septiembre 29, 2012

Desde el Aire - Renacer cada primavera.

PROLOGO: Hay tiempos de creación y otros de mejora. Como los buenos vinos, como la mayoria de los tesoros, lo escrito puede mejorar con los años, cambiando un poco de pasión e inmediatez por universalidad y mejor estructura. En ese proceso vamos con algunas de estas viejas historias, y de casualidad, pero no tan casualmente, esta versión corregida de "El inicio de la ficción" publicado hace exactamente dos años, arranca un flujo de revisiones que compartiré, porque como dijo alguna vez André Gide “Todas la cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo"
 
 
 
Corría 2006, el negocio de bienes raíces ingresaba en una incipiente crisis que solo los mas necios se negaban a ver y algunos eruditos anticipaban repercusiones sin precedentes en el mundo financiero.
 
Jack había levantado su modesta compañía buscando agregarle valor a la construcción de barrios residenciales. Valor más allá del propio de los materiales y la tierra, más allá de la visión social de los vecinos, mas allá de los indicadores urbanísticos.

Le gustaba pensar que construía hogares y que sus compradores los elegían desde mucho mas adentro que sus pupilas y sus bolsillos.
Casas donde una familia pudiera nacer, crecer, multiplicarse y heredarse, como el reloj del abuelo, como el anillo de la mamá, como todo eso que indefectiblemente pasa de alma en alma.
 
No muy inconscientemente, Jack Winwar construía cada hogar como el suyo propio, como el que no tenía, como el que buscaba en cada departamento o casa de alquiler que paradojicamente habitaba, como el que lo hacia huir de los inevitables hoteles y lo espantaba con la sola idea de un motel de paso.
 
Era Setiembre y su brújula interna lo llevaba siempre a buscar la primavera.
Con los años, el seguir los vuelos de las aves migratorias, le había granjeado amistades en muchos continentes e instintivamente generado eventos que festejar en cada ciudad que lo recibía.
 
Viajaba solo, no tan liviano de peso por su obsesivo cuidado de la ropa y su necesidad de tener la prenda adecuada para cada momento. No porque la ocasión lo obligara, no porque alguna etiqueta social pudiera torcer su voluntad, ni siquiera porque el calor o el frío fueran parámetro para el taparrabo de turno. El elegía su ropa como sus casas, desde adentro;  le gustaba sentir lo que se tiraría encima y lo vivía como una extensión de su propia aura.
 
El Africa revolucionaria de la segunda mitad de siglo XX, había llamado la atención de Max Bloom, quien encontró espacio para sus primeros oficios diplomáticos en tierras de Namibia, llegando de Pretoria tras la ocupación Británica al territorio de la Deutsch-Südwestafrika.
 
Sus capacidades en el relacionamiento público lo habían adornado de “galantes títulos cancilleriles”, pero ello no era más que el medio de supervivencia para experimentar la pasión de las tribus nativas, disfrutar las dunas interminables del seco desierto de cara al Océano o compartir los gases termales que hacían historia de aquella tierra tan alejada de su Escocia natal.
También le otorgaban convenientemente un cierto poder, muchas veces factor de vida o muerte en enfrentamientos étnicos.
Pero Max no se sentía parte de la partida de conquista del Imperio Británico y había logrado germinar una familia amplia de blancos y morenos, que vivían su casa de embajador como parte armónica de una pequeña sociedad no clasista, muy avanzada para aquellos años.
 
Hijo de su pasión, entrenado en el saborear de la diversidad, su hijo Alexander había tomado la posta de su experiencia, convirtiéndola en su modo de vida.
Hacía doce años que había descubierto a una de las tantas Alemanas de familia original, “haciendo dedo” por las calles de Windhoek y desde allí, habían cosechado dos maravillosos críos y algunas pequeñas tierras bajo la capatacía de Negoro, quien en su tiempo comenzó a arar la arena con Max para ver florecer el premio de la dulce comida.

Era 29, 29 de Setiembre y el aire había traído a Jack de visita a Namibia.
Oportunidad de festejar un nuevo aniversario de boda de sus amigos Alexander y Mía.
 
Mía, era talvez la alemana mas bonita de la ciudad.
Por años se había empecinado en la misión de encontrarle compañía al descarrillado Jack, que no dejaba “títere con cabeza”.
Todos sabían lo que aquel gringo adoraba la sensación de hogar y cuanto soñaba construir su última casa;  la que el mismo ocuparía hasta el final de sus días y legaría a los suyos. Pero también, todos manejaban muy bien el estilo de vida que excusado en su búsqueda continua de la primavera y con un horizonte de negocios tan amplio como fuera necesario, Jack se jactaba de disfrutar.
 
La llegada del forastero, se sumaba al festejo de su amor, por lo cual, la oportunidad era propicia hasta lo cósmico para enlazar aquel corazón carente de cimientos y excedido de alas.
La cena estaba prevista, Alexander y Mía invitaron a Frank y Doran, sus amigos locales mas acérrimos y ellos localizarían una pretendiente definitiva para Jack Winwar, el constructor de hogares.
Eran mas de las diez de la noche cuando Mía, Alexander y Jack emprendieron recorrido hacia Lamu; un “lounge” local donde se disfruta de la mixtura de lo moderno y lo nativo, en memoria de la ciudad mas antigua de los Swahili en Kenia, tal cual la vida propia del África de entonces.
La cabeza disecada de una gacela africana los recibió a la llegada y permanecería allí como testigo de la posterior entrada de Frank, Doran y Lasta, la encomendada cita a ciegas.
 
La noche comenzó entre tragos y música de fondo. El lounge parecía excavado y esculpido en la tierra. Sus bancos y mesas conformaban un piso continuo donde solo las figuras humanas mostraban un aireado y rítmico movimiento.
Frank y su mujer llegaron mas tarde, sin Lasta, quien había solicitado mayor tiempo de acicalamiento para la ocasión.
Era difícil adivinar las referencias que había recibido, pero el perfil de Jack podía resultar además de interesante, bastante intimidatorio.
 
Aún no llegaba la medianoche cuando el espacio de baile empezó a poblarse de gente.
Era una pequeña habitación, aun mas enterrada, que lucía un techo lleno de estrellas, inimaginables mientras bajabas las escaleras.
La excavación dejaba un vacío mágico, que permitía ver el cielo de Namibia en todo su esplendor nocturno, carente de la contaminación lumínica de las grandes ciudades, al tiempo que el fresco de la noche desértica hacia soportable la animada danza.
 
Jack arrastró a la pareja festejada a la pista; tenían vidas muy diferentes y si bien sus doce años de feliz convivencia eran envidiables, los pies del visitante estaban más acostumbrados a improvisar todo tipo de ritmos.
La sangre se amontonó rápidamente al ritmo de una música que encantaba a la luz de las estrellas, en un espectáculo de danza totalmente inusual en comparación a los “boliches” del primer mundo.
La penumbra solo permitía ver las sombras de los cuerpos, aun cuando los tuvieras muy cerca y el fresco de la noche no alcanzaba a sofocar las siluetas danzantes.
Mía se cansó rápidamente, y aun en el entusiasmo generado, pronto Alexander sucumbió a los ojos de su amor, que pedían volver a la comodidad de la mesa.
 
En ese momento Jack, sabiéndose prontamente abandonado, giro instintivamente su cuerpo y sus ojos quedaron enganchados de un par de estrellas que no penetraban el ambiente desde arriba.
La sombra oscura de un cabello salvaje, encuadraba dos ojos que parecían haber nacido con él, como si los tuviera a su lado de toda la vida.
Escaso de lenguaje, básico y visceral en su pensamiento, acerco su boca a aquella sombra envolvente y dijo lo primero que se le ocurrió:
- si ellos se van, ¿tu me cuidarías?
Solo una sonrisa iluminó un poco más el lugar; Jack miro a la feliz pareja y les dijo:

- no tienen que soportar el baile, los veo en la mesa, ya tengo quien me cuide.
 
