resto de lo que el universo tiene para ti.
Es mi invitación,  a que más allá del amor incondicional y los valores que te inculcó tu familia, más allá de la doctrina y la sapiencia de los antepasados y mucho, mucho más allá de las reglas que imponga la sociedad en la que te toque vivir, cuando tengas dudas, abras y des oportunidad a esta brújula, que siempre apuntara a tu "N", "N" del Norte real que rige la materia, "N" de Nathan, "N" de ti.
Encuentra tus propias respuestas, crea y sigue tu propio camino, se fiel a TI y estarás honrando todo lo que quienes te quisieron, te quieren y te querrán, sueñan para ti.

Se libre, sueña, construye honorablemente, entrega con grandeza y acepta con humildad.
Se tu mismo, ve más allá, Vive!



PD: La peli, estoy seguro ya la viste anecdóticamente años atrás. Una Película que mereció un Oscar por sus efectos especiales;  que levantó polémicas huecas y malas críticas y malgastó dinero en su producción, que no pudo recuperar. Esa peli que entretuvo de distinta forma a gente de todas las edades, es solo eso, una película. El fruto de imaginar de una forma, interpretar de una manera, un libro, un simple libro.  Como los libros, no los hay ni buenos ni malos; son oportunos o no, llegan en el momento exacto para quien requiere inconscientemente el mensaje o son hojas pasajeras que ocupan lugar en una biblioteca.
Ojalá la mires, cuando mejor te plazca, y ojalá rescates aquello que está mas allá de los presupuestos, las polémicas, las criticas o el rato de esparcimiento. Aquello que esta mas allá de la cámara y de las hojas del libro, aun mas allá de las ideas heredadas y masticadas por el paladar del Pullman. Aquello que es esencia, que se puede encontrar en todo y que solo puede ser reflejado por cada uno, lo que siempre vivió en ti.


mayo 10, 2013

Desde el Aire - La huella digital

Prólogo: Hace muy poco tiempo, una persona a quien le tengo gran cariño, empezaba a compartir el dolor por la muerte de su hija, a través de una foto en Facebook.
La foto mostraba a su joven y amorosa descendiente, riendo junto a tres amigas en un bar y al pie su mamí escribía minutos despues de la funesta noticia: "
My girl having fun with her friends just about 3 hrs before. My baby was HAPPY!!! God bless her forever".
Un accidente de tráfico le quitaba a ella y a todos quienes la amaban, esa vida rebozante de luz que aún vive en lo ojos de la última foto de su Perfil de Facebook.



Nunca me han gustado los velorios, participé del primero y último cuando contaba no más de catorce años.
Tradicionalmente los médicos los recomiendan por aquello de asegurar el estado del difunto.
Los psicólogos para que  se realice el necesario duelo y las lágrimas expiadas sobre el cuerpo de quien amaremos por siempre,  laven un poco del pesar que nunca se retirará de nuestras almas.
Los seres mezquinos acuden a ellos para disfrutar de esa pena, los falsos a presentar ese respeto que no le tuvieron en vida y las buenas gentes a tratar de contener a los que han perdido una parte de sí y a los farsantes de siempre que simulan la perdida.
Las religiones, poco me importa porque apoyan o no los velorios.

Lo cierto es que ese ser se ha ido de este espacio donde vivimos nuestra vida conocida y si vuelve, seguramente no podremos reconocerlo y jamás será igual.
Entonces nos queda el lugar triste para visitarlos en un cementerio o una urna que sin querer tener mantenemos, y los recuerdos que por simple humanidad como siempre, resaltan lo mejor del camino de aquel ser y van borrando lenta e inexorablemente lo no tan lindo que haya dejado.

Antes, un antes no tan lejano, hace solo veinte o treinta años atrás, uno podía intentar huir de los recuerdos dolorosos y recurrentes limpiando un armario, metiendo en el altillo o en el cajón qué nunca más se abrirá aquellas fotos y pocos bienes personales que por momentos parecen perseguirnos.
La memoria selectiva y el inconsciente traicionero podía ser controlado, dándole espacio a la absorción de todo lo nuevo que desfila frente a nosotros y quitando de la vista, hasta cariñosamente, por propia salud, todo lo que recordaba a quien no está.
Pero hoy, hoy las cosas han cambiado.
Ya no son los cinco o diez rollos revelados al año de fotos compartidas, sino que son cientos o miles de gigabites en imágenes íntimas que ni siquiera tenemos certeza de donde están.
Fotos que no se encuadran en el marco desempolvado para abrazar, sino que nos visitan, a veces hasta nos persiguen en todo lugar.
Hoy son 1, 2, 3 o más perfiles públicos que pululan en las comunidades web, esos lugares que hacen a esa vida virtual que todos tenemos en algún grado y donde muchas veces somos falsos, pero muchas  otras somos mas honestos que en el diván de terapia.
Son el centenar de cartas e invitaciones que nunca dejarán de llegar al buzón de todas las últimas direcciones donde hemos vivido.
Son las ropas, alhajas y perfumes que el consumismo nos ha permitido prestar, dejar de paso u olvidadas por cuanto lugar hayamos pasado.
Son las quince cuentas de email que algún día por límite de espacio excedido algún software bloqueará y por no uso,  otro software borrará sin remedio, pero tarde, siempre tarde.

Es la huella digital que dejamos atrás sin remedio, porque estoy seguro somos contados los que al estrellarse el vehículo donde vamos, al sentir el ataque implacable del cuerpo enfermo o al recibir el impacto esperable o inesperado de la muerte, hemos entregado a alguien todos nuestros usuarios y contraseñas, nuestros nicks, pins, puk's y URL,s, nuestras credenciales y pasaportes digitales.

Estoy seguro somos muy pocos los que tenemos un albacea incómodo, que se quede cuando no estemos, totalmente actualizado con la info necesaria para borrar nuestro paso por completo.
Borrarlo, para evitar el encuentro fantasmal con un perfil de alguien que sonrió hace ya mucho. Para evitar la impotencia de tener un espacio común y feliz donde inconscientemente volver a sufrir sin poder borrar aunque apretemos el botón "delete" con toda nuestra rabia.
Para evitar el dolor punzante y contínuo del nombre que adoramos diariamente en nuestro buzón, como gota de agua que horada el centro mismo de nuestra cabeza o nuestro corazón;  esa gota que a veces menospreciamos pero que por constante e inevitable tortura el alma.

Mi alma de emprendedor,  mas de una vez me ha dicho que hay un negocio allí pero por simple moral ni he querido analizar en la web si existe ya la competencia.
La funeraria virtual que vele y de sepultura a nuestra vida virtual.
La empresa de mudanzas que empaque todos nuestros "upload", los indexe y los disponibilize en un plan con caducidad negociable bajo estricta seguridad.
El forense digital que se interne en las vísceras de nuestro mundo virtual, para diagnosticar de cuantas formas vivimos, cuanto compartimos, cuanto ocultamos y cuán lleno esta el ciberespacio de nuestra huella digital.