Desde esa noche y por mucho tiempo, Jack se dedicó a diseñar hogares cada vez más exigentes, cada vez más mágicos, cada vez más propios.
Hogares donde cuidar y guardar aquellos ojos y aquella sonrisa que lo llevaron a cambiar su vida y a luchar sin tregua por sentirse en casa.
 
Este Sábado 29 de Setiembre, Jack llegó a Windhoek como cada primavera a celebrar un nuevo aniversario de Alexander y Mía.
Hoy, habrán pasado seis años de aquel encuentro en Lamu y los tres amigos volverán a brindar solos, por los dieciocho años de felicidad, con un Jack que continúa siguiendo la migración de los pájaros, tratando de renacer en cada primavera.


agosto 25, 2012

San Pedro de Atacama - Un Cuento de Hadas

 
Había una vez un pueblito chiquitito en el medio del desierto más seco y salado del Mundo.
 
Sus calles estrechas y sus casas bajas, se teñían del mismo color rojizo que cubría sus árboles, su agua y hasta el cabello pajoso de sus pocos habitantes. El mismo tono que al atardecer,  tornasolaba  la acanalada pre cordillera y  hasta la nieve eterna de los Andes.
 
Era el oasis clásico de un cuento de hadas, pero con la sencillez de las tierras atacameñas. Exento de paradisíacas palmeras, camellos y dromedarios,  o espejos de agua transparente que alimentaran espejismos a los ojos del visitante.
 
Pero allá arriba, arriba;  estaba rodeado de mil y una maravillas, que lo indicaban como un lugar único en el mundo:  lagunas altiplánicas hogar de pájaros congelados;  campos sembrados de geiser's entibiando la montaña con el calor mas íntimo de la pacha mama; salares interminables,  teñidos al rosado del flamenco y montañas de cristal salino, cobre oxidado, hierro grisáceo o arcilla multicolor.
 
Todo debajo del cielo azul más claro y despejado del planeta, escenario diario de atardeceres en tonos de rosa y oscura pantalla limpia en las noches, para las tupidas constelaciones del sur.
 
Allí estaban ella y él, allí estaba yo.
 
Por tercera o cuarta vez, Sandra había acertado en encontrar algo que alguien más había extraviado, cuando Andres se volvió a comentarme:
 
- ¡Ella siempre encuentra todo!
 
Esta vez ella estaba más cerca y sonriendo escuchó como él continuaba diciendo:
 
- ¡Si será, que hasta me encontró a mí!
- No mi cielo, tú me encontraste - reclamó ella - tú que eres "El Príncipe Azul"
 
Un instante de silencio permitió que el significado de aquellas palabras se impregnara en cada poro de todos nosotros.
 
- ¡Ahora entiendo!  -  atiné a decir, disimulando parcialmente la ternura que me causaba ver una pareja de cuarentones en tal nivel de mimos - ¡Tú te lo atrapaste!, ¡tú te quedaste con el Príncipe Azul!, por eso ninguna otra mujer ha podido encontrarlo.
 
Y como pasa con las dulzuras que se escapan del alma, la noticia se expandió por toda la comarca, asaltó cada carruaje en su camino y no hubo rey ni plebeyo, que no arrodillara su consciencia y reconociera a voces la presencia del Príncipe Azul, tan espontanea y dulcemente distinguido por su Princesa.
 
Y  colorín, muy colorado por la arcilla de Atacama, este pequeño cuento que ojalá siga en las tierras de Santiago para inspirar al reino por mucho tiempo más;    se ha terminado.
 
 
 
 

 
EPILOGO: La vida me ha hecho detallista y atento, lo que me permite escuchar, ver y sentir todo lo que pasa a mi alrededor. La vida me ha hecho también, agradecido. Por eso no podía dejar de escribir, alguna línea, sencilla tal vez, sobre esas cosas simples, esas cosas fuertes, esas cosas que hacen la diferencia en nuestra vida.
Agradezco por compartir gran parte de mi tiempo en Atacama, al Príncipe Azul y a su Princesa.

agosto 09, 2012

Desde el Aire - Pepa

6C fue su asiento en ambos tramos, San José a Lima y sorprendentemente,  Lima-Montevideo.
Era difícil imaginar que allí seguiría hasta el final de mi viaje.
Yo me sorprendía observándola sin que lo notara desde la línea catorce, alimentando el recuerdo, empujando la comisura de los labios hasta la sonrisa continua.

Tenía su misma mezcla de opuestos.
La cara de ogra poco sociable y al mismo tiempo una fuente ilimitada de ternura cuando se iluminaba con una sonrisa.
Se le adivinaba como zombie soñoliento en bata y pantuflas por la mañana;  y como rubia inconscientemente pendenciera por las noches, animando la fiesta como una niña a la que dejaron acudir a su primera kermesse.
Hasta sus piernas eran idénticas, pero como este blog es público,  no haré alusión a esas características que solo aquellos que teníamos la suerte de tenerla en nuestras vidas podríamos distinguir entre tantas bondades no aceptadas.

Es difícil extrañar siempre,  seguramente por eso no me lo permito.
Pero extrañarte hoy,  recordarte a cada minuto de estas diez horas de viaje, revivir la suma de tantos momentos compartidos y saber que el cariño entrañable que te hizo mi hermana, de a ratos mi amiga y en algunos otros porque no mi hija sigue intacto a la distancia;  ha sido un placer.
Aún recuerdo la última vez que pude mirarte.
Pensaste que merecía castigo y así me recibiste cuando con el alma en pedacitos fui a dejarte las flores que habían adornado mi hogar.
Hasta que las lágrimas volvieron a traicionar ese alma buena que vive a la defensiva,  y en aquel ultimo abrazo, recibiste mi "te quiero mucho" y mi "cuando quieras, búscame y sabrás de mi"



agosto 03, 2012

México - Susy & Elie (con todo mi amor)

El  reloj daba casi la medianoche,  la lluvia arreciaba sobre las calles de Verona y repiqueteaba en un murmullo contínuo sobre el paraguas.
De espaldas al restaurante, las palabras mimosas en francés sonaban mejor que nunca en su oído y  el abrazo sabía tan dulce como las lágrimas que empapaban su rostro.

El momento soñado toda la vida;  por su abuelita, por su madre, por ella, por toda mujer en el universo, se hacía eterno, inolvidable;  minutos antes de cumplir sus 32 años.


Corría el verano de Europa.
Para Elie,  tiempo para acudir, cuando no!  a la boda de algún familiar en el lejano Líbano.
Para Susy, tiempo en que la escuela le regalaba espacio para respirar el aire verde de la campiña alemana que rodea Weisbadem. Espacio para abrazar a Herbert y Marguita, espacio de reencuentro con esas raíces que llenan su sangre de tierra teutona.
Para ambos, tiempo de huir de la rutina y las bocinas de México y reencontrarse más puros, más sanos, mas ellos.
Ella viajó primero,  Elie debió ajustarse a un largo vuelo con escala en La Gran Manzana, rebote obligado en el ajetreado Londres Olímpico, terminando en el abrazo que le esperaba en Frankfurt.
- Tomemos un carro y demos una vuelta a respirar Europa;   fue el plan acordado para una semana tan corta como intensa.

Un par de días en Lyon para disfrutar familia, relax a orillas del Lac d'Annecy  en el poblado alpino de la Alta Saboya Francesa y el cruce espectacular del Mont Blanc a través del túnel que iluminó su llegada a la Italia de ensueño,  en las puertas de Milán.
Annecy y su paz ayudaron para dirimir entre la Suiza impersonal y la pasión italiana;  facilitando el plan no propuesto, que él esperaba disponer en conjunto, alentado por la asignatura pendiente de Susy con las tierras de la bota.
Y allí estaban, en la llanura padana, disfrutando de las rutas de la Lombardía, solos, con muchos kilómetros charlados, observados, acariciados; solos, con muchos kilómetros por delante.

Venecia se soñaba, Verona se veía en el punto exacto del mapa en que el regreso a Alemania o la ruta a la ciudad de los canales, eran opción a tomar.Y hacia allá fueron.

Verona los sorprendió y decidieron quedarse.
Se tentaron con alargar su  voyage romantique, pero había que llegar con Marguita, antes de partir al Libano y ellos ya saben que la vida te regala intensidad, nunca cantidad, por tanto, a vivirlo intenso se enfocaron.
Se iluminaba el ultimo día en las tierras del Rio Adigio y con la curiosidad de los niños, la ternura de los adolescentes y los ojos bien abiertos del adulto que elije donde y con quien estar, recorrieron la ciudad del romanticismo, rincón por rincón.

Quiso el destino que siempre conspira,  que a esa noche, una ópera de Romeo y Julieta se presentara para ellos en el teatro romano del siglo II y quiso también, que la lluvia tibia del verano, interrumpiera el acto tercero;  aquel donde el amor se suicida como única forma de volverse inmortal, huyendo de las limitaciones que el hombre históricamente ha puesto a las cosas sublimes.

Y no tuvieron más remedio que disfrutar de la cena frente al majestuoso anfiteatro.
Y no tuvieron mejor pretexto para volverse a mirar como siempre, volver a sonreír como todos esos días, besarse levemente y consolar esa taquicardia que provoca el advenimiento exagerado de un sueño,  con un brindis de riquísimo tinto veronés.

Compartieron el paraguas al salir, la lluvia arreciaba sobre las calles de Verona, el último aliento de Julieta partiendo a su sueño enamorado golpeaba las mejillas de Susy que se empapaban de lágrimas por el solo hecho de estar allí.
De estar allí con el hombre que eligió hace tanto para compartir sus días.

Y el universo que había preparado todo el escenario para ellos, se precipitó.
La escala de cuatro horas en Nueva York y el correr en taxi para pasar por Tiffany's;  el misterioso plan  masticado y digerido sin apremio para elegir el lugar ideal y  el cargar aquel bultito incómodo tratando de que pasase desapercibido, cobraron sentido.

El sacó temblando la cajita de su bolsillo, ella miro desconcertada el brillo más esperado e inesperado de su vida y las lágrimas, los besos, los abrazos nerviosos, las gargantas abarrotadas y los corazones explotando al mismo ritmo iluminaron la noche.


El  reloj daba casi la medianoche,  la lluvia arreciaba sobre las calles de Verona y repiqueteaba en un murmullo contínuo sobre el paraguas. De espaldas al restaurante, las palabras mimosas en francés sonaban mejor que nunca en su oído y  el abrazo sabía tan dulce como las lágrimas que empapaban su rostro.
El momento soñado toda la vida;  por su abuelita, su madre, por ella, por toda mujer en el mundo, se hacía eterno, inolvidable;  minutos antes de cumplir sus 32 años

julio 25, 2012

Punta del Este - Los tres niveles

"Más sabe el diablo por viejo, que por diablo"

No será ésta, la primera vez que reivindique la profunda sabiduría que encierran los refranes.

Escondidos en ellos, los niños (cada vez menos) encuentran el rítmico repetir de los mayores, los jóvenes los ensayan vacios como pintorescas y antiguas muletillas;  los adultos los recuerdan metidos en aquel cajoncito en que los abuelos guardaban los clavos doblados y las tapitas de coca cola,  junto a cuanto desperdicio que "algún día podría servir para algo"; y los viejos, los sabios viejos o viejos sabios, insisten en transmitir en palabras simples y frases pegadizas, la sabiduría encriptada de los más antiguos alquimistas.


Puede que tenga yo de diablo,  mucho tiempo.


Yo que de rojo poco me visto aunque me pinta;  mi tridente tiene el diente del medio algo corto y nunca he logrado verme los cuernos. Pero alguna que otra diablura me he mandado, mas en la discreta tentación que en maldad.


Pero de lo que si tengo, es de viejo.

Y es de viejo que en mis jóvenes veinte años, cuando solo tenía un matrimonio, un hijo, una carrera  y una empresa;  que aprendí una de las lecciones que desde entonces han logrado ordenar intuitivamente, tantas cosas en mi vida.
Por la puerta de doble hoja que comunicaba aquel garage donde habíamos montado "RUSH" con el ruidoso estacionamiento de motos maltrechas, entró Santiago - "el gordo de las zapatillas naranjas" como le decían los mensajeros -  con un vaso en su mano.
No era hora de café con leche o chocolatada, pero Santiago podía aparecer con cualquier cosa, y el viscoso líquido que se aclaraba al influjo de los cubos de hielo despertó inmediatamente mi curiosidad.


- Dale! - me dijo - te traje esto para que probaras.


Ese día del lejano 1991 conocí el Baileys y desde aquel momento, entendí que todo se puede catalogar en tres niveles de "gusto".
Que la satisfacción que te brinda la vida, tiene tres escalas y que solo quería navegar entre ellas.


No ha sido fácil ni rápido.
No se transforma en la segunda mitad de una vida lo que se construyó en la primera,  y si bien el universo siempre ofrece la sincronía a manos llenas, el mundo humano se esfuerza por quebrar toda frecuencia;  y entre ellos, supe cruzar ciénagas y flotar en paraísos, tratando de que esto último se volviese una costumbre recurrente.

Espero tu  le sepas poner cuerpo a cada uno de los tres niveles, como ejemplo personal seré egoísta y me cerrare a mi propia experiencia.


Existen aquellas cosas o situaciones, que nos brindan placer.
Aquellas que despiertan una sonrisa natural, que nos inspiran, nos reconocen o nos permiten agradecer. Aquellas cosas que se viven en el día a día y que si somos capaces de distinguir, pueden sucederse con mucha cercanía, solaparse o incluso, ser paralelas.
Son esas cosas o situaciones, simples o elaboradas: la palabra justa o el negocio del año, el abrazo sentido o el festejo sorpresa, la torta de chocolate o el viaje de ensueños,  el plato de buzeca o el mate en el momento justo, la buena copa de vino, el trago de agua cuando estas sediento, el beso, el sexo, el aire tibio de la primavera cargado de aromas.
Esas cosas o situaciones, esa satisfacción, sin pensarlo, siendo simplemente normales, se las deseamos al mundo entero.
Nos parece bien que se masifiquen, que todos las experimenten como los momentos que se sumaran cuando cierren la cuenta de su vida.


Existen aquellas cosas o situaciones, que nos llenan de placer.
Aquellas excepcionales, de las que si bien nos gustaría encontrar o vivir cada día, nos resultan esquivas y muchas veces olvidamos cuando fue la última vez que las encontramos.
Son esas cosas o situaciones, simples o elaboradas: la "mina" que todos quieren o el hijo abanderado, el premio de lotería o el ascenso en el trabajo, el coche que tuvimos pegado por años en la puerta del ropero, la casa que soñamos, el caballo que nos pasee y el perro que solo nos haga caso a nosotros.
Esas cosas o situaciones, esa satisfacción, despierta en nosotros el mezquino egoísmo, exalta el ego, desprende hasta en los más generosos ese derecho de exclusividad.
Puede no molestarnos que otro lo sienta, pero preferimos que sea nuestro, cuanto más personal,  más satisfactorio.
Creemos, confiamos, en que son esas, las cosas que nos diferencian y por ende, nos distinguen del resto.
Erramos, pero eso no resta satisfacción, ni "nos quita lo bailao".


Existen aquellas cosas o situaciones, que nos descubren el placer.
Aquellas cosas únicas, pero no por únicas irrepetibles o escasas.
Son las que nos muestran las otras en su verdadero valor;  son las que rompen la regla con la que mediamos;  son las que cierran el piso bajo nuestros pies y abren un cielo nuevo, que si aprendemos a volar, algún día será otro piso.
Son esas situaciones simples o elaboradas: los ojos brillantes de una mujer enamorada, la complicidad silenciosa de la lealtad de tu gente, el abrazo sorpresivo de un hijo, la comunión sexual que alinea tu energía con el universo, la palabra dicha y recibida con convicción y gratitud, el mensaje que se quedara guardado para siempre en el alma.
Esas cosas, nos elevan a las nubes y allá, allá arriba, nos sentimos mucho más cerca de todos, mucho más cerca de mas... y lo gritamos, y lo explicamos si no lo entienden y lo demostramos y lo compartimos.

Para que sepas que existe, para que aprendas a verlo, para que me enseñes a cambiar mi piso también y para que no te conformes con menos.




julio 23, 2012

Punta del Este - La mala costumbre de enmendar mis buenas influencias


Yo me pregunto lo mismo...

Lo que uno quiere y le gusta, debe hacerlo a diario.
Soy el sponsor número uno de esa actitud, sin embargo, no.

Tantas otras cosas que aun necesitando de la participación de otras personas logro hacer diariamente o casi diariamente y esto, no!

Como puede ser que mis últimas letras se escribieran en la lejana tierra de Edgar Alan Poe, prácticamente veinte días atrás.
Imperdonable.

Y reviso el cajón de los motivos y las excusas, y no encuentro ni un solo papel que no esté manoseado y borroneado.
Achacoso ya, por el devenir del uso y la reiteración.
Porque al menos en mí las excusas suelen ser pocas y repetitivas;  cualquiera pensaría que fáciles de evadir o vencer, pero no, al contrario, son las más difíciles.

Son aquellas que hasta ahora no hemos podido derrotar.
El pesado lastre que queda del barrer contínuo.
Que se enreda en los dientes del escardillo que limpia el alma y que evade la hoguera de las pobrezas, aceptando simplemente quedarse allí.
Enganchada, abrazada, ahorcando el duro metal que la busca en su ir y venir, incapaz de verse a sí mismo.
Incapaz de ver más allá de su propia nariz.


Y ahora una lámina pequeña de vida llena de tiempo,  cae como pluma en mi cajón.
Tiene aire de asignatura pendiente.
Tiene el sabor de aquellos higos que de niño me quedaba viendo,  colgando de lo más alto de la higuera del vecino;  allí donde aunque era buen trepador, nunca lograba llegar.

Allí donde tal vez,  arriesgando la vida que no arriesgue, podría haber llegado.
Pero hoy,  más viejo, no se le teme al riesgo y por solo no temerle, el corazón rojizo y palpitante de la fruta más dulce, se abre ante nuestros labios para ser saboreado, sostenido y devorado.

Y me acuerdo que hace mucho tome la mala costumbre de querer enmendar mis buenas influencias.

Las buenas influencias de disfrutar el manjar y degustar suavemente el vino.
La buena influencia de no medir el placer y dejar la culpa que en las damicelas recae en calorías en manos del ejercicio matutino. Del que se despierta con los ojos cerrados, el aliento agitado, los labios sonrientes y la mente soñolienta, pero efervescentemente despierto.

¡Siempre tratando de enmendar mis buenas influencias!
Y eso es o que me ha ocupado estos tantos días.
Finalmente encuentro el motivo y el pretexto perfecto del silencio en mis cuentos.
Es que estoy ocupado.
Ocupado soñando como enmendar mis buenas influencias.

Porque un día me dijiste:  "ya no me hagas reir mas, me voy a arrugar mas todavía!"
... y desde entonces...busco el elixir alquímico que manteniendo la vibrante luz de tu sonrisa, logre acariciarte hasta que el tiempo no exista, ni en tu piel, ni entre nosotros.

junio 26, 2012

Baltimore - Los ojos del amor

Yo no sé si se engaña o de verdad lo cree.
Yo no sé si me engaño.

Su mirada se vuelve felina, salvaje, amenazante.
Parece convencida de que podrá luchar de igual a igual y hasta vencer.
Me desafía y yo pienso: "¡ya verás!";   mientras mis manos esmeran su buen oficio y el resto de mi cuerpo acaricia con pericia la delicia de su piel.
Por un momento me engaño, me creo ganador y luego recuerdo las enseñanzas adolescentes que me develaron que ella siempre sale victoriosa, manipuladora, sabedora de que me gusta el desafío y que la lucha será mucho más entretenida si me motiva.

Pero me mira otra vez y la miro.
Y me dice con sus ojos achaparrados que es inocente, que no sabe lo que yo sé que sabe y que su mirada de gata de hace unos instantes,  es solo un instinto primitivo e incontrolable...y vuelve a mezclar el suspiro y el rugido, tan cerca de mi oído que me humedece con su humedad.
Entonces empieza el sufrir de verdad.
El sufrir añorado, deseado, buscado y disfrutado.
A veces lentamente, de a ratos con violencia
Sufrimiento que aprendimos a admirar aquellos que aprendimos a aguantar. A no dejarnos llevar por la urgencia del macho, a disfrutar con todos los sentidos el rato de posesión que creemos compensa la entrega infinita.

Mi entrega a ella.

Y los ojos se cierran, y la nariz se ciñe y los dientes solo se separan para dejar escapar el latido tibio del alma que exhala el placer por cada poro.
Y las manos aprietan y arrugan las sábanas, atrapando y devolviendo al cuerpo el sinuoso viaje de la energía que va y viene;  que contornea la cintura y endereza el cuello...que vuelve y parece presionar la punta de  los dedos del pie.

Y allí, sus parpados caen.
Todo está dentro, no hay nada que buscar fuera.
El cuerpo explota, la energía encuentra salida y un cosquillear impertinente se apodera de su cuerpo.

El grito se vuelve suspiro, su respirar se aquieta, el corazón baja hasta el vientre y sus manos abiertas la llenan de universo.
Y entonces llegan, si llegan, llegan los ojos del amor.
La síntesis inocente de todas las preguntas del mundo.
La dulzura comprimida en el brillo de dos pupilas que me atraviesan, o mejor aún, se adueñan de mi cuerpo y me hacen inmenso, eterno y feliz.

Bastará que aquellos bien enseñados, como yo,  correspondan las caricias para que el hechizo se prolongue. Para que los ojos cambien, si, porque ese portal no puede ser eterno, porque no hemos aprendido tanto.
Que cambien sí,  para que el éxtasis se vuelva sueño, sueño de ojos abiertos, sueño sin tiempo.
Sueño de conocerme desde siempre, sueño de futuro inevitable, busqueda femenina y voraz que la lleva a imaginar que siempre podrá sentirse así y a tratar de extrapolar esos minutos al resto de su vida.

Y me mira.
Y se entusiasma con la idea de que hemos compartido muchas vidas,  cuando aún no ha dejado de latir su vientre y ya ha planeado muchas más.
Y se conforma con dejar ir casi todas las preguntas.
Y se cree que es real, que siempre estaré allí, que volverá a rugir para provocarme, que volverá a apretar y volveré a aguantar, que volverá a desvanecerse sin control y sin remedio, que  volverá a creer que es real.

Tal vez, porque lo és


junio 02, 2012

Desde el Aire - Las marcas del tiempo


Un día, hace tanto y tan poco tiempo, alguien que vivía entonces conmigo y por más de dos años, lanzó un comentario inesperado en una mesa de amigos:
- ¡ A Ismael el teñido le queda muy natural !
Al tratar de dar respuesta a las caras asombradas de todos los presente, agrego:
- ¿es increíble no? - Al tiempo que levantaba ambas manos apuntando a mi rostro que se mantenía en la mas inmóvil sorpresa.
Aquello estuvo lejos de asombrarme, me desilusionó e hizo que me planteara un número interminable de dudas, de dudas sobre mi y sobre cómo me muestro a los demás, a los extraños, a los cercanos y a los que yo creo ofrecer mi vida de par en par.
Por el medio feo y triste, el directo;  debí aclarar aquella tarde que jamás me había teñido el cabello y trate de guardarme para mí todo cuanto paso por mi mente, resumiéndolo en una sonrisa.
Inevitablemente me recordó la billetera que me regalara para navidad,  alguien que compartió cinco años de mi vida, con la cual terminé separándome tres días más tarde.
Yo jamás he usado billetera, pero obviamente ese no fue el motivo del final.
Los años te van dejando marcas,  más allá de que en las fotos y los ojos desconsolados de aquellos que sienten más la crueldad del tiempo, uno se siga viéndose igual qué siempre.
Ayer, en uno de los tantos ascensores que uno toma en la vida, espacios pequeños, íntimos y peligrosamente  espejados que nos llevan de un piso a otro verticalmente, mi instante de revisión se sorprendió con tres, tal vez cuatro nuevas canas en la patilla.
Bellas, pero ausentes hasta hace una semana.
Más de cuarenta años envejeciendo, aprendiendo, viviendo inexorablemente;  pero las marcas sin importar el tiempo que tomen en fraguarse, se muestran en un instante.
Instante en el que, dependiendo que tan en paz estés con tu propia consciencia, sonreirás y aceptarás como siempre en el camino del orgullo,  o sufrirás profundamente y te sumergirás aun mas en el barro que se tiñe con colores de terapia, de vacío o de drogas que engañan las neuronas incapaces de sentir.
Baje del ascensor con la imagen de Richard Gere y su pelo blanco.
Recordé que por años he dicho que cuando lleguen,  serán bendición;   y sea cual sea la cantidad o el lugar que invadan, las marcas del tiempo, todas ellas, serán aceptadas con la grandeza que nos llena de experiencia y lucidas con la elegancia que nos da el orgullo de haberlas sobrevivido.


mayo 14, 2012

Punta del Este - Un Buen Hombre!

El amigo Ismael Serrano, que no sabe que es mi amigo ni que lleva mi nombre  pero no dudo que algún día lo sabrá y lo valorará, dice por ahí en la introducción de su canción "Instrucciones para salvar el odio eternamente":
"Pero aun así decimos que es un tío que te cagas, o un buen hombre, que también jode lo suyo,  porque no se sabe lo que estás diciendo...¿un buen hombre? ¿Rintintin verdad?
No digais nunca de mi que soy un buen hombre por favor.
Decid que soy un troncaso, enrollado, un pringi de la vida, vale...un buen hombre, no
"
Es fácil suponer que a muchos, a diferencia de estos dos Ismael, les encantará escuchar de sí mismos:  ¡eres un buen hombre!.
Suena como un reconocimiento, como la exaltación de un conjunto de valores o virtudes que cierran una figura compacta, capaz de ser identificada con la magnitud de un par de palabras concretas: "buen" y "hombre".
Si bien en estos tiempos, los conceptos básicos escasean de valor, llegar a escuchar esas dos palabras juntas, parece una suma sólida de adjetivos que definen a un individuo bien plantado.
Un individuo consistente, comprometido.
Un hombre que "hace el bien sin mirar a quien", con una capa de humildad y un porte que lo mantiene firme ante todo mal que arrecie.
Suena como una figura impenetrable por los ingredientes nocivos del entorno;  suena como un ser inexpugnable que ha probado con los años, su elección por la bondad.
Suena como..., suena como una esfera, ¡sí como una esfera!;  una superficie contínua e infinita que no acepta distancias divergentes de un núcleo masculino dedicado al bien.
Si, como una esfera.
Estas últimas semanas, a diferencia de los últimos cuarenta y un años de mi vida, he escuchado y leído hablar de mí, como "un buen hombre".
Es gracioso.
Consciente de lo que la semántica significa y la fonética transmite; me he sentido raro al oírlo.
Igual que Ismael Serrano, porque que te definan como "un buen hombre",  también jode lo suyo...
A mí me ha recordado a mi época adolescente, cuando todos aceptámos cualquier apodo o definición, menos aquel "¡es tan bueno!" , que generalmente se le adosaba al más gordito y feo de la clase.
Me ha recordado la primera vez que ya he olvidado,  en que algún joven - no niño ni adolescente, joven -  me dijo: "Señor".
Me suena a golpecito en la espalda con un dejo de lástima;   y me quedo esperando un: "...ya pasara, algún día recibirás lo que mereces", que después se coronara con un nuevo "porque eres un buen hombre".
Pero debo aceptarlo, con orgullo y desencanto, parece que soy un buen hombre nomás.
Porque si trato de definirme en alguno de los antojadizos escaños que promueve mi tocayo en su canción, pues, no encajo tampoco.
¿Un troncaso?, pues no, pesao muchas veces, irónico otras, pero de troncaso nada.
¿Enrollado?, pues tampoco. Seguramente alguno o alguna por allí dirá "si varón, eres un rollo con patas", pero a mí me gusta pensar que la hago simple, que veo bien y que no se la pongo de figuritas a los demás. Conmigo mismo será otra cosa, pero los adjetivos vienen de fuera por lo que fuera se experimenta, así que no puedo cambiar al buen hombre por un enrollado.
 ¿un pringi de la vida?, pues habría que buscar que significa. Pero habiendo pasado por la Península Ibérica varias veces,  suena a muchas cosas que el Isma no ha sabido disfrutar lo suficiente o por suficiente tiempo como para ganarse el título.
Así que allá voy, como un buen hombre, cabalgando la mitad de mi vida.
Viendo como los hijos, los buenos amigos y mis ex mujeres se acercan cada vez más tras el viaje en busca de la aventura llamado vida, al confirmarse mi naturaleza de pura cepa.
Así que allá voy, como un buen hombre, cabalgando la mitad de mi vida.
Viendo como quienes aún necesitan más decepciones, prefieren arriesgarse un rato más, antes de elegir el puñado de personas con el que morirán cerca algún día.
Así que allá voy, y no puedo culpar ni agradecer, ni a unos ni a otros.
Porque al final, será que uno vive la primera media vida para elegir de qué lado quiere estar y cabalga la segunda mitad tratando de encontrar la adrenalina o la paz que resignó del otro.



mayo 11, 2012

Desde el Aire - "fue por cigarillos y nunca volvió"


Viví mi niñez escuchando y creyendo mientras crecía y perdía mi inocencia, decenas de expresiones e historias de pueblo que por repetición, se tornaban en verdad o leyenda.

"vayan a descular hormigas"
Nos decía mi madre cuando no nos quería dando vueltas en los espacios mínimos de la cocina.
Y fueron muchas las veces que en la inconsciente crueldad de niño, transformé hormigas negras en arañitas nerviosas, sentado en nuestro patio de tierra.

"si no les gusta, vayan a comer a la fonda"
Se repetía cada vez que con hambre pero sin poder ocultar el desgano, encarábamos un día más,  un plato repetidísimo de algún invento culinario hecho con "tajada de aire y rebañada de viento".
Pase treinta y cinco años para encontrar mi primera "fonda" del otro lado de los Andes, fonda que de niño busqué tantas veces en las calles del lejano San Carlos,  a ver si tenía algún resto para yo comer.

"Andá hasta la esquina a ver si llueve"
Clásica expresión busca tontos que insulta inconscientemente y que provocó muchas veces enojo en quienes la dijeran, porque seguramente mis ojos pequeños no ocultaban la ofensa, y mis nunca tan tontas piernas,  no los complacían salíendo siquiera a la puerta.

Inocentes y no tan inocentes costumbres que hicieron parte del zambullirse a la vida de algunas generaciones, ni mejores ni peores, simplemente diferentes.

"fue por cigarrillos y nunca volvió".
¡Tantas veces en las charlas de mayores se repetía esa expresión y fluía libremente a los oídos de los más pequeños!.

Era una gracia que explicaba el abandono mas indigno, el más insultante, el repentino, falto de justificación consciente, dañino, cobarde.
La daga profunda del desamor y la pobreza de espíritu que empujada por el desinterés egoísta, arranca del pecho el corazón de quien queda con las preguntas,  respirando inútilmente a falta  del  motor de su sangre.

Y siempre después de la expresión, venía la carcajada.

La incapacidad y el desencanto devenido en broma,  para poder masticarse, tal vez para dejar de masticarse ya que nunca se podrá tragar.
Enmascarar la resignación, el no haber tenido la charla que aunque no conforme explica y es replicable, el haber cambiado la opción de odio por un dar vuelta la página porque ni el odio le llegara allá lejos, donde fue a buscar su vicio, cualquiera sea.

De niño ocupaba mucho de aquel tiempo desculando hormigas, pensando como alguien podía desaparecer así. Que tan pobre o desdichado podría ser para seguir el camino que lo aleja con lo puesto; y que tan miserable serian sus ratos a solas, cuando mirar atrás fuera inevitable o el implacable destino pusiera el pasado en su camino.

Si habré vigilado a mi padre cuando iba al almacén del "chancho colorado" por tabaco.
Si hasta culpable me sentía,  cuando allá por mis cinco o seis años, repartiendo en mi primer bicicleta tabaco Cerrito de contrabando, visitábamos al cliente del almacén en la "Casa del Barco" en Avenida Rodo, peligrosa, amenazantemente ubicada en una esquina.

¿Será por eso que nunca fumé?

Tal vez por eso siempre escondía cajillas de Fiesta primero y Kent Menta 3 después, en mis diferentes casas, para evitar que toda falta, provocara una búsqueda indeseable.
Tal vez por eso hoy, a sabiendas de que mal le hace pero aceptando su opción, sigo comprando Nevada por cantidad para el amigo Nando en cada aeropuerto, a fin de que no se le ocurra salir a la esquina alguna noche y nunca más regresar a su hermosa realidad.

Con el tiempo hemos involucionado, y las equinas tomaron otros nombres y los cigarrillos mil significados.
Y con el tiempo también, más allá del inconsciente, he aprendido que no puedo comprarle los "cigarrillos" a todo el mundo y que no puedo evitar por más que haga,  que algo falte;  y que cualquier día,  en una esquina cualquiera, alguien respire hondo y hasta tal vez sonría, siguiendo el camino que se aleja de mi.

Así, como tú lo hiciste.

mayo 04, 2012

Desde el Baúl - Ni estrella, ni fugaz.


Hoy ha sido un día de compañía, de tu compañía.

Al llegar a casa alguien limpiaba mis ventanas y lavaba mi ropa. Me recibió con el asombro de lo inesperado y las disculpas dulces de las cosas hechas contra toda regla en el momento más inoportuno y con total desinterés.
Por fuera sonreí y agradecí, por dentro volví a recordar que en tus mejores tiempos, hacías el mismo trabajo que hace ella.
Como no sonreír y agradecer.

Cuando anunciaron tu película preferida en el cable, con restricción para menores de 14 años, Michel me miro como pidiendo autorización. Lo justifique contándole como aquella abuela que no llego a conocer,  adoraba ese film, ese actor y otras tantas cosas "modernas" que tan poco parecían tener que ver con ella.

Con tu recuerdo, menos presente de lo que desearía, saludé al mundo virtual que vivimos hoy y que nunca conociste;  y antes de dormir, salí a esta noche especialmente cálida, para ver si el mar me descubría la luna llena que estoy esperando desde hace tanto.

Un poema viejo me lleno los labios y cuando tarareaba en la musicalidad de aquellos años jóvenes mis letras sufridas y enamoradas, una estrella cruzo la mitad del cielo que me abriga.
Una estrella  demasiado cercana para ser estrella, y demasiado constante para ser fugaz.
Por cosas menores he escrito.

Tu, Mamá, y aquel sentir antiguo y apasionado que se movía efervescente en mis venas cuando todavía respirabas mi aire, me llevaron a prender de nuevo la computadora y compartir mi alegría por lo que soy, poco o mucho...por lo que hiciste de mi.



1989 - rescatado de mi memoria ya que no está en mis manos hoy, pero lo llevo siempre dentro

Hoy la noche me ata al recuerdo
de ese oscuro abismo en tus ojos,
que en mi vida, tenaz torbellino
desatara al estar tu y yo, solos.

Cuanto brillo enjoyaba esa noche,
tu mirada inocente e inquieta,
logrando atrapar en gestos salvajes,
toda la ternura que un ángel ostenta.

Ni sirio en su brillo, reinando en el cielo,
ni la luna clara, tornándose esbelta;
humillan el fuego encendido en tus ojos,
cántaros de ternura, sin fin y sin betas.

Pensar que una noche, mojé tus pupilas
¡Oh! pecado inmenso que mi mente aqueja.
Porque enciende dios, luces que a mis ojos
se avivan, se rinden, se apagan y alejan.

1977 - Rescatado del patio de tierra negra que servia de escape a aquella casa del Barrio de las Ranas donde aprendimos a pensar.




abril 24, 2012

Punta del Este - Los hombres que no amaban a las mujeres

En noviembre de 2004, mientas yo volvía de aquella experiencia de vida en Acapulco y de mi segunda visita a los Grandes Lagos, allá en Suecia, un desconocido se despedía de este mundo decadente que bien había aprendido a sobrevivir y describir anónimamente.

Mientras Michel cumplía sus bellos y bronceados 5 años,  en la fría Suecia, Stieg Larsson, abandonaba sus días de periodista y su último manuscrito en manos de un editor, al influjo de un corazón que ya no tenía mas por escribir.
De esos manuscritos brotó una trilogía que llamaron Millenium y tres títulos tan peculiares, como el duro lenguaje en el que fueron escritos y el inusual escenario donde se encuadraron: "Los hombres que no amaban a las mujeres", "la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" y "La reina en el palacio de las corrientes de aire".

Los tres se han convertido en best-seller y por mucho tiempo, veremos "remakes" continuas en todos los formatos de cine que se expanden por el planeta.

Anoche, tarde en la noche, y tarde por el tiempo que tiene la película en público, me deje llevar por la versión hollywoodense del primer libro, que por aquí se conoce como "La chica del dragón tatuado".

No soy crítico autorizado para ninguna expresión cultural. Lo que sigue, viene desde mi posición humana y como reflexión resultante de la exposición a una pantalla, a la que no suelo asomarme muy a menudo.

El film y por ende el libro, o si lo quieren de otra forma, mejor al revés, el libro (que siempre se califica mejor que la película) y el film, son un entretejido armonioso de las peores pobrezas humanas.

Me interesó, no lo niego o jamás lo hubiera mirado.
Acepto que lo prefiero por la calidad de producto a muchas otras expresiones similares y que a muchos puede haberle gustado.
Pero el mensaje, capricho mío porque seguramente solo debería resultarme entretenimiento (circo), es sino enfermizo, al menos desagradable.

Salvo la violencia o abuso a menores que se insinúa pero se muestra poco;  el genocidio que no se expone pero sirve de cuadro a todo el escenario y la hambruna que aparentemente el estimado Stieg no encontró forma de hacer coexistir con la familia más influyente de un país nórdico;   todos los defectos humanos están expuestos a su máxima potencia.

Corrupción, impotencia, injusticia, violación de libertad, impunidad, abandono, adicción, locura, promiscuidad declarada, abuso de poder, explotación sexual denigrante, tortura a humanos y animales, cinismo congénito, violencia generacional y morbosa,  persecusión, premeditación con alevosía y placer en búsqueda de la muerte lenta, clasismo, racismo,  desagradecimiento, y al final, expectación intrigante e indeterminada que abusa del lector-espectador.

Seguro me olvido de muchos pasajes,  y seguro esto es solo una explosión de los principios fundamentales que debe contener un libro o un firm para ser exitoso, los tristemente celebres: Sexo, Violencia y Dinero.

Aplaudo a Larsson y a los tantos realizadores que se llenaran de dinero y porque no de premios por las interpretaciones, en apología clara a todo cuando deberíamos rechazar.

Lo que me preocupa son los lectores, como siempre.
Lo que me preocupa  es ese grupo grande que elije y sus elecciones.
Lo que me preocupa es que encontremos interesantes estos textos al punto de que lleguen a ser traducidos en tantas lenguas y a vender tantos ejemplares.
Lo que me preocupa, es como tanta gente se siente identificada con toda esa mierda que la raza destila aún en aquellos países tan admirados (y mucho más a la vuelta de su casa o tal vez dentro). 

Textos que nos alejan continuamente de lo que podemos ser y nos acercan cada vez más a que esto se repita a nuestro alrededor con celebrada impunidad.

"Todo tiene que ver con todo", decía Pancho Ibañez.




abril 23, 2012

Punta del Este - Una Cita con Guardaespaldas

Por misteriosas razones, despierto en la gente que me rodea, sentires tan dispares como disparatados.

Algunas personas me asignan la fama de Ron Jeremy con sus miles de films porno, aunque lejísimo estoy de sus records y del tamaño de su herramienta. Otros parecen creer que el mismísimo Ramses II me ha heredado su abrumador harem de 90000 mujeres.

Al mismo tiempo, esas mismas personas u otras contemporáneas,  parecen apiadarse de mi soledad y en actos de sincerísima camaradería han buscado incansablemente  presentarme "a alguien", que seguramente ostenta la misma dualidad en su percepción externa.

Algo así paso hace  muchos, muchos años atrás, allá por las tierras del tequila.

Alguien que podía arrodillar a los cincuenta millones de machos mexicanos a sus pies, estaba triste y recientemente separada en la ciudad y yo, pues yo solo estaba de paso en uno de aquellos últimos viajes frecuentes a la capital Azteca

- Cenemos esta noche - me dijo una amiga -  y te presento a..., pongámosle "Paquita", en alusión y honor a la memorable "Paquita la del Barrio" y su "Rata de dos patas"

Yo que nunca fui cholulo, ni Ron, ni Ramses.  Poco conocía de "paquita", pero con ese poco era más que suficiente;   y una cena empapada en margaritas gigantes, mariachis de buena cepa y "Huachinango en la Noche del Fandango" en mi restaurante preferido del DF, resultaba imperdible.

Ser extranjero, semi argentino y totalmente desconocido,  jugó enormemente a mi favor aquella noche, tal vez, la noche en que fuí mas envidiado en toda mi vida.
Noche que resultó por demás incómoda, porque no podíamos hablar más de unos segundos sin  atender una foto, un autógrafo o una felicitación.
¡¿Pero que importaba aquello?!  Paquita era hermosa de observar por fuera y mostraba un interior que enamoraba.

A la salida me toco taxi, una vez que ella se subió a su 4x4 negra y blindada, dirigida por un "guarura" de aspecto serio.
Por la ventanilla aún baja, dejo salir la opinión tal vez rumiada durante toda la noche sobre mi femenina bufanda celeste de diez dólares,  adquirida de apuro en mi reciente vuelta de Las Vegas. Con una sonrisa cerramos el trato de encontrarnos la noche siguiente en la inauguración de un antro "super fashion" en el comienzo del Paseo de las Palmas.

Eran épocas de pobreza disimulada.
Épocas trabajadas con la clase de siempre y vividas con las monedas que restaban de pagar el pasaje mensual para ver a mis hijos del otro lado del mundo.

Un amigo me prestó su Volskwagen Gol,  combiné una camisa blanca que en ese entonces podía usar bien pegada a mí torso y un jeans negro con zapatos al tono que siempre pasan desapercibidos.
Como diría más tarde la Cecilia Bolocco: "...belleza es 100% actitud";  y allá salí, a exponerme a las cámaras.

Tirados sobre un sofá y sin oportunidad alguna de acercarme a "mi cita" entre cámaras y reporteros, un resto interesante de babosos y babosas que nunca faltan en el ambiente, se mostraban interesados en el "recién llegado" y "posible candidato de Paquita".

Hoy en parte lamento haberme mantenido tan sobrio toda la noche.
Pero encontrarme con sus ojos y sus gestos de disculpa entre nota y nota, entre flash y pose;  y haberle robado un par de encuentros de camino al baño, premiaron mi nitidez mental y mi esperma urgente.

El hermano del mismísimo "Sol de México" (Luis Miguel), nos cantó una canción al grupito que compartía nuestro "living", antes de caer desmayado en el mas asqueroso coma etílico;  situación que según el resto de las "resplandecientes estrellas" que me acompañaban, se repetía diariamente.

La noche se hizo corta por fortuna y salimos del "antro", un par de horas después.
Previa discusión con su guardaespaldas, partimos en el modelo más barato de la firma alemana hacia la Colonia del Valle, que para entonces albergaba el hogar de ambos.
El de su madre y el de mi gran amigo.

Ni en mis épocas de adolescencia me había sentido tan vigilado.
Pero nada me quita haber vivido esa sensación de huir con "la chica de la película" y sentir la adrenalina de la persecución  (aun cuando sus guaruras no me harían daño...bueno, eso pensaba yo al menos).

Quedó como anécdota para los nietos.
Llegamos a planear un tiempo en Punta y hasta una semana en el Nordeste Brasilero, pero su vida y mi vida no tenían ningún punto en común.

Hoy, no pensaba escribir nada.
Pero la medianoche me agarro despierto como casi todas las noches, y el bendito facebook, el de ella mas impersonal que ninguno,  me aviso que hoy es el cumpleaños de Paquita.

Seguro ella no recuerda ni un segundo de lo que conté, seguro yo no recuerdo ni un segundo de lo que otros le contaran a sus nietos.



 

abril 17, 2012

Desde el Aire - La empatia generacional y el "no se"


Hace muchos años, cuando la leche se envasaba en botellas de vidrio y se trasladaba en canastos de metal ruidosamente estibados en carros de chapa tirados por decrépitos caballos, nació el dicho: "como caballo de lechero".
La reiterada rutina del reparto diario boceado puerta a puerta  de la mayoría de los bienes de consumo, en este caso la leche;   hacían que el siempre noble e inteligente animal, inmutable a los ruidos y agresiones externas detrás de sus tapaojos de cuero, manejara perfectamente las rutas y los tiempos.
Al punto que el hábito hacía experto al corcel, el lechero apenas prestaba atención al devenir de las calles y los clientes, ensimismado en su propia rutina del trato social y el intercambio maloliente.

Así "como caballo de lechero", enfilaba mi auto aquella mañana al aeropuerto.
Conocedor exacto de la ruta y de los tiempos.

- Cuando se fueron..., yo no tenía idea de lo que estaba pasando -  me dijo Michel, empezando una conversación de la más pura nada.
Respondí con un gesto de asombro e interrogación.
- yo estaba sentado en la escalera, los pisos eran blancos, me acuerdo, dijo siguiendo la charla. Ellos bajaron y salimos, yo no entendía nada - reiteró.
Reconocí que recordaba el día en que sus hermanos habían partido a España, seis años atrás.
Nunca habíamos hablado del tema y por un momento me pregunte "¿como no entendía nada?".

Mi mente paso de recuerdo a matemática y me llevo al Michel de 6 años de entonces.
¡¡Claro que no entendía nada!!
Como no lo había notado en ese momento, como aún hoy, me preguntaba a mi mismo como era posible que no entendiera que sus hermanos se iban del País, del Continente.
Soy consciente de que siempre me ha costado ponerme en los zapatos del otro, sobretodo, en la edad del otro, especialmente en la edad de mis hijos.
Defecto excusado por los zapatos fuera de tiempo que supe cambiar velozmente de niño.
Excusado, pero defecto al fin.
Llegábamos a Carrasco a buscarlos.
Llegaban de España después de mucho tiempo, mucho tiempo para él al menos.

Poco más de un año atrás, Anthony nos había visitado en Uruguay, pero Nicole, llevaba más de dos años sin pisar nuestra tierra y sin abrazar a su hermano menor que ahora la duplicaba en tamaño.
Intenté ante el ataque de consciencia que su comentario había despertado en mí, imaginar cómo se sentiría, imaginar lo que para el significaría este reencuentro.
Traté de dejar de lado mi experiente y deshidratada alma,  que no logra aprender a vivir con abierta emoción, los hechos felices que coronan a los dolorosos.
Alma incapaz de disfrutar la reconciliación.
Alma incapaz de disfrutar la vuelta.
Alma incapaz de disfrutar el arrepentimiento que engrandece.
Siempre ensimismado en que no es necesaria la reconciliación, la vuelta o el arrepentimiento; si no hay pelea, ida o pecado.
Consciente de que esos procesos son humanos, negádome que sea necesario y aceptable.

Y lo abracé cuanto pude hasta que llegaron, y traté de entenderlo en su "saludo desabrido" repleto de lágrimas apresadas del lado del ojo que no las deja salir.

Otra véz, muchos días después y aprovechando mi atención al tráfico, sacaba una charla profunda, completamente empapada en sus años, completamente llena de mí y de nuestra vida, otra vez de la nada.
- ¿Tú crees que ella es la mujer para toda tu vida? - me preguntó
- ¿Perdón? - le dije;  seguro de lo que había escuchado pero ansioso por que lo repitiera.
- Eso, ¿si tú crees que estarás con ella hasta la muerte, o estarás solo?
En el segundo en que me pregunté de donde salía aquella pregunta, me guardé un sin número de respuestas:
- Moriré solo.
- Ella no solo parece que no será la mujer del resto de mi vida sino que hace un tiempo que no se de ella.
- Soy feliz en soledad.
- En realidad no todos necesitamos las mismas cosas, yo no necesito estar con alguien para no estar solo. Soy feliz solo y aunque me encanta y entiendo que la felicidad completa solo existe compartida, seguramente estaré solo los últimos tiempos de mi vida.
Todas se frenaron en mi boca por fortuna y me conforme con un:
- no se mi amor.

Un "no sé" que debería ser real, pero que yo siento falso, porque se lo que provoco y hacia donde empujo, más allá de lo que quiero.

Un "no sé" que me dio tiempo para recordar que los últimos días,  compartimos recuerdos sobre el futuro;  sobre la casa en la laguna donde él podrá llegar con sus hijos y encontrarse con sus hermanos y sobrinos.
Esa casa bañada por la laguna que nos mantendrá a flote, cuando ya no quede agua que comprar.
Un "no sé" que me dejo recordar que él,  sigue viendo nuestra foto juntos, abrazados y felices, brillantemente encuadrada en mi dormitorio.
Nuestro dormitorio extremadamente femenino que solo habita un hombre.
Un "no sé", que no me permitió preguntar ¿porqué preguntas? y así se vuelve real.
Un "no sé" real, un "no sé" qué pasa al interior de la gente que amo. Un "no sé" que estoy haciendo, un "no sé" si lo hago bien o mal;  un "no se" ignorante, un "no se"  inaceptable con el que debo aprender a vivir.


abril 13, 2012

Punta del Este - Rincon del Vago

Los vagos y los trabajadores han existido siempre.
Yo suelo equivocarme en la medida de las cosas, las actitudes, la forma de mirar y vivir la realidad, empezando por mis hijos y siguiendo por el grueso de la sociedad.
Estoy atado, sino empecinadamente adherido a "mi regla" y mi regla no es buena para medir a nada ni a nadie.

Todos coincidiremos de todas formas,  que la revolución consumista de los últimos 20 años;  ha transformado la forma en que los chicos "valoran" (por decirlo de alguna manera) las cosas. Tal vez aunque nos cueste aceptarlo, de una forma más alineada con lo que en realidad las cosas "valen", pero muy lejana a lo que las cosas "cuestan".
Porque sin tener idea de quién era Taylor, crecimos atados a los costos y el concepto de valor era directamente proporcional a nuestro propio nivel de "panza llena".

La experiencia de la "nueva realidad", no es exclusiva de como se tratan los "bienes", sino que esta intensamente asociada a todas las conductas.
La enseñanza también paso del costo al valor y en una economía tan variante como la actual, junto a los países que cíclicamente tienen "crisis mortales" cada 10 años, la enseñanza se devalúa continuamente.
Se inventan día a día nuevas formas de maleducar a nuestros hijos, cada vez más innovadoras;  ante una sociedad que lucha sin tener mucha idea de como, por despertarse.
Se cambian las reglas para dejarnos "fuera de juego" a los que ya aprendimos que hay cosas que no hay que aprender.
Se "facilita" la vagancia, para que la "teoría del menor esfuerzo" rinda exponencialmente y cada vez tengamos más humanos fáciles de manejar, de dominar, de manipular y de transformar por ende, en infelices.


Cuando iba al Liceo - y acepto que me tachen de viejo recalcitrante (a mis 41) - había que anotarse en la biblioteca para conseguir un libro de texto destrozado.
Acepto que yo no era de los que me anotaba, porque nunca fui de los que buscaba, pero supe vivir las frustraciones de mi hermana Samanta y asombrarme con sus "resúmenes", que del lado limpio de las listas de votación (porque no había plata para tantos cuadernos), pasaron a ser material de estudio de la propia biblioteca.


Días atrás Michel inventó un planisferio a "mano alzada" (que bastante bien le quedo a pesar de que muchos países y naciones perecieron al influjo de su lápiz), solo por no "calcar" uno desde un libro.

- ¡¡Para que calcar, si se pueden bajar miles de internet y mandar directo a la impresora!!

Esto es realidad de hace muchos años,  y renegar de lo que en buena parte todos hemos creado y alguna vez bendecido, sería un acto de auténtico cinismo.

Hoy volvíamos del Colegio con Michel y Nicole, y el diálogo surgió con la naturalidad de siempre.
- El profesor de informática mandó un trabajo sobre "La fundamentación  de la vida" - me dijo    Michel.
- ¡Raro título en especial para informática! ¿y de que se trata eso?
- Tiene algo que ver con los átomos y moléculas.
- ¿átomos y moléculas, y que tiene que ver con informática? - pregunte, soñando por un instante con una "más elevada visión" de la enseñanza.
- ¡yo que sé! pero se trata de eso.
- ¿así lo explicaron en la clase?
- ¡No! solo nos dieron el título, pero me fije en "rincón del vago" y había un estudio exactamente con el mismo nombre y se trataba de eso....
- ¿Donde? - pregunte sin saber lo que había escuchado.
- ¡En "rincón del vago" Papá! -  anotó vehementemente Nicole, que desde el asiento del acompañante se desentendía de mi cara de asombro.
- ¿y qué es eso?

Al unísono, ambos empezaron a contarme pormenores del portal de "ayuda" a todos nuestros chicos que no tienen ganas ni siquiera de navegar la wikipedia en búsqueda de algo que imprimir y en el mejor de los casos, leer completo.

- ¡Es un sitio español! todo está ahí;  ellos saben lo que los maestros te piden y lo publican ¡y además está en nuestro idioma! Nada complicado como la wikipedia con palabras difíciles que uno no tiene ni idea que significan (y que jamás buscaran en el diccionario que nos obligan a comprar en múltiples idiomas cada año para destrozar en el ir y venir de las mochilas a clase)

¡¡¡rincóndelvago.com!!!

...y yo a veces, espero que entiendan mi mensaje de "Equinoccio de Primavera", pobre iluso.

!! Amo las sorpresas que me prepara la vida, aquellas a las que no tengo plan para reaccionar y que no puedo más que vivir....!!,  lo que sigue, no aplica esta vez.